¿Cómo
se habla de lo que siempre ocurre y sin embargo sigue
siendo bueno, cálido, lleno de sinceridad y de
afecto? Ayer, entre finales de la tarde, el crepúsculo
y la horas de la luna casi llena, se registró
por otra vez el cálido recibimiento de los barrios
a los delegados y participantes de este tercer encuentro.
Al son de la música, el baile, los poemas, las
improvisaciones, y las delicias que se prepararon en
decenas de hogares de esta hospitalaria villa, se ratificó
la voluntad de los lugareños de entregarle al
Festival su cariño y su orgullo. No hay riqueza
mayor que tanto amor compartido. La única pobreza
irremediable consiste en no saber
La
palabra del momento
parece ser áspera, la empleó por primera
vez el realizador cubano Ismael Perdomo para definir
su película Mata que Dios perdona La palabra
del momento parece ser áspera, la empleó
por primera vez el realizador cubano Ismael Perdomo
para definir su película Mata que Dios perdona
y en la mañana de ayer viernes la volvimos a
escuchar durante el debate que tuvo lugar en la Casa
de la Cultura a propósito de un ¿áspero?
diálogo entre muchos de los jóvenes realizadores
participantes en el Festival y el público allí
presente.
El encuentro estuvo consagrado a darle voz a esa nueva
generación de cineastas cubanos, y extranjeros
que nos visitan, de forma tal que cada uno tuviera la
oportuni- dad de explicar los sistemas de producción
empleados a la hora de rodar sus obras, y de exponer
los más disímiles, personales y…
ásperos criterios sobre el cine que les gusta
o pueden hacer. Y eso es lo extraordinario, en la medida
que este relevo tiene muchas cosas que decir y, al menos
en esta Isla, no se sentará a esperar a que les
llegue el “momento institucional”.
Si algo quedó claro en sus intervenciones es
que el cine o audiovisual que ahora podemos apreciar
ya no está signado por directivas, encargos,
manifiestos, o estructu- ras burocráticas. La
llamada democratización de los medios, el acceso
a nuevas tecnologías, la multiplicidad de formatos
y el impresionante flujo de jóvenes talentos
provenientes de las más diversas escuelas de
cine, ofrecen un panorama alentador, desde el punto
de vista creativo. Todos sienten la urgencia de contar
su propia historia, y lo harán aunque en ello
les vaya la vida, el enfrentamiento, la subestimación
o el desamparo institucional. Y esta eclosión
viene también signada por una rabia generacional,
a decir de Humberto Solás, la misma rabia que
pudo apreciarse en otras épocas de nuestro cine.
Sin embargo hay no pocas cosas que diferencian a estos
nuevos realizadores de sus predecesores, y no se trata
de juzgarlos, compararlos o delimitar fronteras entre
unos y otros, pues al fin y al cabo todos, aquellos
y estos tienen y sienten la misma pasión por
el cine y, ATENCIÓN, representan con el mismo
derecho los problemas y angustias del mundo que les
rodea, del que ven con sus ojos y sufren con sus cuerpos,
del mundo real y no del que se inventan algunos en ciertos
discursos complacientes.
Cuando apreciamos los trabajos producidos en los últimos
diez años en nuestro país, encontramos
la más disímil cartografía donde
se levantan todo tipo de proyectos, temáticas,
formas de hacer y de decir, donde el compromiso de estos
nuevos realizadores parece estar más con su conciencia,
sus sueños y pesadillas personales que al lado
de una homogeneización audiovisual o un criterio
de grupo o filiación ideológica. Hoy,
el concepto generacional no va más allá
de compartir una misma edad, tiempo o espacio de residencia.
Todavía en los albores del año 90 para
no alejarnos demasiado en el tiempo, se soñaba
con un futuro, hoy todos viven demasiado ocupados en
el presente, y su obra estará condicionada, en
primer lugar (más si se trata del cine) por las
circunstancias económicas en que esta se genera
Aquí no hay ya sueños de trascendencia,
sino la dura certeza de una efímera inmanencia.
Sus referencias intelectuales, sus “maestros espirituales”,
su formación profesional, le deben más
a una reproductora de video o un televisor en el que
han visto miles de imágenes por día, que
a un filme de Bergman o Rossellini, vistos a toda pantalla.
Ismael Perdomo señalaba con toda justeza que
para ellos se trata de un “camino de búsquedas”
y ésta marcha por la vía de un corto,
un clip, una publicidad, un documental, un video arte,
o una película y si es áspera… mejor.
Porque de eso se trata, de provocar, de ser sincero
con uno mismo, con su tiempo y con su generación.
De hacerlo además con coraje y responsabilidad.
Los jóvenes artistas de hoy ¿como sus
predecesores de los años sesenta? han perdido
el miedo a llamar las cosas por su nombre.
Gustavo Arcos
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El
desayuno de hoy
se asume recorriendo las calles rectas de la Villa Blanca,
bajando la colina desde el mirador, y se encuentra con
gente afable, lo mismo en la Ronda de la Marina que
en Independencia. Hablan con familiaridad de Humberto
Solás, como si desde siempre habitara este sitio
aireado y marinero. No repiten lo ya conocido, lo mil
veces dicho y repetido (el cineasta grande que es, el
Premio Nacional de Cine, quien mejor lee nuestra literatura
en nuestra cinematografía, el ser emprendedor
que contra todas las tormentas desembarcó sus
películas y su Festival aquí), sino el
montón de verdades, de subjetividades, que a
gente humilde y sana puede ocurrírsele a mil
kilómetros de La Habana y la farándula
enquistada y no por ello menos trashumante.
Humberto, pude comprobarlo como lo puede hacer cualquiera,
es un nombre querido en Gibara. ¿Vale eso tanto
como decir que es uno de los imprescindibles del cine
latinoamericano?
Ya lo creo, sobre todo porque sé cuánto
importa a Humberto eso, cuánto lo llena, y por
eso retorna cada año a defender su proyecto y
a quienes creen en él. Mañana podrán
extraviarse mil copias de esos hitos denominados Manuela,
Un día de noviembre, Lucía, Cecilia, Un
hombre de éxito y El siglo de las luces, volar
todas al País del No Va Más, pero el hombre
de carne y hueso va a seguir andando estas cubanas calles
de Isla Amada, llámese Gibara o Baracoa como
un fantasma amigo o como un amigo que nos tiene acostumbrados
a partir y retornar cíclicamente. “Nuestro
cine, comenta Humberto, ha anclado en la memoria colectiva
de los habitantes de esta Isla. Genera mucha curiosidad
porque tiene códigos muy particulares. Es muy
iconoclasta, transgresor, con un espíritu muy
crítico”.
Los tantos fotogramas de lo real y lo hermoso creados
por Humberto, los que argumentan su Premio, son una
muestra de eso. Y de mucho más.
Buen provecho.
El Caminante
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Un
pedazo de tierra, una franja, un cerro
es
el centro de atención de El área, documental
en concurso del alemán Mark Wittek.
Recién egresado en una Escuela de cine de su
país, con escasos recursos, algo de portugués
aprendido y la gran voluntad de filmar exactamente la
realidad, llegó junto a un pequeño equipo
y se integró a la vida y a los conflictos de
una favela en la ciudad brasileña de San Salvador
de Bahía. El resultado es un excelente documental
en el cual Wittek asumió los roles de codirector,
coguionista y cofotógrafo junto a Cristiano Civitillo.
“El título de El área lo sugiere
la propia historia. Llegamos sin guión, no conocíamos
el conflicto existente ni siquiera teníamos idea
de que existiera esa comunidad de San Salvador de Bahía,
en Brasil.
“El documental es el resultado de un proyecto
de final de carrera de un postgrado en una escuela de
cine en Colonia, Alemania. Juntamos el presupuesto que
nos dio la escuela y no tuvimos el apoyo de ninguna
otra institución. Tampoco contamos con tiempo
para organizar un guión.
Tuvimos un rodaje de seis semanas, con dos cámaras
de video, una camarita súper 8, muchas veces
con el sonido directo.
¿Cuál es “el área”
de la historia?
Trata del conflicto de una mini favela, que es como
si fuera un pueblecito un poco apartado, aunque esté
en el mismo centro, y su cada vez menor espacio para
el número creciente de familias.
Los conflictos son con el vecino de la zona, el club
de yates más rico de San Salvador de Bahía,
ubicado justamente al frente. Los dos bandos luchan
por un pedacito de tierra, un cerro que separa y a la
vez une esa comunidad, los lugares donde se aparcan
los barcos carísimos.
Los moradores de la comunidad comenzaron a construir
barracas en la zona, por necesidad, y venían
personas contratadas por el club con mucha violencia
a derrumbarlas, a prenderle fuego. El conflicto es el
hilo conductor, pero por haber estado tanto tiempo viviendo
en el lugar, logramos una especie de retrato de la favela
y
sus problemas.
El área parece tan real que la cámara
se siente como un observador más.
¿Crees en esa veracidad?
Creo en la veracidad del material, porque aunque tuvimos
que restringirlo de 80 y más horas a solo una
y media, no hay en todo el filme ninguna realidad tergiversada.
Sin embargo, no niego que hay subjetividades presentes,
sobre todo si miramos la elección del material,
nuestra simpatía por uno de los dos bandos. Pero
aún así, creo yo que conserva una gran
objetividad.
¿No sientes temor al definirte como
realizador de cine pobre?
Al contrario, me siento muy orgulloso porque es algo
que me atrae y nace de una necesidad. Aunque yo pertenezca
al primer mundo, no poseo los medios para hacer un cine
de alta definición, caro, con muchos medios.
Pero también me atrae mucho la posibilidad de
no tener un aparato de producción tan grande,
de no invertir mucho dinero en procesos que para mí
no son lo más importante. Lo fundamental es una
historia, lograr la intimidad, trasmitir un interés.
Creo que los mejores actores son los que se representan
a sí mismos. En Brasil tuvimos la suerte de encontrar
gente de mucho carácter y capacidad para enfrentarse
a la cámara.
¿Otros proyectos?
Tengo uno a largo plazo, es la historia de un amigo
en Barcelona que hace más de 15 años es
seropositivo.
Joel del Río Martha María
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Manuel
está muerto, y las últimas dos mujeres
que pasaron por su vida tratan de hacer desaparecer
su cuerpo.
Mientras
lo hacen, cada una de ellas va contando su relación
con la víctima, y a partir de esto se estructura
el filme Mata que dios perdona.
Claro que no es un policiaco, el género es solo
la justificación para hablar de amor, amor del
gángster por su honra, amor de amigo, de puta
joven y de mujer. Saber quién es el asesino no
es lo importante sino el proceso. Nos toca la muerte
no como un hecho, sino como rito simbólico, como
la más intensa relación entre los seres
humanos. El sexo- muerte.
La edición está en función de que
cada una de las visiones cambie el giro del relato aportando
nuevos elementos y cambiando otros. De esta manera el
espectador debe persistir en su interés por conocer
la verdad.
Parece difícil, que Ismael se haya alejado de
su compromiso documental con la realidad para darle
espacio los demonios propios, y que estos demonios no
asuman un tiempo determinado, un lugar fijo, un país,
una ciudad… un documento preciso. Porque no importan.
A Ismael Perdomo no le interesa que su historia transcurra
en la Cuba de los años cincuenta, en el Chicago
de Al Capone o en el futuro. Y si precisa una época
es tal vez por una nostalgia asumida hacia el cine y
la novela negra, donde alguien puede matar no por veinticinco
pesos, sino también porque este es un hombre
que vino a morir, quiere morir, y como un gringo viejo,
como un personaje de Heminway, solo le queda esperar
por su muerte, al gangster su destino de matón:
ayudarlo.
Y aunque la historia se dispersa un poco, y la búsqueda
de las verdades interiores de los personajes se enredan
con los diálogos, cargados de demasiadas pretensiones
filosóficas; la fotografía de Rafael Solís
es eficaz y se luce en interiores, donde la intimidad
con los personajes y la cercanía de la cámara
asume la morbosidad del plano.
El filme tiene textura de papel de lija. La angulación
de la cámara, la rispidez de los diálogos,
los planos donde lo íntimo vergonzoso arremete
contra el espectador ruborizado, parece subrayar que
Ismael también intenta agredir al público.
(Tampoco se puede complacer siempre al espectador.)
Ismael coloca a sus personajes en una realidad otra,
donde la memoria de lo que llamamos el cine Cubano no
está presente, al menos explícitamente.
Y está muy bien, porque dónde está
ese cine sino en la suma de las poéticas individuales;
dónde están los paradigmas sin la exceción,
dónde está el cine cubano que no se hace,
pero se asume.
Armando Capo
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Personal
Belongings
será
uno de los próximos largometrajes de ficción
que engrosará las filas del nuevo cine cubano.
El guión fue escrito por Alejandro Brugués
y compite en este Festival. Inti Herrera, también
entre nosotros, está implicado como productor.
En breve conversación con ambos nos relataron
que se encuentran ya en la etapa de preproducción,
con las locaciones determinadas, los permisos de filmación
en la mano, el elenco marcado (Caleb Casas protagoniza,
debuta Heidy García, y en papeles más
episódicos están Osvaldo Doimeadiós,
Aramís Delgado, Gilda Bello y Alexis Díaz
de Villegas) y a punto de iniciar el rodaje, que se
espera comience en mayo.
En esta realización se cuenta más que
todo una historia de amor, íntima Personal Belongings
(puede traducirse al español como Pertenencias
personales) entre un joven que quiere abandonar el país
y una muchacha que se quiere quedar. Explicó
Brugués que pudiera considerarse como la historia
de Romeo y Julieta, pero en vez de Montescos y Capuletos,
ellos dos solo se tienen a sí mismos.
Interrogados sobre la posible reiteración del
tema de la emigración en el cine cubano, tanto
Brugués como Inti nos aclaran que este sería
más bien el subtexto, la excusa para desarrollar
una historia de amor clásica, basada en la imposibilidad
de los amantes para permanecer juntos.
Alejandro
Brugués también dirigirá este filme,
así que está en Gibara concursando en
guión (optando por el premio principal de este
Festival) y también en su condición de
guionista para Tres veces dos y Frutas en el café
, sendos largometrajes cubanos que concursan en el apartado
de ficción.
Graduado de la Escuela de Cine de San Antonio de los
Baños, Brugués Personal quiso que en su
Belongings tomaran parte algunos de los graduados de
la Escuela que le son más cercanos y afines,
como el propio Inti, y en la fotografía Mailyn
Milanés y Omar García, quienes se encargarán
de manipular la imagen con una cámara que permita
la resolución idónea a la hora del “hinchado”
posterior.
El realizador español Fernando Merinero participa
por segunda ocasión en este Festival de Gibara.
En el 2003 acaparó elogios y atenciones por La
novia de Lázaro, al punto de llevarse el Premio
del Público como la más gustada película
entre todas las exhibidas. Esta vez, Merinero retorna
con dos proyectos sin filmar aún. Compite en
el concurso de guiones inéditos con Triángulos
y en el de obras en progreso con Del ocio al gozo, la
única en el certamen.
Del ocio al gozo está contada en tono de comedia
un tanto agridulce y bastante irónica. Muestra
cierto avance, está en maqueta y he traído
alrededor de 70 minutos para exhibir.
Mi historia se burla un poco de la relativa libertad
de comprar que se promueve hoy, o sea, eres libre en
tanto puedes comprar un número determinado de
cosas. Eso crea un estado de ánimo afín
a lo necesario pero también a lo superfluo. Negar
esa condición es la disyuntiva que envuelve al
protagonista, quien renuncia a lo material para ser
él mismo y disfrutar más plenamente la
vida.
“El guión siempre lo he visto como un pretexto
para rodar una película. Triángulos, por
ejemplo, tiene un planteamiento más o menos clásico
y ojalá llegue a cuajar y pueda filmarse. Hay
tantos guiones y proyectos que se quedan en el tintero.
Pero en este caso me ha sucedido algo que en cinco propuestas
anteriores no me pasó, y es que ha generado tal
interés y curiosidad que tiene ya un reparto
muy bueno de actores y actrices, españoles todos.
Veremos
qué suerte tiene aquí en Gibara.”
Sobre la inocencia y su pérdida versan las principales
ideas de Guanajay, guión en concurso del cubano
Carlos Lechuga. Con personajes definidos, nombrados
Román y Danai, el posible futuro filme funciona,
hasta el momento, como paráfrasis capaz de adaptarse
a la experiencia personal de la mayoría de los
cubanos.
“La historia de Guanajay, cuenta Lechuga, se desarrolla
en La Habana y cuenta sobre las nuevas oportunidades
que presenta la vida. Habla también del convencimiento
individual de sentirse capaz de enfrentarlas, o de no
poseer el coraje suficiente para hacerlo. Román,
un caminante venido a menos, y Danai, una muchacha que
llega a la capital con diferentes expectativas y conoce
varios personajes. Al final termina muy decepcionada,
incluso utiliza el término 'la despiadada Habana'.
Él tiene la oportunidad de ayudarla para que
no pierda la inocencia, pero al final no lo hace.
“Se nombra así porque es el pueblo donde
nació mi abuela, pero podría llevar el
nombre de cualquier pueblo, Gibara por ejemplo, para
mantener esa inocencia que tanto se ha perdido en La
Habana. Este proyecto lo comencé a escribir hace
cuatro años, hacía
anotaciones y se las llevaba a Juan Carlos Tabío.
Se inició de una manera y después comprendí
que era la historia mía con mi padre, tiene de
todo un poco. Cerca del minuto 90 será la anagnórisis
de Danai, la pérdida de la inocencia de muchos
cubanos, la situación actual, la entrada del
dólar y otras verdades que nos rodean. Pero todavía
no hay nada concreto. Debemos esperar. La máxima
esperanza está en este festival.”
Martha María, Joel y Michel
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En
Na Na
de Patricia Ramos, también se trabaja con los
vestigios.
Una
familia organiza su despedida del país y otra,
campesinos que se quedan, aprovechan para mejorar la
dote material de su vivienda canjeando sus viejos muebles
por los ajenos, más modernos.
En tanto, los vástagos de ambas familias, enrolados
en un intercambio menos pragmático, ensayan una
amistad hecha de desarraigos y también de desesperada
solidaridad ante lo inevitable. Mientras sus mayores
se reparten los despojos del mundo material, ellos conspiran
para meter furtivamente una mascota en la escuela, comparten
confesiones o simplemente experimentan una lealtad elemental.
En ese retablo, la directora se aproxima a las instituciones
esenciales: familia, escuela, estado. En el plano final
antes de los créditos, un grupo de obreros sustituye
una valla de consigna por otra que dice más o
menos lo mismo. La niña protagonista, que va
como siempre camino de la escuela, contempla la mudanza
y acaso percibe que está más sola, que
tiene ausencias de estreno y nuevos residuos en la memoria,
habitados por el niño que también alteró
su asiento definitivo.
Dean Luis Reyes
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Participantes
Opinan
Primero
quería conocer el pueblo de Gibara, todo el mundo
me decía que era muy lindo, y de verdad lo es.
Me ha gustado mucho el ambiente, sus personas, la feria
que se arma por el Festival y conocer a personas que
tienen los intereses de hacer cine. He llegado a Gibara
con la película Frutas en el café, de
Humberto Padrón, mi primera experiencia cinematográfica,
y ha tenido muy buena aceptación. Estoy muy contenta
con la reacción del público, la pasan
muy bien en la sala. Como actriz, no creo que existan
diferencias en mi trabajo al ser filmada con diferentes
tecnologías. Para mí es lo mismo, lograr
contar bien la historia en el tiempo de la película.
Esta película la filmamos muy rápido,
en 18 días, y como son tres historias cada una
se llevó seis días. Gilda
Bello (Actriz cubana)
Me parece
muy interesante el Festival por lo que defiende. Allá
en Montevideo siempre pensamos en bajos presupuestos
pues es bastante utópico pensar en otra forma
de asumir la realización. El Festival es un puerta
abierta para que podamos mostrar nuestros trabajos,
pienso que en lo adelante debemos trabajar de conjunto
en cuanto a la proyección de este hacia toda
la América. Sería muy factible que todos
los participantes que llegamos hasta aquí aunemos
esfuerzos y podamos llevar esta propuesta a diversas
partes del mundo. Yo me ofrezco para hacerme portavoz
de lo que he visto aquí para llevarlo al Uruguay.
Me emociona ver que sobre todo para los cubanos este
Festival es como una gran puerta que se abre. Nicolás
Minicapilli (Realizador uruguayo)
Mi
presencia aquí es un acto de esperanza y de necesidad
de compartir con la sapiencia de Humberto Solás
y otros realizadores. La manera de que el cine cubano
continúe vivo es que estemos nosotros dándole
un poco más de fuerza, llenándolo de nuestros
modos, de nuestros caprichos y de nuestras historias
como antaño hicieron otros. Ciertamente hay una
apertura en cuanto a las soluciones temáticas.
El de ahora es un cine cubano más libre, mucho
más plural, más desprejuiciado de dogmas
o de arquetipos o imposiciones de cualquier tipo, que
no lo hace nuevo, tal vez lo hace distinto, pero por
respeto, no por altanería, sino por cuidarlo,
porque el cine cubano no es una persona, sino la multiplicidad,
es la diversidad, la cantidad de formas disímiles
y distantes, incluso, una de otras. Este Festival me
aporta mucho. He podido ver obras que no había
visto y conocer de cerca personas que tampoco conocía,
e intercambiar con ellos y de cualquier manera entender
cada vez más eso que le llaman cubanía,
nacionalidad, idiosincrasia. Eso es muy importante y
es lo que propicia el Festival, por eso es una fiesta.
Lester Hamlet (Realizador cubano)
No soy
cineasta. A mi cargo está diseñar la imagen
gráfica del Festival y he llegado hasta aquí
con el deseo de convivir con el encuentro para luego
poder reflejarlo mejor en lo que debo de hacer para
una próxima edición, si por suerte me
tocara nuevamente. Gibara me ha aportado mucho, para
mí este lugar es un sitio trascendental. Yo venía
desarrollando la imagen de las dos ocasiones anteriores,
pero desde La Habana, lo cual me limitó bastante.
Tengo una experiencia bastante interesante, el cartel
de este tercer festival aborda una fachada pobre de
cualquier lugar del mundo, sin embargo al llegar aquí,
conversando con una gibareña me dice que esa
imagen no es de Gibara, realmente hice el cartel pensando
en que este era un sitio como otro cualquiera, y no
es así, es realmente diferente. Se que esta visita
me servirá de mucho, mi cabeza ya está
llena de ideas. Nelson Ponce (Diseñador)
Es la
primera vez que vengo a Gibara, me parece un lugar lindísimo
para desarrollar una idea como esta. Es muy importante
que se dé espacio a quienes atendemos otros frentes
de la realización, además de los directores
y los actores que son la cara de los filmes. El Festival
va tomando fuerza, lo cual es muy alentador para el
desarrollo del audiovisual en Cuba, al alimentar una
creación de bajos costos, pero con una factura
digna. Angélica Salvador (Editora
cubana) |