| Cine pobre no quiere
decir cine carente de ideas o de calidad artística,
sino que se refiere a un cine de restringida economía
que se ejecuta tanto en los países de menos desarrollo
o periféricos, así como también en
el seno de las sociedades rectoras a nivel económico-cultural,
ya sea dentro de programas de producción oficiales,
ya sea a través del cine independiente o alternativo.
Manifiesto del cine pobre.
1- El intento
de globalización acentúa el abismo entre
el cine pobre y un cine rico. Ello comporta, definitivamente,
el peligro de la implantación de un modelo único
de pensamiento, sacrificando a su paso la diversidad
y la legitimidad del resto de las identidades nacionales
y culturales.
2- Hoy día,
es la revolución tecnológica en el cine,
la portadora de eficaces medios de resistencia a este
proyecto despersonalizador, al consolidarse progresivamente
nuevas posibilidades técnicas, que como en el
caso del video digital y su ulterior ampliación
a 35mm reducen notablemente los procesos económicos
de la producción cinematográfica.
3- Ello repercute
en una gradual democratización de la profesión,
al desequilibrar el carácter elitista que ha
caracterizado a este arte vinculado inexorablemente
a la industria.
4- Aprovechar
y estimular esta reducción de costos de producción,
significará en un futuro inmediato la inserción
en la cinematografía de grupos sociales y de
comunidades que nunca antes habían tenido acceso
al ejercicio de la producción del cine, a la
vez que dará perdurabilidad a las incipientes
cinematografías nacionales.
5- Ello será
el baluarte fundamental para escapar de un sentimiento
de indefensión ante el vandalismo globalizador
y permitirá legitimar, de una vez y por todas,
la polivalencia de estilos, legados y propósitos
de un arte que no será patrimonio de un solo
país ni de una sola e impositiva concepción
del mundo.
6- Para que esto
ocurra eficazmente, habrá que derribar el muro
del control de la distribución cinematográfica
por un solo grupo de mayores o transnacionales, que
genera la alienación del público, al no
tener éste acceso a las obras de sus autores
nacionales.
7- Ello nos permitirá
luchar contra el espectáculo de la violencia
gratuita cinematográfica, que envilece a las
audiencias y especialmente a los espectadores más
jóvenes.
8- Una gradual
desalienación del público solo será
fecunda si los diferentes gobiernos implantan acciones
legales que apoyen la producción y la distribución
de sus obras cinematográficas autóctonas.
9- Entonces el
cine habrá salido, definitivamente de la era
de la barbarie.
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