III Festival del Cine Pobre Atras ATRÁS CUBACINE

NOTICIAS DEL III Festival de Cine Pobre
21 de abril de 2005

> El desayuno de hoy
> Soñar es sostenible
> Las películas deben emocionar, hacer memoria
> El día que filmó deMoler
> Nuevo espacio interactivo
> Lisette Vila está apasionada
> Como libro vital
> Participantes opinan

 

 


El desayuno de hoy
Debería leerse en pantalla.
Es que acabo de enterarme de que el mundo pierde cada año una superficie de bosque equivalente al tamaño aproximado de Portugal. O sea, unos 90 mil kilómetros cuadrados. O sea, 9 millones de hectáreas, debido fundamentalmente a la industria papelera. En una década se estima que se pierden cerca de 94 millones de hectáreas. Y aseguran que cada dos segundos se destruye una superficie de bosque primario equivalente a un campo de fútbol. Pero eso ahora mismo no tiene remedio. Si yo dejara de escribir estas líneas, el diario del Festival saldría de todas formas. Y poco sería lo que conjuraríamos.
Ya le escuché decir una vez a Bill Gates en la loma de Quintero que todo su gigantesco esfuerzo se reduce a eliminar el libro en papel para imponer el libro digital, el ganancioso eBooks. Horror, creo yo. Si ya creíamos desterrado, hasta por el propio Umberto Eco, aquel equívoco de: una imagen vale por mil palabras. La palabra está viva. La imagen también. Ambas conviven. No vale una menos que la otra.
Volvamos a las palabras, a su sonido de agua y luz. Retornemos a la imagen y a su prístina errancia.
Imágenes y palabras se vuelcan en la memoria como el viaje de Marcel Schwob hacia las perdidas islas del Pacífico. La anécdota es hermosa y está contada por Roberto Bolaño: Schwob tenía una salud muy frágil .
Emprendió en 1901 un viaje muy largo y azaroso en busca de la tumba de Robert Louis Stevenson. Cosas de genios, no más. El caso es que contrajo una pulmonía y estuvo a punto de morir. Viajó en compañía de su asistente, llamémosle así piadosamente, un chino llamado Ting, que se mareaba sin misericordia. Una noche Schwob, sintiéndose pésimo, descubrió que Ting estaba peor que él, su piel estaba verde como lechuga. Solo entonces supo la magnitud de su empresa. Al llegar a Samoa, después de mil vicisitudes, partió de regreso sin visitar la tumba de Stevenson.
¿Para qué? Stevenson no había muerto. Stevenson vivía en Schwob y su historia se reiteraba como espejos contrapuestos.
La memoria es inmortal o no es. Ergo, palabra e imagen también.
Y de eso se trata.
Buen provecho.
El Caminante

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Soñar es sostenible
Sesion del III FestivalParece ser el presupuesto sobre el cual transcurrió la sesión de la mañana de ayer,
En este tercer encuentro de Gibara, durante el coloquio consagrado a las diversidades culturales, el respeto al otro, la protección de las identidades nacionales, y la creación de redes audiovisuales regionales y funcionales, que permitan a nuestros pueblos y comunidades tener su propia voz en el concierto cinematográfico universal.
No es la primera vez, y tampoco será la última, que en un evento de esta naturaleza se invita a artistas, funcionarios, distribuidores, y promotores culturales a debatir, intercambiar experiencias o buscar soluciones sobre estos problemas que tanto han golpeado la imagen de nuestro continente.
Aunque hoy todos parecen ponerse de acuerdo sobre la protección de las diversidades culturales, empeño al que organizaciones como la UNESCO viene dedicando, foros, especialistas y valiosos presupuestos, la realidad ofrece pocas alternativas funcionales que permitan a nuestros pueblos encontrar su propia representación e identidad en la pantalla. Y es que precisamente, en esa funcionalidad, puede estar el quid del problema sobre el que los panelistas invitados en la mañana de ayer, hicieron hincapié.
La llamada democratización de las nuevas tecnologías, la apertura de escuelas de cine, la gran cantidad de festivales y muestras alternativas (el Cine Pobre es uno de ellos) o los discursos socioculturales que desde los años sesenta vienen produciendo un cambio
sustancial sobre los asuntos de género, raza y sexualidad, han transformado el audiovisual contemporáneo y generado todo tipo de expectativas, y posibilidades creativas, para los hombres y las mujeres de cine en todo el planeta. Sin embargo, los materiales audiovisuales producidos bajo estos presupuestos artísticos o conceptuales, no llegan a los lugares que deberían, pues para influir o cambiar las maneras de entender el mundo contemporáneo, para que el llamado de las minorías encuentre eco en las grandes masas poblacionales —o influya en las decisiones legales o estatales que en definitiva marcan el ritmo de la vida en el planeta— hacen falta todavía no solo sueños o ideas, sino sentido práctico y conocimiento real de las respuestas, que a nivel de
conciencia e interpretación se operan en los espectadores del mundo.
Pueblo de GibaraLas voces de una comunidad indígena sobre los acuciantes problemas que los acosan, no solo deben encontrar eco en su propias comunidades o regiones, de hecho es allí donde menos significación pueden tener, pues se trata en definitiva de eventos que ellos mismos dominan y sufren. Con acierto, Stefan Kaspar (Grupo Chasqui) llamaba la atención sobre “las energías que los cineastas, de la región latinoamericana, despliegan en la creación de una obra audiovisual que más adelante debe rentabilizarse en su adecuada distribución continental”, es decir en la medida que esos problemas o interrogantes, esa mirada otra, ese deseo de integración, encuentre espacio en las salas y yo diría, no solo en pequeños locales estos fenómenos podrán ser conocidos y generarán verdaderos cambios.
“No deben existir jerarquías culturales en el mundo de hoy”, tal es la opinión de Frédéric
Vacheron, representante de la UNESCO, quien relató las experiencias que la organización ha tenido en la representación de la imagen audiovisual de los pueblos indígenas, dentro de una visión muy contemporánea donde el término cultura parece estar más asociado al discurso antropológico que a las bellas artes. Humberto Solás en ese sentido planteó la interrogante sobre “cómo preservar justamente esa identidad indígena, si el espectador está contaminado”, en clara referencia a los mecanismos de recepción de las obras audiovisuales, cuando son apreciadas por un receptor identificado con los códigos y modelos de representación, impuestos por las grandes productoras y las industrias oficiales. Lisette Vila, desde su vasta experiencia en diversas comunidades y grupos sociales de la Isla, insistió en la necesidad de “respeto por la individualidad dentro de esas mismas concepciones sobre la diversidad cultural”, en clara alusión a los peligros que se ciernen sobre tan importante debate, cuando algunos pretenden encontrar también bajo ese manto una homogenización cultural. En ese sentido, la realizadora habló de su trabajo con los llamados grupos de riesgo, los
seropositivos, los transexuales y homosexuales, hombres y mujeres que todavía se sienten discriminados y olvidados por los propios medios, los mismos que abogan desde un discurso integrador por escuchar sus demandas, tal vez recordando aquello que reza: de buenas intenciones está empedrado el camino al infierno.
Gustavo Arcos Fernández-Brito

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Las películas deben emocionar, hacer memoria
asegura Porfirio Enríquez, director del Festival de Cine Iberoamericano de Huelva
Porfirio Enriqueze invitado especial a la cita del Cine Pobre. Director de fotografía de tres filmes cubanos, Gallego, Yo soy de dónde hay un río y Miel para Oshún, defiende los postulados del presente festival y sus logros a partir de claras fronteras entre el cine comercial y la vertiente llamada pobre.
“En primer lugar existe la frontera del talento. Nuestra principal discusión se basa en que el llamado Cine Pobre puede llegar a ser rico, y en algún momento lo será. Las obras tendrán mayor difusión y, por supuesto, más público.
Un cine con pocos recursos no tiene porqué tener una difusión
escasa, para ello es necesario conocer perfectamente las tecnologías, porque así llegamos a un número mayor de personas.”
¿Qué piensa del cine pobre que se realiza en Cuba y otros países de América Latina?
Es fabuloso. Es un cine memoria. Por ejemplo, Gabriel García Márquez, desde la literatura, se inventa unas historias que prácticamente podrían ser vividas. De hecho al llevarlas a las pantallas parecen reales.
Y esta me parece una de las razones fundamentales por las que el cine latinoamericano funciona en Europa y Estados Unidos. Muchos dicen que es diferente, yo mantengo que el secreto está en contar historias de gentes normales, ni más altas ni bajas. Se trata de personajes gordos, delgados, feos… comunes.
Este cine jamás habla de una araña que se come las personas, los aviones y los coches, porque no tienen ninguno de estos elementos. Somos los únicos países de Latinoamérica que estamos trasmitiendo nuestra historia y cultura en el cine. Cuando los norteamericanos ruedan lo hacen en las calles, sino en un estudio que simula una calle, y eso es decoración. No aporta a la memoria futura.
¿De cuáles vertientes y realizadores anteriores es deudor el cine pobre?
Sobre todo de la novel vague, del neorrealismo italiano, por mencionar ejemplos. También de grandes cineastas como Raoul Coutard, Néstor Almendros, artistas que han hecho películas sin recursos de ningún tipo. Todos le han dado a Humberto (Solás) el valor suficiente para definir este cine como pobre. Es necesario reconocerlo, porque, por ejemplo, yo pertenezco al primer mundo y esta expresión me suena muy fuerte, pero está muy bien.
Y Gibara, ¿qué es para usted?
Tuve la suerte de conocerla en el año 2000, durante el rodaje de Miel para Oshún, y lo que más me atrae, a parte de la ciudad que es una belleza, son sus personas. Me quedé atrapado, hace un rato le comenté a Humberto (Solás) que la próxima película tenemos que rodarla aquí. La prueba está en que he complicado a mi mujer y a mi hija para que la conocieran.
Siempre estoy dispuesto a hacer cine con realizadores cubanos, es una vieja deuda de familia. Mi abuelo materno descansa en Matanzas.
Martha María Montejo

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El día que filmó deMoler
Alejandro Ramírez ya tenía en su haber varios trabajos audiovisuales
en los que mostró su talento y vocación por explorar, desde una perspectiva antropológica, las relaciones entre los seres y el mundo que los rodea. No es de extrañar entonces que el joven realizador dirija su mirada ahora hacia uno de los fenómenos de mayor dramatismo y relevancia de los ocurridos en el último decenio en nuestro país: la reconversión de nuestra principal industria, la fabricación de azúcar. Cuando uno se sumerge y se deja llevar por las imágenes y testimonios que Demoler nos ofrece, percibimos que estamos ante un fenómeno de gran magnitud para la historia de Cuba. No viene al caso aquí señalar lo que ha significado, por espacio de al menos tres siglos, el cultivo de la caña de azúcar para la economía y la cultura nacionales.
Bastaría solamente recordar cómo nació en la isla el concepto de nacionalidad, gracias justamente a los beneficios que de este producto podían obtenerse.
Cuba siempre fue un país azucarero y buena parte de su cultura, especialmente la que se ha desarrollado en vastas zonas rurales, ha quedado marcada por este fenómeno.
Las aristas de este hecho son muchas, y variadas son también las opiniones que sobre este suceso pueden escucharse, sin embargo Alejandro Ramírez, decidió concentrarse en recoger los criterios de los más afectados, la gente que por decenios ha entregado toda su vida y sueños al trabajo en los centrales y cañaverales. Justamente ese es uno de los méritos de este documental, darle voz a los que más tienen que decir, no a las autoridades, o al funcionario que toma decisiones en una oficina a cientos de kilómetros de la tierra. Aquí no escucharemos cifras, ni estadísticas, ni por cientos de productividad, no es una obra didáctica, ni un reportaje; es un sentido material que incita a pensar, sobre los destinos de nuestra nación, de su gente y de su identidad.
Escena de DemolerDemoler fue la tesis con la que se graduó Alejandro Ramírez en la facultad de Comunicación Audiovisual del ISA. Su mirada es asentada, el ritmo, pausado, el tono no exento de melancolía y deja vu, decisiones artísticas que no carecen de sentido, pues conducen el relato por el camino de la observación y la reflexión, fórmulas comunicativas que se acercan más a la autoconsciencia que a la complacencia, y en ese sentido adquiere relevancia el trabajo de Orlando Pérez, en la edición, quien recurre al discurso asociativo, relacionando elocuentes testimonios de los sujetos entrevistados, con dramáticas escenas donde el central es desmantelado, operación que por cierto se nos va develando de forma paulatina en la segunda parte del material.
La secuencia del aula es precisamente una de las más acertadas. En ella las imágenes hablan por sí solas: un grupo de trabajadores de la industria intenta aprender algunas operaciones matemáticas, pero sus rostros, gestos y miradas no pueden ser más elocuentes, despertando todo tipo de interrogantes en el espectador sobre el futuro de estos seres y su “pacífica” reinserción en otras labores agrícolas o sociales. El hecho adquiere una connotación trágica sobre todo cuando, subjetivamente, nos situamos en el mundo de estos seres, enfrentados de forma inexorable a su propio destino.
Y es que de eso se trata: de mostrar los conflictos de la realidad, y no tratar de pasar por mero observador imparcial. Cuántos documentales vemos cada día que solo se regodean en lo conocido y lo supuesto, utilizando formas retóricas y sujetos sin conflictos, palabras nobles y finales edulcorados, pero a los que nunca se les ve la fibra, el sentido de provocación o la voluntad de hurgar en el flujo de la vida, para intentar develar, siquiera meramente, los conflictos, el lado oscuro de nuestra existencia.
Gustavo Arcos Fernández-Brito

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Nuevo espacio interactivo
se abre en el Festival Internacional del Cine Pobre,
A partir de hoy mismo, siempre a las 6:00 de la tarde, y en la Casa de la Cultura gibareña. Se trata de una sección pensada para la navegación colectiva, o mejor dicho, para que todos los interesados nos adentremos en el Videoarchivo del Festival, DVD en el cual se incluye copiosa y completísima información sobre la primera edición de este evento.
El DVD cuyos secretos apreciaremos hoy, y en los días siguientes, contiene el documental completo de Fernando Carapella sobre los principales momentos de la primera edición del Festival, amén de seis largas entrevistas con personalidades como Humberto Solás, Julio García Espinosa, Omar González y Thomas Krempke, entre otros, a propósito de los grandes temas del Festival, es decir, cine de bajos presupuestos, digital, impacto democratizador de las nuevas tecnologías, el problema de la distribución del cine pobre, etc.
Además de exhibirse el documental, y de proporcionarnos la ocasión de rememorar los principales conceptos que animaron la primera edición del Festival, en este espacio interactivo se explicará con ejemplos qué está haciendo ahora el grupo de Carapella, encargado de fijar en soporte digital la memoria de estos encuentros, y se ofrece la irrepetible oportunidad única de consultar una base de datos única en su contenido, pues solo aquí se archiva y se exponen las muchas ideas que nos han animado durante tres años, así como su evolución. Con todo este contenido antes se hubiera preparado un volumen de muchas páginas, con unas cuantas fotos. Ahora se ha preparado un DVD, que contiene muchas veces más la cantidad de información del supuesto libro, que contiene muchas más imágenes, en fin, una obra que consigue atrapar el espíritu vivo de estos encuentros. A nuestra disposición queda.

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Lisette Vila está apasionada
con el tema de la diversidad cultural y sexual; su pasión comporta una actitud pacífica
pero de inclaudicable defensa de sagrados valores, como lo demuestra en una de sus más recientes obras: Sexualidad, derecho a la vida, que ahora concursa en el Festival Internacional del Cine Pobre y que podremos ver en las pantallas dedicadas a este efecto.
El documental está resuelto desde la técnica expositiva de la entrevista, que se torna acuciosa, reveladora de los mínimos gestos, cuando se acerca a cada uno de sus protagonistas: un grupo de travestis de distintas razas, que han encontrado el respeto y la aceptación tan necesarios para todos los seres humanos en el Centro Nacional de Educación Sexual, un plan de acción del fondo global de la ONU contra enfermedades de
transmisión sexual y SIDA.
Lissette VilaAdemás de ese testimonio veraz, y recogido con efusión y de primera mano, el documental incluye otras muchas secuencias en las cuales se torna más observacional, “objetivo”, y propone a sus protagonistas (gente lastimada, hiperestésica, acostumbrados al fracaso y la derrota) prestos a crecerse y a empezar de nuevo, a cambiar de vida, a mirarse sin petulancia ni autoconmiseración. Tenemos a Lisette Vila en Gibara, y por ello me pareció mejor que ella hablara directamente con los lectores de Cine Pobre Hoy.
Conversar con Lisette, sobre cualquier tema es un placer, por lo menos para mí siempre lo ha sido. Aunque no siempre estamos de acuerdo ni mucho menos, el caso es que ella es de esas personas a quien uno termina agradeciéndole su afecto sin amnesias de ocasión, su canto al porvenir, su telúrica entrega a las causas que ha defendido con sudor, alegría y hasta sangre si fuera menester.
Dicho en pocas palabras: Yo me declaro fanático de la gente apasionada y sincera, y por eso me gusta tanto Lisette, porque es de verdad desde los pies a la cabeza, y ella es la primera que no va a permitir que nadie se equivoque a ese respecto. No interferiré en el diálogo de esta importante realizadora cubana con su potencial público del Festival, como tampoco me gusta que nadie interrumpa cuando Lisette me cuenta de los temas que de veras la atañen, y que siempre terminan siendo, gracias a su calor y elocuencia, medulares también para mí.
“Estoy convencida que mi documental está profunda y orgánicamente vinculado al tema de la diversidad cultural y al espíritu que anima este evento, porque en este nuevo siglo uno de los desafíos que se nos presenta es comprender con precisión la profunda coherencia que existe entre las opciones sexuales individuales, y la diversidad cultural entendida desde los grandes colectivos humanos, es decir, la comunidad en que se habita, el país, el mundo.
La UNESCO ha venido promocionando un discurso de fomento a una cultura de la paz, pero tiene que existir también el convencimiento de que ese concepto se construye de manera personal, individual e intransferible”.
“Mientras las personas vean la diversidad, y hablen de ella, como algo ajeno, para los otros, sin incluirse, sin comprometerse, no habrá armonía y seguirá existiendo la exclusión.
Todos somos parte de la diversidad cultural, todos, absolutamente todos, y por lo tanto más que seguir hablando de ella desde los estrados y los eventos, tiene que formar parte de la vida diaria de la gente, y del modo en que todos nos vemos a nosotros mismos”.
“Pienso a pie juntillas que la heterosexualidad no es un valor en sí misma, y por tanto no confiere derechos para que alguien juzgue o menosprecie a los que no son como él o ella. Solo fortaleciendo los espacios de la espiritualidad, y rindiéndole tributo a lo bueno que todos llevamos dentro, tendremos la posibilidad de fomentar un cambio necesario de estilo de vida, de modo que logremos entrelazar conciencia y sentimiento, y así instaurar en nuestras existencia el respeto inalienable al otro y a la otra, la mejor manera de alcanzar el progresivo mejoramiento humano. Si no hay respeto a los demás, a los que son distintos de uno, todo lo que digamos sobre diversidad y aceptación quedará en el plano de la retórica.”
El documental Sexualidad, derecho a la vida ha participado en el Foro Social de Porto Alegre (Brasil), donde fue elegido en el taller de clausura del Foro, y también ha sido exhibido en un microcircuito en Nueva York, consagrado a estos temas de la diversidad sexual y racial, y en el Congreso Mundial de Sexualidad, en Toronto, Canadá. Lisette Vila me dijo que no fuera a dejar de decir que este Festival le parece un lugar idóneo para exhibir su documental, y para hablar de diversidad, que vienen a ser dos operaciones conectadas profundamente, pues el hecho de que ocurra en un pueblo del interior del país, donde participan tantos cineastas preocupados por democratizar la profesión sin dejar de tocar grandes temas humanos, resulta una seducción a la cual ella no quiso ni pudo resistirse.
“Gibara es el escenario por excelencia de la diversidad”, me dijo profundamente convencida, como dice todas las cosas.
Joel del Río

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Como libro vital
para la creación y distribución del Cine Pobre
puede definirse el texto Cine, cultura y nuevas tecnologías, editado por la Oficina Regional de Cultura para América Latina de la UNESCO, y el Festival del Nuevo Cine Latinoamericano.
Presentado durante las sesiones del Festival de Cine Pobre, el manual propone un compendio de conferencias de varios críticos y especialistas impartidas durante el Seminario de reflexión sobre los medios audiovisuales, diversidad cultural e identidad ante los retos de las nuevas tecnologías, que sesionó en La Habana en diciembre del 2002.
En sus páginas, resaltan disertaciones dedicadas a Nuevas tecnologías, fuente de libertad, de Alfredo Guevara; Revolución digital, globalización y ética, de Ignacio Ramonet; Impacto político de las nuevas tecnologías, de Enrique González Manet, entre otras.
Cada tema tratado deviene esencial para los procesos de creación y distribución del llamado Cine Pobre, necesitado con urgencia de la debida apropiación de los novedo- sos avances tecnológicos. Lo anterior, no desestima poner en tela de juicio los fenómenos “desidiologizantes” y la pérdida de auténticos valores culturales y éticos que suelen ocurrir en varias ocasiones en el trepidante mundo digital.
Sobre esta última idea, Ignacio Ramonet, director de Diplomatique , reflexiona ingeniosadad al decir: “La revolución digital ha favorecido la globalización de los mercados, de los circuitos financieros y del conjunto de redes inmateriales, así como la desregulación radical”.
Desde un punto de vista más cercano al cine, el realizador cubano Daniel Díaz Torres en su conferencia Reflexión agnóstica de un usuario lego de las nuevas tecnologías, alude a la necesidad impostergable de que siempre sea un artista el involucrado en las creaciones vinculadas con las nuevas tecnologías.
El director de Alicia en el pueblo de las maravillas, Quiéreme y verás, Kleines Tropicana y Hacerse el sueco, refiere: “Podrán ser técnicos calificados, ingeniosos operadores de equipos electrónicos (y digitales), hacedores de curiosas y elegantes imágenes, constructores de calidoscopios de efímera fascinación, pero no verdaderos artistas (…) poco aptos para la compleja defensa de identidades culturales propias”.
Martha María Montejo

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Participantes Opinan
A Cargo de Sayonara Tamayo

La importancia de este festival está en todo lo que puedo aprender. Aprendo permanentemente de ustedes. Son dificultades muy parecidas a las que tenemos nosotros, pero a nosotros nos falta probablemente lo que más seduce: la poesía. Este festival permite transmitir lo que se hace: transmitir, contar, comunicar. Yo soy comunicadora. Me causa mucha curiosidad esta reunión. Me alienta mucho eso de llevar lo que hacemos más allá de donde estamos. El año pasado cuando vi el término del encuentro me dije: “esto hay que moverlo”. Moverlo quiere decir, por ejemplo, el hecho de realizar una muestra del Festival Internacional de Cine Pobre en otras partes. Eso, por supuesto, revierte una importancia grandísima para el cine indígena porque probablemente va a haber material relacionado con el cine andino. Mariella Stuart (Miembro del jurado en la categoría de guiones inéditos y proyectos en progreso)

No tengo otra forma de hacer cine. Esa es mi identificación con el Festival. Si tuviera mucho dinero haria “cine de ricos”. Es un problema de contexto. Por eso creo que mucha gente en Cuba hace películas de este tipo. Una parte importante del cine de bajo presupuesto radica en la independencia que te permite, ya sea la independencia del acto de filmar, de escribir un guión, de hacer lo que tú quieras y no tener que pasar por las instituciones. El gran premio para Waldo Capote y para mí está en que nuestra película fue escogida para abrir el Festival. Lo importante es que hicimos una historia y la pudimos contar. Tuvimos también la oportunidad de que la gente la viera. Esa es la razón de ser de nosotros como realizadores: comunicar, contar una historia. Todos tenemos una historia para contar. Armando Guerra (Realizador cubano, en competencia con el filme Für María)

Para los jóvenes esta es una experiencia muy buena. Este Festival con sus muestras, con las personas que aquí se conocen, te da la posibilidad de que te empiece el “cosquilleo” ese de tú también hacer, de tú también comunicar. De hecho demuestra que con poco se puede hacer mucho y con calidad. Siempre sin perder la perspectiva, con mucho o poco, de que hay que hacer arte. Fuera de todo, eso es lo que debe primar. Para todos es una gran experiencia. La gente puede escoger a Gibara como una especie de paraíso, no solo para el trabajo, sino para el disfrute y eso no se debe perder de vista. Este lugar me encanta. Ojalá que viva muchos años y que crezca. Y que nosotros lo hagamos crecer. Jorge Herrera (Estudiante del Facultad de Comunicación Audiovisual del Instituto Superior de Arte)

Carlos BarbaEste tercer encuentro solidifica el espíritu que se persigue con la idea del Festival. La convocatoria es mayor. Mi relación con el cine pobre ya es “crónica” en el sentido de que es una plaza fuerte para poder irradiar todas las inquietudes de los realizadores que pasamos muchas “odiseas” para poder llegar a terminar la obra. Este año el festival ha traído un verdor, no solo el de la lluvia, sino el de lo interesante del intercambio con los realizadores, que estamos como atrapados en esta hermosa ciudad y eso es lo que hace al Festival más íntimo, más personal. Podemos intercambiar mucho sobre lo que se está haciendo, sobre los grandes problemas de estas producciones que se tornan difíciles en cuanto a la distribución. Mi documental Mujer que espera se hizo con mucho trabajo, pero con muchos deseos. Agradezco la participación de personas muy profesionales del medio como el director de fotografía Carlos Rafael Solís e Isabel Santos. En eso también radica el carácter humanista del Festival: en que personas que están acostumbradas a trabajar con la impecable factura del celuloide se sumen a estos proyectos por pasión y amor al cine. En sentido general, se está revolucionando, en el cambio de visión de personalidades grandes que están apostando por apoyar a realizadores jóvenes y a proyectos humildes, pero con contenido. Carlos Barba (Realizador cubano, en competencia con el documental Mujer que espera)

 
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Sergio Benvenuto - Director General
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