Discurso
de Humberto Solás
Querido
pueblo de Gibara:
Ustedes
son los protagonistas de esta nueva edición del
Festival Internacional del Cine Pobre.
Gracias a la ayuda, al entusiasmo y la fe que ustedes
han depositado en este evento es que podemos hablar
hoy día de lo que ya se consolidó como
una ventana abierta a la democratización de la
cinematografía de los humildes; al desafío
de libertad y de justa transgresión, en una época
en que nuestro oficio se mercantiliza cada vez más
en el planeta.
Nosotros
defendemos un cine de compromiso ético-cultural-inconformista,
experimental y aliado a la causa de la libertad de expresión
sin barreras.
Nuestro Festival también se compromete a luchar
contra el monopolio de la distribución cinematográfica
por parte de un puñado de majors, expresión
de una censura a nivel mundial, donde somos excluidos
y reducidos a la incomunicación con nuestros
propios espectadores nacionales.
Pero
tampoco nos cruzaremos de brazos ante la intolerancia
y los manipuladores prejuicios que atentan con la más
urgente obligación de nuestra profesión,
o sea, el testimonio honesto de un mundo plural en ideas
y diverso en culturas y actitudes individuales. Porque
ella, la VERDAD, nadie podrá nunca ocultarla
definitivamente.
Humberto
Solás
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El
desayuno de hoy
tiene por fuerza que hablar de Gibara, villa
hermosa. ¿No comenzó acaso todo muy cerca
de estas tierras, cuando el Gran Almirante se asoma
y descubre frente a sí las curiosas elevaciones,
unas verdeantes, otras peladas, rocosas? A lo lejos
una montaña con forma de mezquita, otra semejante
a una gran silla de montar. Silla de Gibara hoy le dicen,
capaz de generar también algún chiste:
Si Gibara fuera Estambul, esa sería la Silla
Turca. Don Cristóbal era hombre de mar y no pudo
ocurrírsele algo así. En un rapto, compara
lo que ve con Sicilia, otra isla psicatrizada en su
memoria. A cambio, nos deja el inicio de un ritual poético:
admirar nuestras costas desde la anchura oceánica
y dejar escrita la metáfora precisa de ese encuentro.
“Toda la noche oyeron pasar pájaros”,
escribió en octubre 9. Luego se pone elogioso
y habla de “gente que era muy grande y de gran
trato, y habia en ella oro y especerías y naos
grandes y mercaderes”. No encontró mucho
de eso, pero sí espesura, huellas de un mar en
calma, indios que huyen y perros que nunca ladran. Mientras
viajo hoy hacia aquí, repaso esta gastada edición
de su Diario de navegación, impreso en La Habana
por la UNESCO en diciembre de 1961, prologado enjundiosamente
por el poeta Lorenzo García Vega, que compré
por veinte pesos a un librero de viejos allá
en el Parque San José, en Holguín. Ojalá
encuentre sus buenos lectores nuevos, ahora que Gibara
sigue siendo la libertad de ese aire descubierto por
el Almirante tan cerca de aquí. Aire ubicuo,
impronunciable, entre los filos de siete noches y un
torrente casi acuático de imágenes que
se suceden en la blanca extensión de una pantalla
de cine. El gas de la vida, la fecundante irrealidad.
Por ahí se encarrila Arturo Ripstein cuando dice:
La tendencia es a que el cine de calidad se parezca
a los libros de poesía: secretos, pequeños,
subterráneos. Hay un tipo de cine que soporta
costos ínfimos y que se sacará adelante.
Son películas que se harían para verlas
uno solo. Lo cual tampoco tiene sentido. En pintura
o literatura la economía alcanza para hacer eso,
pero el cine, aun el que se pretende austero, cuesta
dinero y acarrea responsabilidades. Además en
el fondo lo que uno quiere es que una película
se vea. Y esta, claro, es la idea de hoy. Buen provecho.
Truman C.
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Esta
fue la noche abierta,
la fiesta compartida, una cinta humana que baja de la
colina hasta el centro de la villa hermosa. Esta fue
la apertura de otro encuentro que nos une y nos reclama.
Humberto Solás agradeció a los amigos,
a los facilitadores, a los que hicieron posible este
nuevo hallazgo. Gibara ya tiene su festival y todos
tenemos la dicha de la calidez de un pueblo agradecido,
hospitalario y bueno.
También fue un acto de memoria y justicia afable.
Entre los ausentes queridos, Solás quiso tributar
un silencio de multitudes como homenaje a un amigo,
a un músico inolvidable, fallecido mientras se
preparaba esta edición del Festival de Gibara:
se trata de Manuel de Jesús Leyva, trompetista
y compositor, director de la Banda de Conciertos y de
la legendaria Orquesta Avilés.
El tercer encuentro del cine pobre ya comienza. El mundo
pleno cabe en estas calles a la velocidad de 24 cuadros
por segundo.
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Regresa la Cinemateca a Holguín,
aprovechando las febriles actividades de este Festival.
Después de varios años de espera, los
cinéfilos podrán volver a contar con los
servicios verdaderamente de excelencia por la calidad
de las propuestas de la Cinemateca de Cuba, que se reinaugurará
mañana martes 19 de abril, al calor de esta cita
gibareña. En la ciudad cabecera las exhibiciones
tendrán por sede el Cine Frexes, cada lunes a
partir de las 8:30 de la noche. Novedoso es el hecho
de que Gibara será subsede de las exhibiciones.
Entre los ciclos especializados que tendrán cabida
este año en la programación estarán
Latinos en Estados Unidos (del 19 de abril al 2 de mayo),
Los mejores filmes de la historia del cine (del 9 de
mayo al 13 de junio), Beatlemanía (del 20 de
junio al 11 de julio), Éxitos de Steven Spielberg
(del 18 de julio al 8 de agosto), y El cine dentro del
cine: Grandes documentales sobre el mundo cinematográfico
(del 15 al 29 de agosto).
La apertura oficial de la Cinemateca correrá
a cargo de la cinta norteamericana Dirt, de la realizadora
Nancy Savoca. Producida en el 2003, este filme cuenta
una historia de desarraigo y amor propio, muy a propósito
de los tiempos que vivimos: Dolores y su familia salvadoreña
emigran ilegalmente hacia la ciudad de Nueva York con
el deseo de hacer dinero y algún día poder
retornar a su patria. Sin embargo, ese ansiado objetivo
se verá en peligro debido a que el hijo de Dolores
no tiene intenciones de regresar, pues ha crecido en
un ambiente del que no le será fácil desprenderse.
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Una tríada de prometedores
cineastas
acaba de hacer su debut en Tres veces dos, que puede
representar también un cambio dinamizador en
las estructuras productivas del ICAIC (tecnología
digital en grabación y edición, menores
costos, mayor acceso de los jóvenes a la industria),
por tanto se trata de un filme atrayente y peculiar
desde muchas perspectivas. Y estoy adelantando la conclusión
que debió aparecer, tal vez, en el último
párrafo, pero a veces el juego de naipes más
excitante es aquel que ocurre con las cartas a descubierto.
Y aquello de dejar lo mejor para el final nunca me ha
parecido estrategia válida para quienes, como
yo, padecen de ansiedad e impaciencia.
La primera de sus distinciones indiscutibles: no se
trata de una comedia costumbrista, ni de enredos, ni
de personajes estereotipados que viven una vida de lo
más simpática, entre el folclor y el disfraz,
en un colorido barrio citadino. Los sujetos de los tres
cuentos no tienen nada de eufóricos ni de chispeantes,
son gente (hombres y mujeres) solitarios hasta el ascetismo,
víctimas del desengaño, o de la búsqueda
y la espera infructuosas. Uno de ellos se enamora hasta
la obsesión de una mujer elusiva e inatrapable,
cual fantasma (primer cuento: Flash), la otra mantiene
su mirada vuelta a un pasado desilusionante y frustrado
(segundo cuento: Lila) y otros dos, una pareja, que
se muestran incapacitados para verificar el acercamiento,
y no logran aniquilar las múltiples barreras
que les impiden extender la mano y sentir otra piel
anhelante y a la expectativa (tercer cuento: Luz roja).
Pavel Giroud, Lester Hamlet y Esteban Insausti, los
tres directores, no ocultan (¿por qué
habían de hacerlo?) su filiación afectiva
con el cine nacional, y extranjero, que construyó
catedrales intimistas, neorrománticas, trágicas
o melodramáticas, digamos por ejemplo, monumentos
estilo Vértigo, Los paraguas de Cherburgo, Lucía,
Último tango en París y algunos filmes
de Fernando Pérez en los últimos quince
años. Llama la atención que realizadores
tan jóvenes, para nada personas hoscas ni sombrías
—que a los tres los conozco bastante bien—
se hayan inclinado por recrear la tristeza como estado
de ánimo, la inutilidad y la impotencia como
conflicto, y la desesperanza o la resignación
como desenlace.
Luego de escribir el párrafo anterior me doy
cuenta de que tal vez sea flaco el favor promocional
que le estoy haciendo al filme (ya se sabe que entre
nuestros espectadores también predomina el “yo-voy-al-cine-a-divertirme”)
pero imagino, supongo con bastante buenos argumentos,
que esta es una película para cierto público,
que ojalá sea numeroso, porque indicaría
anchura de miras y sensibilidad atenta. Esta es una
película para quienes entienden que el cine puede
ser también susurro inquietante, moderato cantabile,
retrato melancólico, brumoso y enigmático
sobre los estados del alma, ascenso a verdades humanas
esenciales e inmanentes. Porque en el cubano ser no
solo la risa, la conga y la gozadera son atributos remarcables,
también está lo sentimental, el bolero,
la trova, y la angustia visibles.
Si quiero convencer a mi lector
de que es conveniente ver esta película cubana,
distinta y sugestiva, debo apearme de las generalidades
y aterrizar en asuntos más concretos. Otra de
las muy atrayentes dimensiones de Tres veces dos radica
en el sólido ejercicio de género que representa
cada uno de los tres relatos. El primero, Flash, se
resuelve en los códigos narrativos del thriller
sicológico y paranormal: el protagonista busca,
persigue, investiga, y se va transformando en un ser
inerme y vencido ante sus propios descubrimientos. Lila
es un melodrama en la vertiente de aquellos que presentaban
una protagonista femenina, atrapada en la imposibilidad
de materializar sus anhelos, y no debo dejar de decir
que Lester Hamlet puso algunos monólogos o diálogos,
de la pareja de amantes, en canciones, de manera que
su cuento colinda más con la ópera-pop
que con el cine musical clásico.
Por cierto, también es pertinente decirlo: por
muy especialista que sea Lester Hamlet en el mundo del
video clip, que lo es, y no seré yo quien lo
discuta, su película se distancia años-luz
de lo que suele entenderse como estética “video
clipera”, así que me gustaría hacer
un llamado a los promotores y críticos para que
encuentren coartadas más sólidas e imaginativas
a la hora de colgarle la etiqueta a Lester Hamlet y
a su Lila. Es muchas cosas este segundo cuento, pero
en ningún rincón le encontré temperatura
de video clip.
El tercer cuento opta por la cuerda del drama
erótico y onírico, e incluso de la tragedia
con conflicto sugerido y nunca expuesto del todo, para
así naturalizar la expresión del deseo
sexual explosivo, que vive reprimiéndose debido
a la coacción de circunstancias adversas, de
incapacidades y prejuicios individuales. Pero Esteban
Insausti no se quedó en la puesta en escena de
un sueño ardiente, sino que además se
atrevió a sugerirnos todo el portento de comunidades,
plenitudes y eclosiones que asisten a quienes no temen
hablar, tocarse, entregarse.
En la página web
Miradas, de la Escuela Internacional de Cine y Televisión
(EICTV) de San Antonio de los Baños, escribió
el poeta y ensayista Víctor Fowler, al final
de su análisis sobre esta película: “Pese
a los defectos, en Tres veces dos hay numerosos momentos
inteligentes, sensibilidad, derroche de habilidad en
los técnicos, mano segura de realizadores que
saben lo que desean, buenas actuaciones y, a fin de
cuentas, buen cine”. Muy poco que añadirle
a ese breve comentario, solo que “pese a los defectos”
también son clásicos Casablanca, El acorazado
Potemkin y Memorias del subdesarrollo. Si bien no clasifica
en esa liga, ni lo pretende.
Tres veces dos marca un punto de inflexión
tan interesante en el cine de este país, que
a uno le dan ganas, por esta vez, de callarse los problemas,
y aguardar en paz a ver si se cumple la promesa de evolución
que representa.
Joel del Río
LOS
PREMIOS DE TRES VECES DOS:
-Premio Zenit de Plata, a la mejor ópera prima,
en el Festival des Films du Monde, en Montreal, Canadá.
-Mejor filme extranjero de ficción, en el Festival
Ícaro, de Cine y Vídeo Centroamericano,
celebrado en Guatemala.
-Mejor obra de ficción en la Tercera Muestra
de Nuevos Realizadores, 2004.
-Premio Caricato para las actrices Marta del Río
y Olivia Manrufo —intérpretes de Lila—
otorgado por la Unión de Escritores y Artistas
de Cuba.
-En el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano los premios
colaterales del Círculo de Periodistas de Cultura,
el premio El Mégano, de la Asociación
Nacional de Cine Clubes de Cuba.
-Seleccionado por la Asociación Cubana de la
Prensa Cinematográfica, entre los diez filmes
más significativos exhibidos en el país
durante 2004.
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Viviendo
al Límite
Conjurando
tentaciones y obstáculos, Belkis Vega se acerca
en el documental Viviendo al límite, al rostro
y el alma de cinco personas, portadoras del VIH–SIDA,
quienes nos revelan su propio vía crucis desde
una perspectiva humana y alentadora no exenta de dolor,
desgarramiento y dramatismo. Debo decir que cuando asistí
a la proyección del documental temía encontrarme
con uno de esos trabajos audiovisuales que pretendiendo
acercarse justamente a un padecimiento, flagelo o fenómeno
dramático que interfiere en la existencia humana,
terminan siendo patéticas y melodramáticas
puestas en escenas, pletóricas en sentimentalismos
y escenas lacrimosas en las que su autor opera un discurso
altisonante y seudopoético, y ofrece a los espectadores
graves testimonios del tormento, ralentizaciones a mansalva,
palomas que vuelan al cielo y desde luego, finales con
caritas sonrientes. Así hemos visto perderse,
en el marasmo de la lástima y la propaganda moralizante,
múltiples materiales realizados en los más
diversos géneros y soportes.
Viviendo al límite está estructurado siguiendo
una forma convencional, marcada por entrevistas, graficaciones
y segmentos bien diferenciados, consagrados cada uno
de ellos a ofrecer espacio para que los sujetos expresen
su testimonio en una suerte de retórica textual
y formal, más apegada a la academia que a la
experimentación audiovisual. De tal manera, cada
persona tendrá su propio espacio y tiempo perfectamente
regulado y equilibrado desde el punto de vista dramático
y rítmico, retratados en primer plano buscando
complicidad e intimidad, evitando con ello distracciones
visuales y contextuales que alejen al espectador del
dramático relato. Habría además
que señalar, como su realizadora se empeña
en marcar lo que constituye uno de los elementos relevantes
del documental, la importancia que tiene para estas
personas, el ejercicio de la memoria, evocada a través
de fotografías, en un ritual reconstructivo que
acentúa el tan necesario, para ellos, proceso
de identificación y readecuación de sus
propias vidas.
Cada uno de los testimonios, aun desde el dolor y el
sufrimiento, de la angustia y a ratos desesperanza,
está signado por la fuerte voluntad de sus protagonistas
de cambiar su destino y de vivir encontrándole
un nuevo sentido a su existencia, tal vez porque han
tenido la singular experiencia de haber mirado a la
muerte desde muy cerca.
Para el espectador no debe pasar inadvertida esa reinserción
vital, expresada y materializada visualmente por los
sujetos mientras nos hacen partícipes de su historia,
como tampoco su apego a la naturaleza, la familia, los
amigos, la ciudad o la profesión, signos todos
que los hacen trascender como individuos en la pantalla
hasta una dimensión que nos revela el lado más
humano y natural de cada uno.
Pero aun hay más en este sensible documental.
Viviendo al límite incorpora a su dramaturgia
un correlato integrador, que de forma coherente proporciona
información al espectador acerca de los sujetos
y sus vidas al representar teatralmente, utilizando
técnicas del sicodrama y actores profesionales,
diversos episodios o momentos por los que supuestamente
pasaron los entrevistados. Esta simulación no
tiene carácter espectacular o frívolo
sino que intenta situar al espectador en un espacio
otro igualmente dramático y emotivo que reconstruye
desde lo artístico una experiencia, un gesto,
una mirada o una vivencia relatada por los propios protagonistas.
En este sentido Belkis rompe con las propias convenciones
del género, otorgándole mayor riqueza
narrativa a su obra. Su realizadora prefiere igualmente
que sean los propios pacientes los que, si lo desean,
elogien a las instituciones o médicos (incluso
hasta los cuestionan), distanciándose de esos
reportajes o seudo-documentales al uso (y mal uso),
que enfatizan furiosamente las estadísticas,
los valores porcentuales y las cronologías olvidándose
de los propios sujetos, de sus angustias y dolores,
de su fe y de su extraordinaria voluntad para romper
el silencio, los prejuicios, la indolencia y la incapacidad
de muchos de los que les rodean.
Y es que estos testimonios captados en su desgarramiento
y autenticidad por los realizadores no constituyen una
muestra más de aquellos seres que padecen una
enfermedad, no buscan nuestra lástima, comprensión,
tolerancia o gestos solidarios, se elevan sobre la superficialidad
y la simulación afectuosa para alcanzar una dimensión
mucho más humana, real y esencial.
Gustavo Arcos Fernández-Brito
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Margaam
La película de la inauguración
es un largometraje de la India titulado Maargam, traducible
como El camino, o El paso.
Escrita, dirigida y producida por el reconocido cineasta
hindú Rajiv Vijay Raghavan, esta obra clasifica
como un viaje íntimo de redescubrimiento y redefinición.
Maargam es una película que descubre la comprensión
que desarrollan un padre y su hija, y también
intenta describir relaciones de tipo histórico
sobre el fondo de realidades contemporáneas como
la globalización, y la vida urbana en medio de
una sociedad subdesarrollada.
El estado de Kerala, donde ocurre la acción y
de donde procede el realizador del filme, tuvo el primer
gobierno comunista elegido democráticamente.
El personaje del padre es uno de los revolucionarios
marxistas que se siente decepcionado, pero no obstante
siente que mucho queda por hacer y que la fe en la gente
nunca podrá extinguirse, por mucho que parezca
en peligro de desaparecer en el viaje que emprenden
padre e hija hasta su aldea originaria.
Nacido en Kerala en 1958, Rajiv Vijay Raghavan se graduó
de la Universidad local y luego estudió en el
Instituto de Filme y Televisión de la India.
Fue asistente de dirección del famoso G. Aravindan
en sus últimos seis filmes. Dirigió nueve
documentales antes de debutar con esta película
en el largo de ficción.
Maargam ha participado en los festivales de Friburgo
(Suiza); del Commonwealth, en Manchester (Inglaterra);
Durban (Sudáfrica); Zanzíbar (premio al
mejor filme), Montreal, los Tres continentes (Nantes),
y Teherán, donde obtuvo el galardón al
mejor guión. En su país, el filme ha ganado
el Loto dorado que se concede al mejor debut del cine
nacional durante un año, y además ha sido
reconocido con los Premios cinematográficos que
concede el estado de Kerala por mejor filme, guión,
actor, fotografía, sonido y música.
Maargam está catalogada como un intento muy bien
logrado de manejar las temáticas políticas
sin panfleto ni extremismo, con auténtica fibra
sentimental y honda comprensión de lo humano
inmanente.
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Participantes
opinan
A cargo de Sayonara Tamayo Arjona
Antes
que todo creo en la importancia del cine pobre. Más
que una cuestión de recursos, se trata de defender
un concepto. Las posibilidades de las nuevas tecnologías
provocan un mayor acceso al cine, tanto de realizadores
que cuentan con pocos recursos, como del espectador
que constituye el pueblo. La escasez de presupuesto
no puede atentar contra la calidad artística.
Tenemos que hacer un cine estéticamente rico.
Como jurado espero encontrar esa estética en
el Festival. El documental social está cobrando
mucha fuerza. Sin dudas hay situaciones sociales que
están provocando la realización de este
tipo de obras. El Festival de Gibara es también
un espacio para encontrarlo. Manuel Herrera
(Realizador cubano y jurado en la categoría de
Documentales, Obras Experimentales y Videoarte)
Es
un privilegio que se me haya dado la responsabilidad
de ser jurado de ficción. Ese hecho demuestra
confianza, me dignifica y me honra. Es una enseñanza
para mí, es la primera vez que soy jurado. Eso
no quiere decir que me llame mucho la atención
juzgar, pero realmente una aprende. Es como tener una
comunicación con variados estilos, formas, estéticas,
con gente que trae nuevos criterios. Yo pienso que este
festival está en vía de convertirse en
algo relevante e importantísimo para la creación
de nuevas rutas para un cine un poco más libre
y agenciados por otros caminos que le abren las puertas
a los creadores, principalmente a los más jóvenes.
Yo creo en esa fuerza que está cobrando el Festival,
que va cohesionando nuevos talentos por múltiples
vías. Este es un encuentro de amigos, que le
da nuevas luces a muchas cosas que nos hacen falta.
Es la primera vez que estoy aquí. Le estoy muy
agradecida al pueblo de Gibara que es tan cálido.
Luisa María Jiménez (Actriz
cubana. Jurado en la categoría de Ficción)
La
idea del festival la conocí cuando estaba rodando
Miel para Oshún. Ya había estado en Gibara
e intercambiado con su pueblo, que también nos
acompañó en el rodaje de aquella película.
Estoy aquí por dos motivos principales: el primer
festival me resultó muy emocionante. Esto es
más modesto, pero tiene la belleza y el encanto
de atraer la participación de todo el pueblo;
es muy conmovedor caminar por las calles y que la gente
te conozca. Esa es la primera razón. La segunda
es el estreno de Mata que dios perdona, una película
en la que participé. Con este festival me identifica
todo: Gibara, Miel para Oshún y el concepto de
cine pobre que defiende. Este tipo de cine es una posibilidad
real de aumentar la producción de películas
tanto en Cuba como en América Latina. Mario
Limonta (Actor cubano)
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