III Festival del Cine Pobre Atras ATRÁS CUBACINE

NOTICIAS DEL III Festival de Cine Pobre
20 de abril de 2005

> Discurso de Humberto Solás
> El desayuno de hoy
> Esta fue la noche abierta
> Regresa la Cinemateca a Holguín
> Una triada de prometedores cineastas
> Viviendo al límite
> Margaam
> Participantes opinan

 

 


Discurso de Humberto Solás

Querido pueblo de Gibara:

Foto YuroUstedes son los protagonistas de esta nueva edición del Festival Internacional del Cine Pobre.

Gracias a la ayuda, al entusiasmo y la fe que ustedes han depositado en este evento es que podemos hablar hoy día de lo que ya se consolidó como una ventana abierta a la democratización de la cinematografía de los humildes; al desafío de libertad y de justa transgresión, en una época en que nuestro oficio se mercantiliza cada vez más en el planeta.

Nosotros defendemos un cine de compromiso ético-cultural-inconformista, experimental y aliado a la causa de la libertad de expresión sin barreras.
Nuestro Festival también se compromete a luchar contra el monopolio de la distribución cinematográfica por parte de un puñado de majors, expresión de una censura a nivel mundial, donde somos excluidos y reducidos a la incomunicación con nuestros propios espectadores nacionales.

Pero tampoco nos cruzaremos de brazos ante la intolerancia y los manipuladores prejuicios que atentan con la más urgente obligación de nuestra profesión, o sea, el testimonio honesto de un mundo plural en ideas y diverso en culturas y actitudes individuales. Porque ella, la VERDAD, nadie podrá nunca ocultarla definitivamente.

Humberto Solás

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El desayuno de hoy
tiene por fuerza que hablar de Gibara, villa hermosa. ¿No comenzó acaso todo muy cerca de estas tierras, cuando el Gran Almirante se asoma y descubre frente a sí las curiosas elevaciones, unas verdeantes, otras peladas, rocosas? A lo lejos una montaña con forma de mezquita, otra semejante a una gran silla de montar. Silla de Gibara hoy le dicen, capaz de generar también algún chiste: Si Gibara fuera Estambul, esa sería la Silla Turca. Don Cristóbal era hombre de mar y no pudo ocurrírsele algo así. En un rapto, compara lo que ve con Sicilia, otra isla psicatrizada en su memoria. A cambio, nos deja el inicio de un ritual poético: admirar nuestras costas desde la anchura oceánica y dejar escrita la metáfora precisa de ese encuentro. “Toda la noche oyeron pasar pájaros”, escribió en octubre 9. Luego se pone elogioso y habla de “gente que era muy grande y de gran trato, y habia en ella oro y especerías y naos grandes y mercaderes”. No encontró mucho de eso, pero sí espesura, huellas de un mar en calma, indios que huyen y perros que nunca ladran. Mientras viajo hoy hacia aquí, repaso esta gastada edición de su Diario de navegación, impreso en La Habana por la UNESCO en diciembre de 1961, prologado enjundiosamente por el poeta Lorenzo García Vega, que compré por veinte pesos a un librero de viejos allá en el Parque San José, en Holguín. Ojalá encuentre sus buenos lectores nuevos, ahora que Gibara sigue siendo la libertad de ese aire descubierto por el Almirante tan cerca de aquí. Aire ubicuo, impronunciable, entre los filos de siete noches y un torrente casi acuático de imágenes que se suceden en la blanca extensión de una pantalla de cine. El gas de la vida, la fecundante irrealidad. Por ahí se encarrila Arturo Ripstein cuando dice: La tendencia es a que el cine de calidad se parezca a los libros de poesía: secretos, pequeños, subterráneos. Hay un tipo de cine que soporta costos ínfimos y que se sacará adelante. Son películas que se harían para verlas uno solo. Lo cual tampoco tiene sentido. En pintura o literatura la economía alcanza para hacer eso, pero el cine, aun el que se pretende austero, cuesta dinero y acarrea responsabilidades. Además en el fondo lo que uno quiere es que una película se vea. Y esta, claro, es la idea de hoy. Buen provecho.
Truman C.

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Esta fue la noche abierta,
la fiesta compartida, una cinta humana que baja de la colina hasta el centro de la villa hermosa. Esta fue la apertura de otro encuentro que nos une y nos reclama. Humberto Solás agradeció a los amigos, a los facilitadores, a los que hicieron posible este nuevo hallazgo. Gibara ya tiene su festival y todos tenemos la dicha de la calidez de un pueblo agradecido, hospitalario y bueno.
También fue un acto de memoria y justicia afable. Entre los ausentes queridos, Solás quiso tributar un silencio de multitudes como homenaje a un amigo, a un músico inolvidable, fallecido mientras se preparaba esta edición del Festival de Gibara: se trata de Manuel de Jesús Leyva, trompetista y compositor, director de la Banda de Conciertos y de la legendaria Orquesta Avilés.
El tercer encuentro del cine pobre ya comienza. El mundo pleno cabe en estas calles a la velocidad de 24 cuadros por segundo.

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Regresa la Cinemateca a Holguín,
aprovechando las febriles actividades de este Festival. Después de varios años de espera, los cinéfilos podrán volver a contar con los servicios verdaderamente de excelencia por la calidad de las propuestas de la Cinemateca de Cuba, que se reinaugurará mañana martes 19 de abril, al calor de esta cita gibareña. En la ciudad cabecera las exhibiciones tendrán por sede el Cine Frexes, cada lunes a partir de las 8:30 de la noche. Novedoso es el hecho de que Gibara será subsede de las exhibiciones.
Entre los ciclos especializados que tendrán cabida este año en la programación estarán Latinos en Estados Unidos (del 19 de abril al 2 de mayo), Los mejores filmes de la historia del cine (del 9 de mayo al 13 de junio), Beatlemanía (del 20 de junio al 11 de julio), Éxitos de Steven Spielberg (del 18 de julio al 8 de agosto), y El cine dentro del cine: Grandes documentales sobre el mundo cinematográfico (del 15 al 29 de agosto).
La apertura oficial de la Cinemateca correrá a cargo de la cinta norteamericana Dirt, de la realizadora Nancy Savoca. Producida en el 2003, este filme cuenta una historia de desarraigo y amor propio, muy a propósito de los tiempos que vivimos: Dolores y su familia salvadoreña emigran ilegalmente hacia la ciudad de Nueva York con el deseo de hacer dinero y algún día poder retornar a su patria. Sin embargo, ese ansiado objetivo se verá en peligro debido a que el hijo de Dolores no tiene intenciones de regresar, pues ha crecido en un ambiente del que no le será fácil desprenderse.

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Una tríada de prometedores cineastas
Imagenes de Tres veces dos acaba de hacer su debut en Tres veces dos, que puede representar también un cambio dinamizador en las estructuras productivas del ICAIC (tecnología digital en grabación y edición, menores costos, mayor acceso de los jóvenes a la industria), por tanto se trata de un filme atrayente y peculiar desde muchas perspectivas. Y estoy adelantando la conclusión que debió aparecer, tal vez, en el último párrafo, pero a veces el juego de naipes más excitante es aquel que ocurre con las cartas a descubierto. Y aquello de dejar lo mejor para el final nunca me ha parecido estrategia válida para quienes, como yo, padecen de ansiedad e impaciencia.
La primera de sus distinciones indiscutibles: no se trata de una comedia costumbrista, ni de enredos, ni de personajes estereotipados que viven una vida de lo más simpática, entre el folclor y el disfraz, en un colorido barrio citadino. Los sujetos de los tres cuentos no tienen nada de eufóricos ni de chispeantes, son gente (hombres y mujeres) solitarios hasta el ascetismo, víctimas del desengaño, o de la búsqueda y la espera infructuosas. Uno de ellos se enamora hasta la obsesión de una mujer elusiva e inatrapable, cual fantasma (primer cuento: Flash), la otra mantiene su mirada vuelta a un pasado desilusionante y frustrado (segundo cuento: Lila) y otros dos, una pareja, que se muestran incapacitados para verificar el acercamiento, y no logran aniquilar las múltiples barreras que les impiden extender la mano y sentir otra piel anhelante y a la expectativa (tercer cuento: Luz roja).
Pavel Giroud, Lester Hamlet y Esteban Insausti, los tres directores, no ocultan (¿por qué habían de hacerlo?) su filiación afectiva con el cine nacional, y extranjero, que construyó catedrales intimistas, neorrománticas, trágicas o melodramáticas, digamos por ejemplo, monumentos estilo Vértigo, Los paraguas de Cherburgo, Lucía, Último tango en París y algunos filmes de Fernando Pérez en los últimos quince años. Llama la atención que realizadores tan jóvenes, para nada personas hoscas ni sombrías —que a los tres los conozco bastante bien— se hayan inclinado por recrear la tristeza como estado de ánimo, la inutilidad y la impotencia como conflicto, y la desesperanza o la resignación como desenlace.
Luego de escribir el párrafo anterior me doy cuenta de que tal vez sea flaco el favor promocional que le estoy haciendo al filme (ya se sabe que entre nuestros espectadores también predomina el “yo-voy-al-cine-a-divertirme”) pero imagino, supongo con bastante buenos argumentos, que esta es una película para cierto público, que ojalá sea numeroso, porque indicaría anchura de miras y sensibilidad atenta. Esta es una película para quienes entienden que el cine puede ser también susurro inquietante, moderato cantabile, retrato melancólico, brumoso y enigmático sobre los estados del alma, ascenso a verdades humanas esenciales e inmanentes. Porque en el cubano ser no solo la risa, la conga y la gozadera son atributos remarcables, también está lo sentimental, el bolero, la trova, y la angustia visibles.
Si quiero convencer a mi lector de que es conveniente ver esta película cubana, distinta y sugestiva, debo apearme de las generalidades y aterrizar en asuntos más concretos. Otra de las muy atrayentes dimensiones de Tres veces dos radica en el sólido ejercicio de género que representa cada uno de los tres relatos. El primero, Flash, se resuelve en los códigos narrativos del thriller sicológico y paranormal: el protagonista busca, persigue, investiga, y se va transformando en un ser inerme y vencido ante sus propios descubrimientos. Lila es un melodrama en la vertiente de aquellos que presentaban una protagonista femenina, atrapada en la imposibilidad de materializar sus anhelos, y no debo dejar de decir que Lester Hamlet puso algunos monólogos o diálogos, de la pareja de amantes, en canciones, de manera que su cuento colinda más con la ópera-pop que con el cine musical clásico.
Por cierto, también es pertinente decirlo: por muy especialista que sea Lester Hamlet en el mundo del video clip, que lo es, y no seré yo quien lo discuta, su película se distancia años-luz de lo que suele entenderse como estética “video clipera”, así que me gustaría hacer un llamado a los promotores y críticos para que encuentren coartadas más sólidas e imaginativas a la hora de colgarle la etiqueta a Lester Hamlet y a su Lila. Es muchas cosas este segundo cuento, pero en ningún rincón le encontré temperatura de video clip.

El tercer cuento opta por la cuerda del drama erótico y onírico, e incluso de la tragedia con conflicto sugerido y nunca expuesto del todo, para así naturalizar la expresión del deseo sexual explosivo, que vive reprimiéndose debido a la coacción de circunstancias adversas, de incapacidades y prejuicios individuales. Pero Esteban Insausti no se quedó en la puesta en escena de un sueño ardiente, sino que además se atrevió a sugerirnos todo el portento de comunidades, plenitudes y eclosiones que asisten a quienes no temen hablar, tocarse, entregarse.
En la página web Miradas, de la Escuela Internacional de Cine y Televisión (EICTV) de San Antonio de los Baños, escribió el poeta y ensayista Víctor Fowler, al final de su análisis sobre esta película: “Pese a los defectos, en Tres veces dos hay numerosos momentos inteligentes, sensibilidad, derroche de habilidad en los técnicos, mano segura de realizadores que saben lo que desean, buenas actuaciones y, a fin de cuentas, buen cine”. Muy poco que añadirle a ese breve comentario, solo que “pese a los defectos” también son clásicos Casablanca, El acorazado Potemkin y Memorias del subdesarrollo. Si bien no clasifica en esa liga, ni lo pretende.
Tres veces dos marca un punto de inflexión tan interesante en el cine de este país, que a uno le dan ganas, por esta vez, de callarse los problemas, y aguardar en paz a ver si se cumple la promesa de evolución que representa.
Joel del Río

LOS PREMIOS DE TRES VECES DOS:
-Premio Zenit de Plata, a la mejor ópera prima, en el Festival des Films du Monde, en Montreal, Canadá.
-Mejor filme extranjero de ficción, en el Festival Ícaro, de Cine y Vídeo Centroamericano, celebrado en Guatemala.
-Mejor obra de ficción en la Tercera Muestra de Nuevos Realizadores, 2004.
-Premio Caricato para las actrices Marta del Río y Olivia Manrufo —intérpretes de Lila— otorgado por la Unión de Escritores y Artistas de Cuba.
-En el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano los premios colaterales del Círculo de Periodistas de Cultura, el premio El Mégano, de la Asociación Nacional de Cine Clubes de Cuba.
-Seleccionado por la Asociación Cubana de la Prensa Cinematográfica, entre los diez filmes más significativos exhibidos en el país durante 2004.

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Viviendo al Límite
Viviendo al LimiteConjurando tentaciones y obstáculos, Belkis Vega se acerca en el documental Viviendo al límite, al rostro y el alma de cinco personas, portadoras del VIH–SIDA, quienes nos revelan su propio vía crucis desde una perspectiva humana y alentadora no exenta de dolor, desgarramiento y dramatismo. Debo decir que cuando asistí a la proyección del documental temía encontrarme con uno de esos trabajos audiovisuales que pretendiendo acercarse justamente a un padecimiento, flagelo o fenómeno dramático que interfiere en la existencia humana, terminan siendo patéticas y melodramáticas puestas en escenas, pletóricas en sentimentalismos y escenas lacrimosas en las que su autor opera un discurso altisonante y seudopoético, y ofrece a los espectadores graves testimonios del tormento, ralentizaciones a mansalva, palomas que vuelan al cielo y desde luego, finales con caritas sonrientes. Así hemos visto perderse, en el marasmo de la lástima y la propaganda moralizante, múltiples materiales realizados en los más diversos géneros y soportes.
Viviendo al límite está estructurado siguiendo una forma convencional, marcada por entrevistas, graficaciones y segmentos bien diferenciados, consagrados cada uno de ellos a ofrecer espacio para que los sujetos expresen su testimonio en una suerte de retórica textual y formal, más apegada a la academia que a la experimentación audiovisual. De tal manera, cada persona tendrá su propio espacio y tiempo perfectamente regulado y equilibrado desde el punto de vista dramático y rítmico, retratados en primer plano buscando complicidad e intimidad, evitando con ello distracciones visuales y contextuales que alejen al espectador del dramático relato. Habría además que señalar, como su realizadora se empeña en marcar lo que constituye uno de los elementos relevantes del documental, la importancia que tiene para estas personas, el ejercicio de la memoria, evocada a través de fotografías, en un ritual reconstructivo que acentúa el tan necesario, para ellos, proceso de identificación y readecuación de sus propias vidas.
Cada uno de los testimonios, aun desde el dolor y el sufrimiento, de la angustia y a ratos desesperanza, está signado por la fuerte voluntad de sus protagonistas de cambiar su destino y de vivir encontrándole un nuevo sentido a su existencia, tal vez porque han tenido la singular experiencia de haber mirado a la muerte desde muy cerca.
Para el espectador no debe pasar inadvertida esa reinserción vital, expresada y materializada visualmente por los sujetos mientras nos hacen partícipes de su historia, como tampoco su apego a la naturaleza, la familia, los amigos, la ciudad o la profesión, signos todos que los hacen trascender como individuos en la pantalla hasta una dimensión que nos revela el lado más humano y natural de cada uno.
Pero aun hay más en este sensible documental. Viviendo al límite incorpora a su dramaturgia un correlato integrador, que de forma coherente proporciona información al espectador acerca de los sujetos y sus vidas al representar teatralmente, utilizando técnicas del sicodrama y actores profesionales, diversos episodios o momentos por los que supuestamente pasaron los entrevistados. Esta simulación no tiene carácter espectacular o frívolo sino que intenta situar al espectador en un espacio otro igualmente dramático y emotivo que reconstruye desde lo artístico una experiencia, un gesto, una mirada o una vivencia relatada por los propios protagonistas. En este sentido Belkis rompe con las propias convenciones del género, otorgándole mayor riqueza narrativa a su obra. Su realizadora prefiere igualmente que sean los propios pacientes los que, si lo desean, elogien a las instituciones o médicos (incluso hasta los cuestionan), distanciándose de esos reportajes o seudo-documentales al uso (y mal uso), que enfatizan furiosamente las estadísticas, los valores porcentuales y las cronologías olvidándose de los propios sujetos, de sus angustias y dolores, de su fe y de su extraordinaria voluntad para romper el silencio, los prejuicios, la indolencia y la incapacidad de muchos de los que les rodean.
Y es que estos testimonios captados en su desgarramiento y autenticidad por los realizadores no constituyen una muestra más de aquellos seres que padecen una enfermedad, no buscan nuestra lástima, comprensión, tolerancia o gestos solidarios, se elevan sobre la superficialidad y la simulación afectuosa para alcanzar una dimensión mucho más humana, real y esencial.
Gustavo Arcos Fernández-Brito

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Margaam
La película de la inauguración es un largometraje de la India titulado Maargam, traducible como El camino, o El paso.
Escrita, dirigida y producida por el reconocido cineasta hindú Rajiv Vijay Raghavan, esta obra clasifica como un viaje íntimo de redescubrimiento y redefinición. Maargam es una película que descubre la comprensión que desarrollan un padre y su hija, y también intenta describir relaciones de tipo histórico sobre el fondo de realidades contemporáneas como la globalización, y la vida urbana en medio de una sociedad subdesarrollada.
El estado de Kerala, donde ocurre la acción y de donde procede el realizador del filme, tuvo el primer gobierno comunista elegido democráticamente. El personaje del padre es uno de los revolucionarios marxistas que se siente decepcionado, pero no obstante siente que mucho queda por hacer y que la fe en la gente nunca podrá extinguirse, por mucho que parezca en peligro de desaparecer en el viaje que emprenden padre e hija hasta su aldea originaria.
Nacido en Kerala en 1958, Rajiv Vijay Raghavan se graduó de la Universidad local y luego estudió en el Instituto de Filme y Televisión de la India. Fue asistente de dirección del famoso G. Aravindan en sus últimos seis filmes. Dirigió nueve documentales antes de debutar con esta película en el largo de ficción.
Maargam ha participado en los festivales de Friburgo (Suiza); del Commonwealth, en Manchester (Inglaterra); Durban (Sudáfrica); Zanzíbar (premio al mejor filme), Montreal, los Tres continentes (Nantes), y Teherán, donde obtuvo el galardón al mejor guión. En su país, el filme ha ganado el Loto dorado que se concede al mejor debut del cine nacional durante un año, y además ha sido reconocido con los Premios cinematográficos que concede el estado de Kerala por mejor filme, guión, actor, fotografía, sonido y música.
Maargam está catalogada como un intento muy bien logrado de manejar las temáticas políticas sin panfleto ni extremismo, con auténtica fibra sentimental y honda comprensión de lo humano inmanente.

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Participantes opinan
A cargo de Sayonara Tamayo Arjona

Manuel HerreraAntes que todo creo en la importancia del cine pobre. Más que una cuestión de recursos, se trata de defender un concepto. Las posibilidades de las nuevas tecnologías provocan un mayor acceso al cine, tanto de realizadores que cuentan con pocos recursos, como del espectador que constituye el pueblo. La escasez de presupuesto no puede atentar contra la calidad artística. Tenemos que hacer un cine estéticamente rico. Como jurado espero encontrar esa estética en el Festival. El documental social está cobrando mucha fuerza. Sin dudas hay situaciones sociales que están provocando la realización de este tipo de obras. El Festival de Gibara es también un espacio para encontrarlo. Manuel Herrera (Realizador cubano y jurado en la categoría de Documentales, Obras Experimentales y Videoarte)

Luisa Maria JimenezEs un privilegio que se me haya dado la responsabilidad de ser jurado de ficción. Ese hecho demuestra confianza, me dignifica y me honra. Es una enseñanza para mí, es la primera vez que soy jurado. Eso no quiere decir que me llame mucho la atención juzgar, pero realmente una aprende. Es como tener una comunicación con variados estilos, formas, estéticas, con gente que trae nuevos criterios. Yo pienso que este festival está en vía de convertirse en algo relevante e importantísimo para la creación de nuevas rutas para un cine un poco más libre y agenciados por otros caminos que le abren las puertas a los creadores, principalmente a los más jóvenes. Yo creo en esa fuerza que está cobrando el Festival, que va cohesionando nuevos talentos por múltiples vías. Este es un encuentro de amigos, que le da nuevas luces a muchas cosas que nos hacen falta. Es la primera vez que estoy aquí. Le estoy muy agradecida al pueblo de Gibara que es tan cálido. Luisa María Jiménez (Actriz cubana. Jurado en la categoría de Ficción)

Mario LimontaLa idea del festival la conocí cuando estaba rodando Miel para Oshún. Ya había estado en Gibara e intercambiado con su pueblo, que también nos acompañó en el rodaje de aquella película. Estoy aquí por dos motivos principales: el primer festival me resultó muy emocionante. Esto es más modesto, pero tiene la belleza y el encanto de atraer la participación de todo el pueblo; es muy conmovedor caminar por las calles y que la gente te conozca. Esa es la primera razón. La segunda es el estreno de Mata que dios perdona, una película en la que participé. Con este festival me identifica todo: Gibara, Miel para Oshún y el concepto de cine pobre que defiende. Este tipo de cine es una posibilidad real de aumentar la producción de películas tanto en Cuba como en América Latina. Mario Limonta (Actor cubano)

 
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CP 10400

Sergio Benvenuto - Director General
e-mail: festivalcinepobre@icaic.cu