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¿Qué es el Cine Pobre?
 El Cine
Pobre es un movimiento que no surge bajo la tutela de un afán mesiánico.
Nada más ajeno a sus predicas que rechaza el peligro de rígidas
posiciones ético-estéticas. Su interés es alentar la producción
nacional y regional partiendo del espíritu práctico de concebir
nuestra profesión como una posibilidad tangible, ajena a la neurótica
concepción sub-hollywodense que impera tanto en Europa, como en América
Latina y en cualquier parte del mundo.
El Cine Pobre aprende de aquellas experiencias pioneras que aparecen por doquier,
llámense cine independiente, cine amateur o cine marginal y que prolifera
cada vez con mayores bríos. Cierto es, cuando uno renuncia a intentar
siquiera hacer cine dentro de los parámetros tradicionales de producción,
ello conlleva, necesariamente la adopción de códigos estéticos
y prácticos que generalmente escaparán de la coreografía
de producción comúnmente orquestada a saber: confección
de guiones tomando en consideración las diferentes necesidades de las
múltiples instituciones que eventualmente lo podrían subvencionar
y que generalmente no hacen esperar, a veces durante años, su eventual
“luz verde” o aprobación en una antesala atestada de autores
donde la mayoría languidece o se frustra.
De
lo que se trata es de salir de este angustiante ritual y tomar la iniciativa
de hacer cine evitando el estéril camino antes descrito. Ahí están
ante nosotros cámaras digitales a las que podemos acceder ya sea en base
a reducidos alquileres o también en calidad de préstamos para
refinanciarse a posteriori, tal como ha sido mi experiencia personal en Gente
de pueblo. Y por todos lados hay actores, decoradores y técnicos dispuestos
a ceder también gratuitamente su fuerza de trabajo asumiendo el riesgo
de no avizorar ninguna recompensa material en caso de que el filme no obtenga
ventas. Pero eso sí, artistas y técnicos que deseen hacer apuestas
por un cine que les pertenezca y les represente, y por ello dispuestos a asumir
retos.
Si una ventaja contiene trabajar dentro de la tecnología digital es
que no tiene que preverse la postproducción y sus altos costos a la hora
de organizar el filme. Ello vendrá después, porque el cineasta,
por el momento, solo grabará y confeccionará después una
rudimentaria maqueta que ofrecerá a las casas productoras especializadas
que eventualmente se podrían interesar en financiar la sofisticada postproducción,
o sea, Dolby-Stereo, Recording, ampliado a 35 mm y copia.
Entonces hacer un filme se acerca cada vez más al proceso de elaboración
de un libro, es decir, usted hace el manuscrito en la pequeña ciudad
o comunidad donde vive (al igual que usted graba su filme) y después
lleva ese manuscrito a la ciudad donde radica la editorial (al igual que usted
lleva su maqueta audiovisual a la casa productora) y lo que sobrevendrá
será en base de la calidad tanto de ese manuscrito como de esa maqueta.
Lo que significa que usted habrá desandado la intrincada madeja de dificultades
a la hora de grabar su obra siempre que, desde luego, parta de la tecnología
digital, del trabajo en cooperativa y se haya servido tecnológicamente
de esa red de cine pobre que estaría a su alcance. Por ello, de lo que
se trata es de aunar esfuerzos, conocernos e interactuar entre nosotros, salir
del ghetto de las gestiones individualizadas nos permitiría dejar atrás
la etapa embrionaria en la que vivimos actualmente, donde de manera aislada
y fortuita se realizan, con mucho esfuerzo, filmes que se disuelven en el anonimato
de la incomunicación o de la falta de diálogo.
Si nos unimos, seremos capaces de crear modestas pero muy extensas redes de
producción, a manera no solo de intercambiar ideas, sino elementos técnicos
prácticos y establecer aquellos contactos con gentes como nosotros entre
los cuales algunos son poseedores de medios de producción que estarían
dispuestos a colaborar con este inminente y democrático renacimiento
cinematográfico. |
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