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Memoria breve y permanente
 Quisimos recordar, o más bien tratar de volver a vivir, algunos de los
grandes momentos del evento anterior. Para ello, no quisimos confiar en las
trampas de la nostalgia, y preferimos valernos de lo concreto, de la letra que
quedó tratando de atrapar en verbo aquellos instantes memorables.
He aquí, una selección de fragmentos de crónicas, artículos
y reseñas publicados en algunos de los seis números de Cinepobre
hoy, el diario que acompañó todos los días con sus noches,
entre el 21 y el 26 de abril, la primera edición del Festival Internacional
de Gibara:
Se
tituló Ni Fellini lo hubiera soñado y comenzaba diciendo:
“Tan apoteósica, colorida y emocionante resultó la fiesta
inaugural del Primer Festival Internacional de Cine Pobre, que ni siquiera el
inagotable Federico Fellini —aquel creador italiano autor de la inolvidables
Dulce vida y Ocho y medio entre otros filmes clásicos— hubiera
imaginado la banda sonora y la tira de imágenes que acompañaron
la puesta de sol de ayer. Seis mil extras, gente de pueblo, prestada al lucimiento
de la fiesta inaugural, sostenían antorchas, mientras desfilaba calle
abajo tanto jolgorio y saltimbanqui, banda de música, un bosque animado
de globos y banderas, todo al son de la apasionante partitura que compusiera
Nino Rota para la mencionada Ocho y medio. (...) Y en cada rostro había
una película ansiosa de ser filmada, y en cada esquina de la la calle
Independencia, hasta el cine Jiba, triunfó por esta vez el materializado
anhelo por un cine mejor, más abierto y democrático, fundado con
esa extraña sustancia de amasar sueños y alimentar cascabeles.”
Palabras de bienvenida de Humberto Solás, presidente del Festival:
El cineasta contemporáneo está atrapado en una telaraña
cuyos hilos paralizantes le obligan a realizar un cine que, generalmente, modelo
su profesión de manera muy ajena a como podría ser. El guión,
y el filme a deberá tomar en consideración el “gusto”
del público que ha sido el resultado de una inescrupulosa manipulación
de conciencias. También deberá sortear los derroteros de la modas
impuestas por la elite de la crítica especializada. (...) El cineasta,
por tanto, solo conoce excepcionalmente la libertad. Desembarazarnos de esta
de intereses creados no resulta fácil. Y creo que la disminución
de los costos de producción es uno de los caminos emancipadores. Este
espíritu práctico-teórico anima nuestro Festival. Quizás
en un corto plazo podamos constituirnos en un espacio liberador, al entregarle
a los cineastas los implementos tecnológicos que posibiliten el desarrollo
de la profesión en una ámbito de libre decisión, solo condicionado
por una particular, y desprejuiciada, visión ético-estética.
¡BIENVENIDOS!
Comentario sobre las películas inaugurales:
“Dos
de las numerosas demostraciones de que el cine pobre —también llamado
cine imperfecto—, puede y debe alcanzar altura estética y conceptual,
serían las dos obras que le sirven de pórtico a esta primera edición.
Se trata del largometraje de ficción español La novia de
Lázaro, de Fernando Merinero y del cortometraje norteamericano dirigido
por Willard Morgan, Confesiones de un filmalcohólico, ambas en competencia
y realizadas desde una inspiración profundamente cercana a los presupuestos
de este evento. Merinero vuelve a demostrar que es posible conmover al público,
estremecerlo desde estéticas no comerciales como el feísmo hiperrealista
(...), película polémica y descarnada donde las haya, la española
se realiza a contracorriente de toda complacencia, ya sea de índole sociológica
o cinematográfica. (...) En tanto se trata de un programa altamente recomendable
para los amantes del buen cine, ambas películas se programarán
en más de una ocasión, y desde ahora ya le estamos pronosticando
algún galardón”.
Texto de Omar González, presidente del ICAIC, saludando la celebración
del evento:
“Nace el Festival Internacional del Cine Pobre, en Gibara, sin estridencias,
desde la dignidad de su modestia, como afirman sus cómplices, haciendo
honor a su nombre. Sus ingredientes esenciales no difieren en mucho de los que
hoy movilizan al mundo contra la guerra o a favor de la justicia: cooperación,
responsabilidad, audacia, transparencia, devoción. (...) Lo que pervivirá
de nosotros será el trazo puro, íntimo y social de nuestra memoria
colectiva. Y la obra que nos salvará, aquella que no eluda, sino que
afronte los riesgos de hoy y de mañana. Aunque estaría por ver
la mayor trascendencia de este encuentro, la propiamente artística, aplaudo
su celebración y, desde ahora, apuesto por su futuro. La osadía
de haberlo realizado, me parece un milagro”.
Del segundo día:
“La presencia de siete de los periodistas especializados en cine que entregan
el famoso premio norteamericano Globo de Oro, el homenaje al actor cubano Adolfo
Llauradó y el documental uruguayo Aparte, van a ser algunos de los eventos
que protagonizarán los comentarios de todos durante el segundo día
del Festival. (...) Es un acontecimiento la presencia en Gibara de siete miembros
de la prestigiosa Hollywood Foreign Press Association, influyente entidad conformada
por especialistas de numerosos países acreditados en la llamada Meca
del Cine. (...) Hace más o menos diez años quienes conceden el
Globo de Oro comenzaron a viajar por todos los festivales del mundo en busca
de filmes cuyos distribuidores no pudieran alcanzar los grandes circuitos por
escasez de medios. Como parte de tan positiva itinerancia han llegado a Cuba,
y además a este Festival, los siete expertos en amigable e ilustrativo
intercambio con quienes asistieron a la Casa de la Cultura. Tres temas dominaron
la sesión: dejar sentada la creciente influencia de los Globos, los fondos
que dedica esta Asociación a Escuelas de Cine y pequeñas productoras,
y por último, varios de los visitantes se mostraron altamente entusiasmados
con incluir a Cuba, de manera fija, y al Festival Internacional de Cine Pobre,
como punto fijo en sus búsquedas de filmes notables”.
De la entrevista con Jon Apaolaza, editor de la página
web noticine.com y jurado en este
festival en la categoría de documental:
“Estoy
en este Festival, porque, entre otras razones, apoyo la idea que significa abrir
una puerta a la democratización del cine. Me parece una muy buena oportunidad,
y además novedosa, diferente, en un momento en el que coexisten muchos
festivales en el mundo. Siempre es interesante ver nacer un evento de esta naturaleza
y creo que puede tener mucho futuro. (...)
Cuando una película modesta, barata, hecha por desconocidos, divierte,
emociona, gusta y toca sentimientos puede llegar lejos. Y no hay por qué
creer que este Festival se va a quedar estancado. Hoy Sundance está entre
los más importantes de Estados Unidos, adonde van los productores y compañías,
las grandes y las independientes.
Reseña sobre la intervención de Julio García Espinosa
en memorable conversatorio-
debate-conferencia magistral:
“No
solo en su condición de ensayista y pensador, de los pocos que ha sabido
conjugar teoría enhiesta y práctica consecuente, ha llegado Julio
García Espinosa a este Festival, sino a partir también de que
la Escuela de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, que
él dirige, concede uno de los premios más interesantes del evento.
(...) ‘Me sentí identificado con las ideas de este Festival —comenzó
diciendo el ilustre invitado— porque me parecen coincidentes con las que
animaron la fundación de la EICTV y con los basamento del primer cine
del ICAIC.
Desde hace más de treinta años vengo planteando que las nuevas
tecnologías harían posible un nuevo cine. El cine dominante usa
la tecnología novedosa en función de la grandilocuencia y la evasión,
pero para nosotros puede significar humanismo, lenguaje innovador y una contribución
a reafirmar la identidad. Se nos presenta el desafío de potenciar las
nuevas tecnologías en función de alcanzar un cine que trascienda
el exceso de codificación impuesto por los norteamericanos’. (...)
Para concluir su intervención, antes de responder las numerosas dudas,
preguntas y comentarios de los presentes, Julio García Espinosa aseguró
que mientras el espectador de cualquier país continúe cautivo
de un único tipo de cine, también los creadores, los cineastas,
continuarán cautivos de los prejuicios seculares del público”.
Crítica de algunos filmes del cuarto, penúltimo día:
“El viaje del cineasta iraní Mahmoud Reza Sani en pos de una mujer
llamada Siyamo (en el filme homónimo) es un rodeo, es el éxodo
humilde de quien apenas persigue un sueño sin esperanza de tener éxito.
Mahmoud, que oculta su autoría tras una permanente subjetiva, la cual
nos lo revela a la vez que nos lo esconde, se transforma en nuestra mirada.
Vemos lo que él ve en ese tránsito hacia una posibilidad remota:
ha soñado con una mujer afgana de la cual apenas recuerda un pelo negrísimo
y el nombre cantarino: Siyamo. (...) Basta desear construir una visión
compleja de la realidad para que ella misma se entregue limpia y nueva, asombrosamente
fabuladora y pletórica de revelaciones. De ahí que al final, cuando
la enigmática mujer que lo invita al Jardín de los Amantes se
le revela como la posibilidad de haber dado al fin con su ansiado sueño,
y él pide que se descubra, la burka queda detenida en el aire, debajo
de la túnica sigue habiendo un misterio. El viaje de Mahmoud acaba entonces
en la reiteración de la posibilidad. Ya había dicho arriba que
los viajes son pretextos.”
Otra crítica extraída del último día de
exhibiciones, cuando ya se sabían los premios:
“Para los que a pesar de los muchos argumentos propicios todavía
miran con desconfianza la posibilidad de hacer un cine excelente, con muy pocos
recursos económicos, pero siempre con un enorme arsenal de recursos artísticos
a la mano, sirvan los ejemplos de Last Ball, escrita y dirigida por el norteamericano
Peter Callahan, Vaga-Lume, del brasileño Gilson Vargas y La maldita circunstancia,
de Eduardo Eimil, demostraciones de cómo pueden mixturarse los géneros,
la realidad testimonial y la ficción impura, con óptimos resultados
al nivel de la emotividad y de lo expresivo de las imágenes”.
Letras finales del encuentro: “A lo largo de la carretera
hay un sinfín de señales: cadenetas de colores atadas a las cercas
de cactus, banderas, carteles que saludan o dan vivas. Pero nada de ello sugiere
que al final de la cinta brillosa te darás de narices con un pueblo cambiado.
Las aceras verdean de macetas, hay banderas en cada rincón, carteles,
dibujos que dan la bienvenida, y en las noches, carnaval, Gibara ha sido como
un punto donde encontrarse antes de recomenzar. Y es que el misterioso abrazo
del entorno con los sucesos de estas jornadas de exhibición, discusiones
teóricas e intercambios conspirativos está por estudiarse. (...)
Cada una de las películas vistas en competencia expresa un camino diferente,
la ansiedad por descubrir una forma de hacer cine despojada del tonelaje de
la obediencia a patrones de mercado, modas o filiaciones. Todas estas películas,
y sus antecesoras históricas, han comenzado a prefigurar un frente común
para sostener la opción de ese cine distinto. Son muchos los ojos. Y
tras todo ello, hay una ciudad que espera, ávida de esperanza. En eso
se parece a este cine diferente, que igualmente reclama su espacio, un sitio
donde apenas poder ser”.
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