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HOMENAJE: Con toda deferencia, Rossellini
 El Festival Internacional de Cine Pobre se honra presentando un par de obras excepcionales de Roberto Rossellini, el autor que consiguió cambiar completamente la faz del cinema italiano, europeo y mundial. Catalogado por algunos estudiosos como el más grande de los directores apenas conocidos, el hombre que redescubrió la realidad de los humildes mediante el misterio de la cámara, o que más bien develó las posibilidades del cine para redescubrir las realidades ocultas bajo capas de indiferencia, inercia o inequidad social.
Aseguraba Rossellini en una célebre entrevista que el neorrealismo, el movimiento cinematográfico más importante de la segunda postguerra, “era la tentativa de establecer un punto de vista global, objetivo, sobre cierto mundo en un momento dado, y seguramente se trataba de mirar al personaje al interior de los eventos y no de mirar a los eventos ajenos y exteriores al personaje. Hay muchos tipos de neorrealismos, puede decirse que cada quien tiene el suyo propio. El mío fue solo una posición moral, un esfuerzo por comprender el mundo y comprenderme a mí mismo, era el modo que encontré de colocarme al centro de ciertos fenómenos que me interesaban”.
“En mis filmes —declaró Rossellini en otra entrevista— hay mucho de autobiográfico. En mis documentales se podrá hallar mucho de mis fantasías juveniles, el descubrimiento de la vida, el pez que pasa por un espejo de agua. Después está la guerra, la ocupación, los episodios que vienen reclamados por la memoria, aqiuellos que habríamos querido vivir. Roma città aperta es el filme del miedo: del miedo de todos, pero sobre todo del mío. También yo debí esconderme, escapé, tuve amigos capturados o muertos. Miedo verdadero: con treinta y cinco kilos de menos por el hambre, por el terror que en la película he descrito.”
La filmografía que lo hiciera mundialmente célebre se inició en 1945 con la ya mencionada Roma, ciudad abierta (que es una de las dos obras elegidas para conformar este homenaje) e incluye otros dos clásicos realizados seguidamente (Paisá, 1946 y Alemania año cero, 1947), los filmes que rodara dirigiendo a Ingrid Bergman (Stromboli, 1949; Europa 51; Viaje a Italia, 1953), y la etapa ulterior de muy dignos trabajos junto a la televisión. Aparte de la película fundacional, verdadero manifiesto y carta credencial del primer neorrealismo, el Festival del Cine Pobre programa una entrevista, totalmente desconocida en Cuba, que realizó el director a Salvador Allende, que habla en español mientras el director le pregunta en italiano. Tanto el filme clásico, como la entrevista realizada casi treinta años después, forman parte de una manera de hacer caracterizada por el propio autor con los siguientes términos:
“Siempre empiezo a rodar con la firme intención de evitar los lugares comunes, penetrando en el interior de las cosas. Lo importante no son las imágenes, sino las ideas... Hay que empezar con la encuesta, la documentación, para pasar después a los motivos dramáticos; pero para representar las cosas como son, para quedar en el terreno de la sinceridad es necesario que le cine enseñe a los hombres a conocerse, y a reconocerse los unos a los otros, en vez de seguir contando siempre la misma historia. Hoy en día no se hacen más que variaciones sobre el mismo tema; todo lo que se puede saber sobre la rapiña. Todo lo que se puede saber sobre el sexo. Por supuesto, no como es verdaderamente, sino en sus aspectos que todos conocemos. Todo ha perdido su verdadero significado. Hay que procurar ver de nuevo las cosas, tal como son, no de una manera plástica sino real. Aquí está, indudablemente, la solución. Tal vez entonces podremos empezar a orientarnos...” |
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