El
desayuno de hoy
se complementa con neuronas. Valdría
preguntarse qué es lo verdaderamente necesario
o imprescindible para hacer de este Festival un centro
de atención todavía mayor, no digo ya
para los gibareños (a pesar de que nos siga doliendo
ver la amplia sala del Jibá vacía, máxime
sabiendo que hay muy pocas oportunidades de asistir
a estrenos rotundos como los que han tenido lugar por
estos días aquí), sino en especial para
la vida cinematográfica de nuestro país.
Mayor y más coherente promoción nacional
e internacional, por ejemplo. Mayor nivel de convocatoria,
además.
Y
esto que sigue es para los lugareños: El Festival
no es solo su acento de fiesta local, de propiciar sucesos
socialmente memorables (la inauguración, con
todo una multitud entonando orgullosa el Himno de Gibara,
la Villa Blanca de los Cangrejos, es emocionante), sino
la puerta de acceso a auténticas expresiones
artísticas que son la médula y la razón
de existencia de esta cita. También sucede que
los espacios escogidos no son siempre los idóneos.
Antenoche fui a la reposición de La última
cena en 16 milímetros.
¿Dónde?
En la pared de una cafetería, con audio pésimo
y sin condiciones.
Aprovechemos
la sabia confluencia de modos de hacer , l a coincidencia
de lo diverso, el abrazo del otro con su propio yo.
No posterguemos el crecimiento espiritual, que nunca
es tarde. Todo Festival es un poco Babel y es también
terra franca, libertad perpetua, diálogo fecundo.
Una buena película, hecha con muchos o pocos
recursos, derriba cualquier teoría sobre la muerte
del cine. ¿Quién necesita Titanic?, se
preguntó Costa Gavras. No lo sé, quizás
nadie, quizás millones en el mundo, pero a mí
me gustó mucho más Titanic que su sobrevalorada
Amén, con sus tufillos moralizantes. Así
es la vida.
Parafraseando
a Niestzche puedo decir mientras camino hacia la costa:
¿De qué sirve una historia que, en su
unicidad, no nos acerque a un montón de excelentes
historias?
No
sirve de mucho. Habrá que pensar en ello.
Buen provecho.
El
Caminante
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Convocadora
y polémica fue la conferencia de ayer,
ofrecida
en el cine Jibá por Thomas Krempke
especialista
en postproducción de la firma Swiss Effects,
una de las principales instituciones auspiciadotas de
este Festival, y encargada además de entregar
uno de los principales premios de este evento: el ampliado
de video digital a 35 milímetros al largometraje
resultante de realizar el guión elegido ganador.
En
su ilustrativa conferencia, ofrecida en perfecto español
y con todos los detalles y la exactitud que cabe esperar
de un brillante especialista en tecnología que
trabaja en Suiza, Krempke comenzó aclarando que
incluso en los países ricos y primer mundis-
tas, como Suiza, España o Estados Unidos, es
difícil para los jóvenes y los realizadores
noveles en general, acceder a los recursos económicos
para realizar un filme. También debe tenerse
en cuenta que incluso en naciones como estas se hace
cada vez más arduo recuperar la inversión
la taquilla, ya sea mediante las recaudacio- nes nacionales
o en concepto de ventas al extranjero.
Por
todo lo anterior, la empresa Swiss Effects busca la
manera de que resulte más económico y
accesible el camino del encuentro de un filme, de pequeño
presupuesto, con un público que espera la calidad
de imagen ofrecida por el celuloide en 35 milímetros.
Ya sea de origen norteamericano, francés, de
Korea, México, Alemania o la propia Suiza, los
filmes son asumidos por la empresa mencionada en los
más diversos soportes digitales (por supuesto
se está hablando de obras cuyo bajo presupuesto
y realización “pobre” no impide la
riqueza de contenido, emoción y alcance cultural)
y después se les aplica el proceso de quinescopado
y de conversión a celuloide.
Claro
que el proceso todo es mucho más complejo de
lo que aquí cuento. E incluso más difícil
y alambicado de lo que puede explicar en palabras el
muy elocuente especialista suizo, quien decidió
acompañar la exhibición de decenas de
ejemplos (fragmentos de filmes bien famosos, premiados
en festivales, reconocidos a todos los niveles e internacionalmente)
con sus cartesianas y abundosas explicaciones, en las
cuales no dejó de referirse al necesario ajuste
previo de las cámaras, y a la necesidad de ejecutar
una postproducción en computadora muy bien pensada,
con vistas a que el filme, ya en celuloide, pueda ofrecer
la atmós- fera, el granulado, la gama de colores,
la nitidez y el contraste a que aspira la historia.
Entre
los filmes cuyos fragmentos exhibió Krempke en
el cine Jibá, como muestra del excelente, y también
noble, trabajo que realiza Swiss Effects, se contaba
Amantes, del actor francés devenido director
Jean Marc Barr, el argentino Memoria del saqueo, dirigido
por Fernando Solanas (una obra a la cual hubo que aplicarle
un proceso de “igualado” en la conver-sión,
pues el material originario había sido realizado
en los más diversos soportes) y el mexicano La
perdición de los hombres, que el maestro Arturo
Ripstein decidió realizar en blanco y negro.
Dentro
de los muchos ejemplos mostrados, de filmes “hinchados”
por Swiss Effects, había algunos que se realizaron
con cámaras muy pequeñas y nada profesionales,
y también los había cuya realización
había sido muy barata, pero la postproducción
se encarecía en tanto se le añadieron
efectos como ralentis, blurr, fotofijas y otras manipulaciones
de la imagen que resultan altamente impactantes cuando
están en función de algún concepto
que el público pueda interpretar o discernir.
Es decir, que mediante Thomas Krempke volvimos a confirmar
la idea de que el Cine Pobre no tiene que ser indigente,
artesanal y pedestre, sino que puede abrirse a las estrategias
comunicativas y soluciones de imagen muy ricas poderosas,
en términos comunicativos y de trascendencia
cultural.
Al
principio de la intervención de Thomas Krempke,
que fue refutada, interrogada y ratificada por varios
asistentes, dijo él que estos encuentros no se
hacían para demostrar cuán buenos eran
en Swiss Effects, sino para ofrecerle caminos y posibilidades
a los realizadores del Cine Pobre contemporáneo.
Las aperturas que propuso el especialista estoy seguro
que resultaron provecho- sas, pero además demostraron
lo buenos que son en Swiss Effects. ¿Por qué
no decirlo, si es absolutamente cierto y está
a la vista?
Joel
del Río
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Hijo
del festival es Kanka
guión
en competencia que cuenta una historia en la cual se
juntan los caminos de un soldado cubano y una mujer
angolana. Nació del proyecto emprendido por Consuelo
Ramírez, escritora y realizadora cubana, y Ugo
Adam, cineasta argentino, quienes se conocieron en la
primera edición del Festival Internacional del
Cine Pobre (2003).
Con
este encuentro, al parecer fortuito, se concretó
una de las mayores aspiraciones del Festival, propiciar
un clima de fraterna interacción. Guionistas,
realizadores, actores y productores comparten ideas
y generan proyectos que hacen más plurales y
provechosas las jornadas del encuentro donde coinciden
participantes de diversas partes del mundo. Según
Consuelo, “se trata de una historia abstracta
y filosófica, sin embargo Ugo vio en ella la
posibilidad de llegar al cine y fue ahí donde
comenzó a gestarse el proyecto”. Fue entonces
que entregó su cuento al cineasta argentino,
sin albergar muchas esperanzas. Para asombro y fortuna,
pocos meses después del primer festival de Gibara,
recibió la primera versión.
Hasta
la fecha, Ugo ha enviado a La Habana las versiones impares
del guión, mientras que Consuelo ha elaborado
la segunda y la cuarta (esta última la que opta
por el premio en este Festival). La búsqueda
de la perfección en ambos se encamina a alcanzar
una historia capaz de atraer al espectador exigente
y también al más ingenuo.
El
guión guarda referencias a los orígenes
de la tragedia griega. El argentino afirma que vio en
Kanka una obra donde aparece un héroe que entrega
todo sin tener nada en las manos. “Aquí
el amor enaltece a la película en la que la protagonista
se convierte en antagonista positivo y viceversa.”
Es un juego narrativo que contiene subtextos, hilvanados
de manera tal que serán disfrutables por todos
los públicos.
Ambos
aseguran que trabajan de conjunto para mover corazones
y que la gente se meta dentro de la historia y vibre
con la pasión de Abigail y Kanka.
José
Ramírez P.
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Un
serio punto de giro
en la filmografía del realizador cubano Miguel
Coyula, representa Cucarachas rojas (2003), su más
reciente película, cuya historia ocurre en 2020
en una New York más cercana a las ensoñaciones
de Philip K. Dick que generaron las de Blade Runner,
que de la metáfora lustrosa y sonriente del futurismo
progre.
En
la esfera de esa posibilidad cabe el dilema de Adam,
el protagonista. Su conflicto se desata a partir de
un punto de giro definitorio: en los primeros minutos
de la película lo vemos romper con su novia.
Él es demasiado lúcido, y por eso mismo
amargo, para soportar por más tiempo la mentira:
tanto la chica como su relación son el apéndice
que lo unen a un mundo hipócrita y perverso,
que enajena al hombre con u n a n e u r o s i s d e
bienestar que no le dejan ver cómo renuncia a
la libertad cuando se entrega sin lucha a la tiranía
de las convenciones y el bienquedar.
Ese
retablo sirve a Coyula para ejercitar sus dotes de anarquista.
Aún siendo este su más aristotélico
relato hasta hoy, no obsta para que su cine de fondo
transgresor y cargado del dolor de las existencias absurdas,
del rechazo al diferente y de la imposibilidad de ser
feliz en un mundo donde el sinsentido cunde cada minuto
vivido, encuentre asiento aquí.
En
esta película, la inclinación manifiesta
de todo su cine por la sugerencia ambiental y la experimentación
tonal alcanzan su confirmación. Véase
ese proemio en el cual unas cuantas fotos familiares
convenientemente hilvanadas con cintillos de prensa,
efectos sonoros e insertos visuales sitúan los
antecedentes argumentales de situaciones con las cuales
establecerán vínculo en el momento adecuado.
Mas,
sobre todo ello, su habilidad para crear atmósferas
introduce en la estructura fílmica una permanente
irresolución, acentuada por el estado de inminencia
que logra desplegar a través de múltiples
sugeridos que abocetan un mundo con leyes propias, al
punto de no importunarnos ni perturbar nuestro umbral
de tolerancia al verosímil los parajes futuristas
o esos detalles animados incrustados a la imagen; universo
extraño pero familiar, pues comenta la desolada
condición hipócrita de las sociedades
humanas y la enajenación existencial de los individuos
que se deciden a observarlas críticamente.
Si
bien es en Cucarachas... donde menos didáctico
se hace su trabajo, donde mejor sumergida en una trama
dramática legible están sus obsesiones,
no queda a salvo de lugares comunes y exhibicionismos.
El visible esfuerzo de la puesta en escena, que se corresponde
con el desborde palpable de la visión personal
y la ejecutoria improvisada a la manera de un cine de
autor del tipo hombre orquesta, hace que por momentos
se perciba el regodeo en la generación de esas
atmósferas, también por momentos como
pre-hechas, dotadas de cierta dosis efectista que se
confirma allí donde muchos elementos de suspenso
quedan subutilizados o sin continuidad, o en la resolución
de ciertos núcleos de sentido acerca de los cuales
recibimos insuficiente información, mientras
que acerca de otros recibimos constantes referencias.
Hay
contradicciones evidentes entre el plano alegórico
del relato y su vocación realista, lo cual se
expresa además en cierta confusión momentánea
de los actores, quienes, como en el caso de Adam, dudan
entre desarrollar más la complejidad de las reacciones
de su personaje a los desafíos que sus elecciones
le plantean o mantenerse en el plano distante y clínico
del inadaptado que encarna.
El
caso de Coyula es peculiar: no se trata de que le interese
usufructuar su origen geográfico como ingrediente
determinante de su discurso estético, sino de
una clase de creador que, aparte de promulgar una identidad
híbrida, de ciudadano de la aldea global, cuyo
ámbito expresivo se ubica más allá
de los conflictos de pertenencia o identidad, abre para
la audiovisualidad cubana la discusión alrededor
del paradigma desde el cual se desea emitir un juicio
sobre la realidad.
Dean
Luis Reyes
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El
marcado interés
de los gibareños ausentes por participar en el
Festival del Cine Pobre se materializa en esta edición,
cuando 37 hijos de esta Villa, residentes en la capital
del país, visitan el territorio para compartir
con su pueblo la alegría y magnitud de esta fiesta.
Dentro
de las actividades se prevé realizar un reconocimiento
a Humberto Solás por haber sido galardonado con
el Premio Nacional de Cine 2005, lo cual sucederá
hoy durante el desarrollo del encuentro en los barrios
con delegados e invitados del festival.
Entre
los visitantes se encuentran Alejandro Ferrás,
combatiente del Moncada, y el periodista Julio Batista,
quien fuera declarado al igual que Solás miembro
de honor de la Comisión de Gibareños Ausentes.
Mirledis
Almaguer
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¿Hacían
fotografía pobre
todos
y cada uno de los componentes de aquella maravillosa
nouvelle vague , Raoul Coutard (Á bout de soufflé,
1959) o Néstor Almendros ( L'enfant sauvage.
1969)? Rodaban sus películas sin medios, con
muy poca iluminación, cámara en mano.
Hacían lo que hoy serían películas
de bajo presupuesto. Con ellas marcaron la historia
del cine y no solo la del francés, sino que cambiaron
la forma de hacer cine de muchos cineastas de todo el
mundo. Se trataba de contar historias con los elementos
imprescindibles para ello. Una cámara, un magnetófono
y unos actores, ¡ah!, y un guión, sin él
no hay historia.
La
verdad es que recordando algunas de esas espléndidas
películas, nunca me había planteado si
ellos, maestros de todos los que peinamos canas, algunos
buenos amigos como los nombrados, se dedicaban a la
fotografía pobre y por el contrario, gentes del
otro lado del mundo cinematográfico, como John
Alcott (Barry Lyndon) rodaba con emulsiones de negativos
Kodak fabricadas para cada plano, dependiendo de la
iluminación que planteaba para cada escena, utilizando
lentes ultraluminosas, fabricadas por la NASA, y qué
sé yo cuánta sofisticación más
para hacer, eso sí, una maravilla, a la cual
¿se le podría llamar fotografía
rica?
Los
medios ténicos y económicos serían
los que pudieran “definir” la fotografía
de una película en cuanto al concepto “rica-pobre”.
¿Alguien ha pensado alguna vez en definir la
fotografía de una película como rica o
pobre? Cuando se plantea una película de presupuesto
normal, ¿cómo es el planteamiento de la
fotografía? ¿Y cuándo se plantea
una de bajo presupuesto?
Yo
he rodado películas de todos los presupuestos,
y nunca me he planteado que la fotografía estuviera
al servicio de otra cosa que no fuera la obra cinematográfica.
Lo cual no quiere decir que tomen una de la otra el
apelativo económico con el que se definen determinados
filmes.
El hambre aguza el ingenio, a menos medios más
talento. Quizás lo cierto es que muchas veces
con pocos medios se consiguen buenos resultados, pero
generalmente con medios el talento llega más
fácil a encontrar soluciones excelentes. La fotografía,
rica o pobre, con medios o sin ellos, brillante o cutre,
lo que no debe es resaltar, hacerse protagonista. Es
fundamental que la película y la fotografía
coincidan en el estilo.
Actualmente,
con la incursión de los sistemas de vídeo
en la cinematografía, existe bastante confusión
entre los directores de fotografía. Las nuevas
herramientas al alcance de todos, el etalonaje o dosificación
digital, convierten a muchos en fotógrafos de
ese momento. Ahora bien, un director de fotografía
es aquel que diseña, que plantea y ejecuta la
fotografía de la obra cinematográfica
más allá de los conceptos puros económicos,
lógicamente dentro de los parámetros que
el productor le haya marcado. El resultado será
bueno o malo. Estará de acuerdo con la película
o no tendrá nada que ver, pero en ningún
caso será “rica o pobre”.
En
resumen: ¿hay fotografía pobre? Sí.
Aquella que no está diseñada para narrar
una historia y que además es mala, esa que nos
distancia y no nos ayuda a comprender o a disfrutar
de la película que vemos.
Todo
esto nos llevaría a un debate interesante con
jóvenes que tienen otros conceptos de valores
estéticos de la obra cinematográfica,
un debate que sin dudas sería esclarecedor y
pondría un poco de orden en el confuso mundo
del video-cine-video que, en este momento, vivimos acaloradamente
entre transfer y transfer.
Porfirio
Enríquez
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Pocas
veces se cuenta
en un festival cinematográfico ubicado en el
Tercer Mundo con el lujo y el placer de la exposición
fotográfica que se propone a todos en el patio
interior de la Casa de la Cultura gibareña.
Con 53 instantáneas
relativas a los diversos aspectos de los más
célebres rodajes realizados en Babelsberg, los
estudios de la firma alemana UFA, por algunos maestros
del cine silente alemán, Friz Lang, Josef Von
Sternberg y Friedrich Murnau, entre otros.
Se
trata de imágenes que reflejan perfectamente
la gran calidad que alcanzó la fotografía
en Alemania durante la primera mitad del siglo XX, período
que incluye el desarrollo del expresionismo, con sus
famosos claroscuros, y otras modalidades precursoras
del realismo socialista soviético y del neorrealismo
italiano. Porque debe recordarse que junto con las fantasías
góticas del expresionismo, había un cine
dirigido a lo cotidiano y a la gente común, y
de todo ello nos informa la exposición fotográfica
a que hacemos referencia, donde aparece desde el departamento
de copiado y de vestuario de Babelsberg, hasta las grandes
figuras, momentos y títulos medulares del cine
germano: Doctor Mabuse y Los nibelungos, El ángel
azul y El último hombre, Golem y Metrópolis,
Marlene Dietrich, el arribo del sonoro, la nacionalización
de la industria por parte del partido nazi, el cine
de propaganda nacional-militarista… hasta el último
largometraje de ficción terminado en 1944 en
los estudios de Babelsberg, la ciudad célebre
que en algún momento se conoció como el
Hollywood de Europa.
La
última foto de esta exposición cronológica,
muestra los estudios destruidos. Fue tomada en el verano
de 1946. Así terminaba la historia de la sociedad
productora UFA y de un estudio que se había inaugurado
en 1912.
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Participantes
opinan
Es la primera
vez que vengo al festival de Gibara. He podido comprobar
aquí que una imagen vale más que muchas
palabras. Siento que ha sido una experiencia muy importante
para todos nosotros desde el punto de vista de que somos
una agencia de prensa que hemos incursionado en la concepción
de audiovisuales a través de documentales. El
conversatorio con Thomas Krempke es muy importante para
mí porque me permite tener un diálogo
con la gente y me ha aportado también en el desarrollo
de la realidad cubana, latinoamericana, poder llevarla
a través de la imagen documental, no solamente
en la prensa escrita. Es una cita muy buena. Nos da
mucho ánimo para poder incursionar en otros aspectos
de la información en este caso de la información
audiovisual. Por la importancia de este evento hemos
mandado información para la central nuestra que
está en Montevideo. Este es un festival que está
muy bien concebido para abrirle la mente a la gente
y también hace que la gente comprenda por qué
caminos debe incursionar en el futuro. Elsa
Methol (Directora de la agencia de prensa internacional
Inter Press Service)
De
estar vivo físicamente Santiago Álvarez,
hubiera abrazado tremendamente esta iniciativa de la
realización de bajo presupuesto. Recuerdo que
sus últimas obras se hicieron en video, porque
era imposible hacerlas en 35 mm por el costo y las dificultades
que había. Santiago era de la tesis de que la
cuestión no estaba en si el soporte era más
caro o menos caro, sino en que la inteligencia era lo
que estaba detrás de la cámara. Pienso
que éste es un evento revelador. Yo estoy realmente
impresionada con las muestras, los encuentros y la forma
tan familiar en que se hace todo. Me alegro mucho hace
todo. Me alegro mucho de que eso esté pasando.
Nosotros tenemos un encuentro en Santiago de Cuba, cuya
esencia es la misma: encontrarnos, discutir, conocer,
ayudarnos. El encuentro sobre diversidad cultural me
pareció fabuloso. En verdad tenemos que conocernos
y respetarnos los unos a los otros. Tenemos que aprender;
no siempre hay que pensar que vamos a enseñar.
Ahí está la retroalimentación.
Realmente felicito a Humberto por esta iniciativa. Me
siento muy bien aquí. Primero por poder conversar
con mucho de los participantes e intercambiar criterios.
Al final todos luchamos por lo mismo: por nuestro cine,
que se conozca, que se difunda y no se quede en meros
festivales si al final no se logra nada. El festival
va por buen camino; va con paso firme para alegría
de todos nosotros. Lázara Herrera
(Directora de la Oficina Santiago Álvarez)
Vine en
el 2003 porque tenía un documental en competencia.
Me gustó y encontré la oportunidad de
estar aquí otra vez. Vengo ahora con un documental
(Documentos personales) en concurso y un largometraje
(Mata que Dios perdona) que es mi ópera prima
de ficción. Mata… es un suspenso un poco
áspero, una película contada de manera
no lineal. No tiene nada que ver con la vida política
o social ni de antes, ni de ahora, es más bien
intemporal. Documentos personales es algo que yo hace
rato tenía deseos de hacer: un documental sólo
con fotos. Soy documentalista y en 15 minutos trato
de reconocer La Habana de los noventa. Con el cine pobre
me identifican las nuevas maneras de producir en Cuba.
Y es cómico, porque estás haciendo un
festival de lo que, para muchos, es el anticine. Más
que todo es un evento para los que tienen grandes deseos
de hacer cine. Antes que tener mucho presupuesto, el
hecho de tener una idea de poco staff, pocos actores,
de historias muy concretas con menos escenarios, va
a ayudar en la calidad de lo que se haga. Cine pobre
no quiere decir escasez de criterio en lo que se propone;
es pobre en materia de presupuesto. Ismael Perdomo
(Realizador cubano) |