III Festival del Cine Pobre Atras ATRÁS CUBACINE

NOTICIAS DEL III Festival de Cine Pobre
18 de abril de 2005

> ¡Bienvenidos!
> El desayuno de hoy
> Gibara es un país

 

 


¡Bienvenidos!
Inauguración del FestivalNo podemos menos que celebrar la apertura de esta tercera edición del Festival Internacional del Cine Pobre de Gibara, ya que los frutos de la cosecha anterior están ahora a la vista: se comienza a incrementar la producción audiovisual cubana en base a filmes con bajo costo de producción, y hasta algunos hablan de un nuevo cine cubano; en todo el planeta se acometen nuevos proyectos que rescatan la condición de arte de nuestra profesión y aparecen nuevos cineastas surgidos en los más disímiles estratos sociales, muchos de ellos provenientes de comunidades que hasta ahora estuvieron ajenas a la realización audiovisual.
Pero falta mucho por hacer, todavía no se ha consolidado esa Red Internacional del Cine Pobre con que soñamos, porque la única posibilidad de consolidación de este movimiento estará basada en que nos nucleemos, en que nos conozcamos y pongamos nuestro talento y nuestros medios de producción (cámaras, sets de montaje, salas de postproducción, etc.) que han estados aislados aquí y allá, para que a partir de ahora converjan en una activa agrupación de cineastas, que intercambien todos estos recursos tanto espirituales como materiales, en función del ideal de un cine solidario, alternativo, vanguardista y desalienador, profundamente comprometido con el objetivo de paliar la contaminación de la espiritualidad, esa otra catástrofe ecológica que resulta de la burda mercantilización de nuestro oficio.
Humberto Solás

subir Subir

El desayuno de hoy
me está gustando. Tiene de proverbios, de citas y de lugares no tan comunes. Y también de las brisas que del mar nos llegan, olorosas, húmedas, enigmáticas. No hay todavía la sombra de un reproche, pero nadie se explica por qué, mientras damos tantas vueltas como Audrey Hepburn en busca de algo así como Tiffany en pleno Atlántico, no aparece todavía la primera valla que anuncie al mundo la celebración de este Festival. Aprende de las hormigas, dice alguien. Sé feliz y sigue siempre a los que saben. Lee un poema de Novás, el Suicida, versado en pérdidas y palíndromos (con alcuna licenza), que a su vez remite a escenas de una película memorable sobre la lucidez y la demencia. Porque demencial pudo parecer en el inicio la idea de articular energías/criterios/recursos y situar a esta hermosa villa en el mapa universal de los festivaleros incorregibles y los viajeros empedernidos. Gibara ya es un norte posible dentro de nuestro cine, ya está ahí, al alcance de las manos de un niño llamado Siglo Nuevo o Nuevo Milenio. O tal vez Caín caminando a ciegas sobre el filo del abismo. Hacemos el trayecto y nos rescatamos un poco a nosotros mismos, reponemos lo que ayer vino a esfumarse sin apenas notarlo mientras repetíamos casi imperceptiblemente aquello de Quiéreme mucho/ dulce amor mío… que quiere Fernando Pérez que recordemos con el mar batiente de La Habana, el mismo insondable mar batiendo y haciendo estallar los muros de esta villa espléndida en su fulgor y su abandono. Se hablará de este Festival siempre porque siempre habrá motivaciones para coincidir en torno a los modos de abaratar y democratizar el arte costoso e inalcanzable. Y sobrevivirá porque es necesario y con él la hermosa idea de escoger la quietud, la paz de Gibara, semejante a un domingo en casa de campo. Qué buena frase para cerrar, pero acabo de hallar un parrafillo de Susan Sontag que contiene otras mucho mejores. Dice la Sontag: Lo más fácil del mundo es decir que el público es estúpido o que está en decadencia. No quiero tomar parte en generalizaciones de este tipo. No entiendo las pruebas que se manejan.
Se trata de simple y barata especulación sociológica o periodística. Lo que una debe seguir haciendo es explicar y defender buenos criterios que nos ayuden a admirar y apreciar lo bueno. Esta es la idea de hoy.
Buen provecho.
El Caminante

subir Subir

Gibara es un país
El Festival Internacional de Cine Pobre es un laboratorio, un foro interactivo que suscita renovado interés entre quienes asumen las nuevas tecnologías y los bajos presupuestos financieros como la opción no sólo más viable, sino imprescindible para que el audiovisual contemporáneo no sucumba definitivamente ante la hegemonía de la trivialidad corporativa. Es un espacio privilegiado para la confrontación artística, un escenario que no soslaya el compromiso social ni los rigores definitorios de la calidad.
Desde la perspectiva de quienes trabajamos en una institución como el ICAIC abocada a un cambio que la sitúe en otra dimensión organizativa, tecnológica e incluso, estética, este evento se corresponde con nuestras expectativas, ocupaciones y desafíos más apremiantes y estratégicos. Aún más, los complementa.
El cine será digital o no será, y, a juzgar por la exclusión globalizada, las alternativas estarían obligadas a definirse como heroicamente pobres y, desde luego, marginales. Otra cosa no dicen festilos números, otra conducta no aconsejan los hechos. De ahí nuestra identificación con las tesis fundamentales que sustenta el Festival y nuestro apoyo a sus organizadores, de los cuales nos sentimos cómplices.
Desde mi perspectiva, cine pobre sería mucho más que un concepto, equivaldría a una poética, y más que a una poética, a una estética concebida desde y para la resistencia cultural. Esto pareciera tautológico si no partiéramos en nuestro análisis de la dramática circunstancia en que se produce el hecho artístico soberano en nuestros días.
Si la opción no es Hollywood que nos segrega y al mismo tiempo descartamos de nuestros paradigmas, cuál ha de ser la alternativa que mejor exprese nuestros desvelos y realidades. Ni más ni menos que un arte que, partiendo de la dificultad (y la pobreza lo es, y la exclusión la simboliza), nos defina enriqueciéndonos. Y como de modismos y etiquecine tas venimos de regreso, pobre no puede ser sino la manifestación de nuestras inquietudes genuinamente revolucionarias, entendidas éstas como la necesidad de cambiar la realidad de las cosas. Una realidad que, en la mayor parte del mundo, arrasa con las diferencias y, por lo mismo, disocia las identidades. Ante tal absolutismo, aboguemos por nuestra libertad sin eludir nuestra responsabilidad.
Ahora bien, sabido es que el empleo de las nuevas tecnologías no constituye una garantía de éxito ni la adhesión consciente a principios que, en lo esencial, clasificarían como de renovación y ruptura.
El arte que necesitamos deberá menos a los beneficios de la máquina que a las cualidades de quienes la han humanizado porque ya consiguieron dominarla. Tal vez sea éste el más difícil de los conflictos a que se enfrenta el intelectual en la era de la postmodernidad asimétrica.
Filmar y pensar en digital, como hemos dicho antes, no significaría automáticamente adscribirse a la estética del cine pobre. En la cultura artística, no obstante McLuhan, el medio jamás será el fin. Otra angustia sería la de los propios medios, obnubilados como están por el narcisismo inquisitorial que los embriaga y condena. Nuestra Galaxia Gutemberg ha de incluir la tradición si no quiere vegetar en el limbo de las abstracciones inútiles.
En su soledad, algún que otro zombi pudiera lograr que el artificio se convirtiera en la gruta de sus días, pero no habría conseguido el misterio inasible de la creación. Y aunque llene sus arcas, pagaría el precio de la muerte en vida. Como tantos en este mundo.
El controvertido Andy Warhol, que supo de estas cosas porque las sufrió en carne propia, sintetizaba el drama del siguiente modo:
Es que la vida duele… Si pudiéramos convertirnos en máquina, todo nos dolería menos. Seríamos más felices si estuviéramos programados para ser felices”. Pero antes había sido capaz de advertirnos: “Comprar es más norteamericano que pensar”, lo que explicaría no sólo su condición de víctima, sino su angustia intelectual ante la degradación de una sociedad cosificada como pocas. Y Warhol, por efecto de la mano no precisamente invisible del mercado, ha devenido fetiche, y las más iconoclastas de sus obras se rematan exactamente igual que las más inocuas y con- formistas. Todas, probablemente, recalen en las mismas bodegas, donde alguna vez estará el último de los bisontes americanos, aquella rara flor de la memoria.
La historia del mundo, particularmente la de los pueblos sin imagen, ha sido la de la lucha contra el saqueo y el genocidio cultural interminable. Luego del exterminio físico y el robo de las cosas tangibles, sobrevino el vaciamiento de los símbolos y su suplantación por otros que, al ser ajenos, sólo han servido para alimentar la ira o exacerbar nuestra nostalgia. Nadie mejor que el arzobispo sudafricano Desmond Tutu para describirnos tales efectos: “Vinieron. Ellos comprotenían la Biblia y nosotros teníamos la tierra. Y nos dijeron: 'Cierren los ojos y recen'. Y cuando abrimos los ojos, ellos tenían la tierra y nosotros teníamos la Biblia”.
Ahora, valiéndose de otras y las mismas formas de engaño, pretenden dejarnos también sin la Biblia. Y en su afán, la sustituyen por el catecismo de su nueva tiranía: la del pensamiento único y el actuar mecánico.
En este sentido y en otros que doy por obvios, el Festival Internacional de Cine Pobre de Gibara sería un proyecto emancipatorio. Lo preside Humberto Solás, recién proclamado Premio Nacional de Cine, cuya obra y vida son ejemplos de eticidad y pasión por el arte. Y alegra saber que, cuando muchos en su caso optarían por el sosiego, él haya decidido entregarse a la tarea fundanuevas cional de un movimiento, y que lo haga desde la humildad, aquí en Gibara, donde la gloria es tal porque se prodiga desde la escala humana.
Algo que, justo es decirlo, resulta inherente a otros grandes cineastas cubanos, quienes, si fundadores, jamás reposan. Por eso, en nada es fortuito que ahora en el ICAIC pervivan diferentes generaciones de cineastas, aun cuando sabemos que a los jóvenes corresponderá el futuro, eso sí, sin la mácula bochornosa del olvido. Ahí estarían los resultados de la Muestra (anual) de Nuevos Realizadores para corroborarlo.
Cine Pobre es también un acto de justicia que defiende la especificidad del arte en un contexto internacional viciado por la mentira, la disolución de las jerarquías y la instrumentalización de la cultura. Duele ver cómo la fama decreta el referente, y hasta qué punto gobierna la estulticia.
Este modesto e íntimo festilos val debería trascender mucho más la pequeña y acogedora ciudad que lo cobija. Gibara pudiera ser, si nos lo propusiéramos, el Porto Alegre del audiovisual contemporáneo. Bastaría estructurar eficazmente las redes de sustentación, los ámbitos de pertenencia, la calidad de los auspicios, la logística interna, el comprotenían miso institucional y el apoyo práctico de otros organismos nacionales e internacionales; bastaría no conformarnos con lo que hemos logrado y tomar conciencia de la importancia que tiene este proyecto en el contexto actual de la altermundialización. Esta es una aspiración posible, sobre todo porque nace de Cuba, donde lo que hoy es realidad, alguna vez fue sueño, y donde lo que ahora pareciera utopía, mañana será, inobjetablemente, fortuna social. Y aquí termino. Gibara es nuestro aliento.
Omar González
Presidente del ICAIC

 
subir Subir
Atras ATRÁS

 

 




Contáctenos a través de:
Teléfonos:(53-7) 838-3657; 838-3650 (al 55) ext. 210
Fax: (53-7) 8369493
Dirección: Ave. 23 No. 1155, Edificio ICAIC, Piso 6
Oficina del Festival Internacional del Cine Pobre
Vedado, Ciudad de La Habana, Cuba
CP 10400

Sergio Benvenuto - Director General
e-mail: festivalcinepobre@icaic.cu