del 20 al 23 de noviembre de 2008
Festival Internacional del Cine Pobre
    Muestra Temática del Cine Pobre de Humberto Solás  
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Homenaje a Humberto Solás


Eslinda Nuñez en una escena del filme "Amada"



Durante la Muestra se realizará un foro homenaje a Humberto Solás y a la presencia de la mujer en su cinematografía


Presencia simplemente

José Luis Estrada Betancourt

Pasarán y pasarán los años, y Adela Legrá, una de las actrices fetiches del gran Humberto Solás, no podrá olvidar la tarde en que, cuando se rodaba la última de las tres historias de un clásico como Lucía (1968), ella lo «aborreció» por el aparente descuido del cineasta, sin siquiera imaginar que la imagen que se tomaría en aquel instante se convertiría en una de las más queridas y admiradas de la cinematografía iberoamericana.

«Humberto quería que yo corriera para que estuviese agitada, recuerda Adela (...) Me quité los zapatos y comencé a correr y a correr, entre tantos caracoles y cosas que había en la salina de Nuevitas (...) La suerte es que el compañero de iluminación me seguía en un jeep, pues me desmayé. Caí con los pies en la tierra y la cabeza para el agua. Me mojé toda. Me secaron el pelo con una toalla y me pusieron una toalla y un sombrero para protegerme del sol. Cuando llegué a donde estaba Humberto, a él le fascino mi apariencia, y dijo que ya no había tiempo para maquillarme, y que tenía que rodar como yo estaba. Y de ahí es de donde viene la famosa mirada que yo le doy a Humberto, porque debo decir que no era para el actor, sino para el director, a quien me quería comer vivo».

Así de perfeccionista, minucioso y observador era Humberto Solás. No por casualidad su reciente pérdida física ha asestado un golpe contundente al cine nacional y de habla hispana, que tenían en él a uno de sus grandes maestros.

No es difícil cerrar los ojos y volver a encontrarse con una inmensa actriz, Raquel Revuelta, lastimera, destruida, vestida todo de negro que, abandonada por el apuesto español, solo pide una gardenia. Todavía duelen y aprietan la garganta esos fotogramas verdaderamente conmovedores; con total seguridad, los más entrañables y románticos que se hayan podido realizar, inspirados en la mujer cubana, en su azaroso camino hacia la plena emancipación, dentro de nuestro cine.

Y es que en esos primeros tiempos, Humberto se propuso cuestionar «una moral que sobrevive en amplios estratos de la población y que la realidad revolucionaria impugna. Esta idea se desarrolla a lo largo del filme (Lucía), aunque este se ocupe, en términos narrativos, de hechos que ocurran en cierta medida durante el pasado».

Con Manuela, donde lleva a cabo una aproximación documental de la realidad que entonces vivía la Isla, pero, sobre todo a partir de Lucía, película mágica, fundacional, Humberto hace de la temática femenina una constante en su obra. Él nos presenta lo mismo en Amada que en Cecilia, mujeres muy cercanas, conocidas, y quizás por ello, universales; mujeres que se proponen ser independientes, libres, que desean amar y ser amadas.

«Las mujeres solasianas —apuntaba en un artículo el reconocido crítico Joel del Río— tratan de abrirse camino, y ensanchar las veredas y la perspectiva de «sus» hombres, haciendo posible el preclaro ejercicio de amar y ser amadas. Pero el huracán de los tiempos, las veleidades de la historia, tronchan, devastan, y las empujan a la locura y la venganza, la desilusión y el desamparo, al ruego y la lágrima que imploran un futuro menos árido. Porque aunque se revisen, evalúen y compendien desmanes pretéritos, se logra aprehender la inmanencia, la sustancia común pero inasible que distingue el alma de los pobladores del archipiélago cubano, particularmente de sus mujeres, atrapadas en inacabable ciclo de oscuridades, frustraciones e intolerancias, porque incluso la desolación y la desesperanza pueden ser inspiradoras, tal vez más inspiradoras que los momentos de calma y equilibrio».

Lo demuestran Amada y la polémica e irreverente Cecilia, filme que el también director de Minerva frente al mar consideraba como su mejor película. «Es la más estudiada y la que fue hecha con más rigor. Cecilia significó replantear la libertad del creador. Fue un ejercicio de libertad para mí», aseguró alguna vez, mientras Amada, inspirada en La Esfinge, de Miguel de Carrión, es una historia de amor, fundamentalmente. A través de ella intentamos dar la temperatura de una época de frustración, un momento en que las fuerzas populares no se han recuperado con la envergadura de los años 20, luego de una guerra de independencia que la intervención norteamericana mediatiza (...) Esta experiencia ha sido muy reveladora: nunca antes había hecho una película tan sencilla, con tal posibilidad de sosiego en pleno trabajo creador».

No pocas veces se asoma la ironía cuando algunos hacen notar la aparente contradicción del artista al decidirse a defender la existencia de un cine pobre, cuando él mismo dirigió, quizá, las producciones más costosas que en su momento se filmaron en la Isla, como fueron el caso de la propia Cecilia y de El siglo de las luces. Jamás entendieron que la suya no era una batalla caprichosa en contra de aquellas películas que gozan del privilegio de tener a su alcance abundancia de dinero, pero que terminan siendo productos chatos, vacíos, fácilmente olvidables. Al erigirse como abanderado del cine pobre y de su festival, Humberto solo proclamaba y exigía el derecho que le asiste a cualquier cineasta de «bolsillos rotos», pero de arte puro en las arterias, de hacerse visible a través de una obra de alta calidad estética, capaz de comunicarse con cualquier tipo de público.

«Somos cineastas pobres, excluidos de las redes de mercadeo, así que necesitamos cohesionarnos, organizarnos, ayudarnos entre todos».

«Mi cuota de inmodestia se muestra como cineasta. Mi temblor de piernas aparece cuando estreno una película, pues no sé si he cometido un error, y mi vanidad me exige reconocimiento. Pero en esto las piernas no me tiemblan. Estoy muy contento, porque en este tiempo hemos recogido el legado de un cine alternativo que se rodaba en Cuba desde finales de los 70, la experiencia del grupo Dogma y de algunos cineastas del mundo entero. Toda esa inventiva que han tenido los demás la hemos convertido en legado, en patrimonio del Festival Internacional de Cine Pobre de Gibara, que no inventa nada, sino que intenta cohesionar fuerzas de todas las personas que quieren, a través del audiovisual, dejar una obra del más alto nivel estético».

Los detractores tampoco comprendieron que Humberto era un hombre de cine, de esos que en cada película se le iba la vida; de esos que están conscientes de que sus contemporáneos nunca le perdonarían el retiro, el silencio. Por ello se convirtió en el pionero en Cuba en el empleo óptimo de la tecnología digital, cuando en el año 2001 filmara su Miel para Oshún, la cual daría luego paso, en 2005, justo el año en que fuera reconocido con el Premio Nacional de Cine, a la inspirada Barrio Cuba.

«Con Miel para Oshún quise regresar de cierto modo al cine que solía hacer en la década del 60, cuyos dos títulos más emblemáticos son Manuela y Lucía, dos películas que realicé prácticamente cámara en mano, utilizando el guión como una pauta que después se consolida desde el punto de vista literario y conceptual durante la puesta en escena. Se ha divulgado mucho que soy un cineasta perfeccionista en la reconstrucción epocal, que sobrestimo el valor de los encuadres y doy énfasis a la dirección artística de un proyecto. Este caso es bien diferente en el sentido conceptual y pretende, sencillamente, dar fe de los últimos años de nuestra vida nacional».

«El hombre tiene que adaptarse a sus circunstancias y extraer de ellas la máxima posibilidad creativa», explicó en una ocasión, al ser interrogando sobre todo este asunto, y, sin embargo, sus palabras no denotaron la resignación del hombre vencido, porque Solás supo ser siempre un creador coherente, fiel a sus principios y su estética. Si en la recordada Manuela, en Lucía o en Un día de noviembre nos reflejaba con autenticidad nuestra idiosincrasia, si ellas nos conducían hacia un largo viaje desde el ayer hasta el hoy de los hijos de esta tierra, no hacían menos Amada y Un hombre de éxito, ni tampoco Miel para Oshún y Barrio Cuba. Humberto fue todo un maestro en captar el espíritu de una época y un cazador perenne de la belleza. Creador de pies a cabeza, Solás, el poeta del cine cubano, no dejó de ser jamás un artista absoluto: inquietante, arriesgado, sincero.

Tranquiliza saber que Gibara, la Villa Blanca, con la llegada del mes de la primavera el próximo año, volverá a transformarse en la meca de un cine de escasos recursos financieros, pero abundante, millonario, en su propuesta estética y ética. Allí estará Humberto, como ahora se paseará por Cienfuegos atento a todo, celoso velador de su legado.

La Perla del Sur abre su bahía y ofrece su malecón, por vez primera, para que tenga lugar la 1ra Muestra Temática del Cine Pobre de Humberto Solás, en que se dedicará un gran panel a valorar la importante presencia de la mujer en las películas de Solás; continuación de otras de esas «quimeras» que el realizador supo pensar con esa inmensa visión de futuro que siempre lo distinguió.

Y aquí estamos, conscientes de que abandonar sus proyectos sería como traicionarlo a él y a su magnífica obra; ingratitud que resultaría, a la larga, inevitablemente perjudicial para la cultura cubana.
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Cartel de la Muestra Temática
1era. Muestra Temática de Cine Pobre de Humberto Solás. Del 20 al 23 de noviembre de 2008
El género y los objetivos del milenio
Películas participantes
Actividades colaterales
Homenaje a Humberto Solás
   
         
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