El
desayuno de hoy
Se
está acabando. Nos despedimos de Gibara y de
estas tardes y noches de cine bueno.
Las expectativas habrán subido de tono a la espera
de la gala de premiaciones de esta noche y cada cual
sacará sus oportunas cuentas. Inolvidable villa,
encantadora su faz candorosa e inquieta.
Extrañaremos estas jornadas. Nos armaremos de
paciencia y laboreo mientras aguardamos otro año.
Vendrán nuevas citas y disfrutaremos otras nuevas
películas crecidas al calor más de los
deseos y las buenas intenciones que de las millonadas
de dineros necesarias para sacar adelante una historia
filmada. Esta posibilidad de defender y amparar lo alternativo
que aprendió sabiamente a dialogarse es el mayor/mejor
argumento para retornar en próximos abriles.
Ayer se emocionaba todo el colmado lunetario del Jibá
participando del homenaje a Adela e Isabel, dos rostros
multiplicados de nuestro cine más perdurable
emotividad es justamente a lo que apeló Carlos
Barba en su bien recibida Mujer que espera, estrenada
también en la tarde de ayer. Isabel Santos volvió
a pasear por las calles soleadas de Gibara su naturalidad
rotunda y esa singular capacidad para dar vida desde
lo creíble a los caracteres más disímiles.
Isabel sudaba por el calor de ayer, pero también
por comprender acaso en un rapto que sus personajes
representan los más recordables acentos de una
juventud angustiada atribulada, como fue la de los años
ochenta, en tránsito hacia los conflictos de
un previsible encontronazo generacional no resuelto
aún. La felicidad es siempre pasajera, es un
fogonazo y por eso tenemos que agenciárnosla
a diario. Lo dicen las Escrituras y también está
en la letra del hermoso tema de Liuba que llena el documental
de Barba. Isabel, como Adela, como nosotros, ha emprendido
ese viaje cíclico que no termina hacia el centro
de otra felicidad menos inconsolable. Quizás
el tiempo y la memoria. Y esa es nuestra estrella. La
estrella que viaja.
Buen provecho.
El Caminante
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Este
es un contrafestival
aseguró
Humberto Solás en la penúltima sesión
del Foro dedicado a la Producción y Distribución
del Cine Pobre, que sesionó ayer en horas de
la mañana, con la participación de distinguidos
profesionales del cine, pedagogos, promotores, periodistas,
directores jóvenes y experimentados de muy diversas
naciones.
“Hace falta una gran dosis de inventiva —dijo
Humberto— para encontrar soluciones al problema
de la distribución del cine alternativo, pues
lo que resta de los antiguos circuitos de salas de arte
y ensayo se mueven dentro de las selecciones de los
Festivales prestigiosos:
Cannes, Venecia, Berlín, el Oscar y otros similares.
Sería bueno que nuestras obras alcanzaran esos
reconocimientos y esos circuitos, pero manteniendo la
salvaguarda de nuestra ética. Incluso en estos
circuitos minoritarios impera entonces un espíritu
reductor, que simplifica la amplia gama de producción
del audiovisual contemporáneo. Por eso afirmo
que Gibara es un contrafestival, porque aquí
se exhiben películas muy notables que no pasaron
esos filtros simplificadores, los cuales muchas veces
eliminan películas con el pretexto de las deficiencias
técnicas, o de factura, en el sonido o en la
imagen, de modo que se termina discriminando a buena
parte de la producción tercermundista, a tenor
de perversos vericuetos hiperselectivos, ideados para
excluir buena parte del cine alternativo realizado en
América Latina, Africa o Asia”.
En esta sesión del Foro se discutieron asuntos
tan espinosos como qué se puede hacer ante la
creciente contaminación de infantilismo, frivolidad
y falta de profundos conceptos éticos en el audiovisual
contemporáneo. Los presentes reconocieron que
este proyecto del Cine Pobre no pretende inventar algo
nuevo, sino más bien aglutinar experiencias al
estilo del movimiento Dogma, el Nuevo Cine Latinoamericano,
el neorrealismo italiano y otros muchos momentos en
la historia del cine donde se registraron obras maestras
distanciadas de la suntuosidad y los grandes presupuestos
característicos del cine hollywoodense.
En su intervención el realizador Rolando Pardo,
actual subdirector docente de la Escuela Internacional
de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños,
aseguró que “el tema del cine pobre me
toca de manera muy entrañable, pues acabo de
realizar un documental en España con estos presupuestos,
en digital y con bajos costos, pero pienso que el asunto
se complica, pues no consiste solo en realizar la película,
sino en hacerla visible; las nuevas tecnologías
hacen posible la democratización del audiovisual
en tanto ofrece mayor variedad estilística y
genérica al director para crear y al espectador
para consumir cine, de modo que se trata de defender
los pocos espacios de exhibición para que algún
día sean menos escasos”.
Múltiples ideas se barajaron en el Foro, entre
otras, la necesidad de crear circuitos de cine alternativo,
itinerantes o no, pensados para atraer legítimamente
al espectador hacia estas modalidades. Esas redes y
nuevas propuestas pudieran ser estropeadas una vez más
por el extremo proselitismo del antiguo espíritu
centralizador de las conciencias. Dicho de otro modo:
estamos hablando de modos atractivos y emancipadores,
tremendamente diversos, de acercarse a un cine vital
y antiescolástico. Según reconoció
el realizador español Fernando Merinero “la
médula ósea del audiovisual contemporáneo
pasa por la uniformidad y el pensamiento único,
es por esto que al cine alternativo se le confiere la
misión del apostolado laico, pues la televisión
y el cine comercial están atrapados en un círculo
vicioso de repeticiones y complacencias, y rechazan
todo el tiempo las historias un poco más crípticas
o inusuales o chocantes, que de ninguna manera pueden
ser comprendidas o aceptadas por funcionarios atentos
nada más que a las ganancias”.
Hubo consenso en el imperativo de abandonar el muro
de las lamentaciones y adentrarnos en el capítulo
de las soluciones prácticas, algunas de las cuales
pasan por encontrar nuevos modos de exhibición
y distribución, de potenciar el recurso de los
festivales de cine especializados, y en fin de poner
de moda un tipo de cine visceral, de pensamiento, franco,
y que contribuya a la desalienación del espectador.
Joel del Río
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Se
dice muchas gracias
fueron
las primeras palabras del Presidente del Festival de
Gibara Humberto Solás al recibir el Hacha de
Holguín, la máxima distinción que
entrega la Asamblea Provincial del Poder Popular, de
manos de su Presidente, Alberto Olivera Fis.
El Premio Nacional de Cine 2005, aseguró que
"el Hacha confirma mi adopción como hijo
de Gibara y de Holguín, pero sobre todo la existencia
del festival, rico en ideas, bello, hermoso y poético
en su espiritualidad. Suceso destinado a que la cultura
audiovisual no se estanque en las grandes ciudades.
“Es maravilloso disfrutar de cómo se ha
creado una interacción del pueblo de Gibara con
el evento, cómo se han apropiado de su esencia."
Autor de grandes obras referenciales de la cinematografía
cubana, Solás, lleno de modestia y orgullo al
mismo tiempo, repitió parte de sus palabras pronunciadas
a los habitantes de la Villa Blanca, el pasado lunes,
en la inauguración del cita: Por eso yo digo,
ustedes son los verdaderos protagonistas, las estrellas
de este festival. ¿Qué más puedo
decir?".
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Un
cine que intenta otro canto
otra opción que no sea la de consumir, es el
que defiende el mexicano Jorge Fons uno de los cineastas
latinoamericanos más importantes, miembro del
jurado de ficción del Festival del Cine Pobre.
Nacido
en Tuxpam, Veracruz, se estrena como director de largometrajes
en 1976 con Los albañiles después de trabajar
en varios cortos y mediometrajes. Con un amplio registro
de creación, el realizador de Rojo amanecer (1989)
y El callejón de los milagros (1995), asume su
invitación a este festival como una propuesta
ineludible por sobradas
razones.
“Siento que le pertenezco, porque mi cine de alguna
manera es pobre, con ese nombre ya es atractivo para
cualquier cineasta. Además, es organizado por
Humberto, y estoy obligado a apoyarlo por la amistad
y admiración que le profeso, y la certeza de
que se está haciendo algo bueno. Es un festival
que está en la otra orilla, y toda su propuesta
implica una serie de elementos que nos acercan a una
experiencia
diferente.
Definitivamente, ¿considera pobre
el cine que ha realizado?
De alguna manera todo el que hacemos en América
Latina es pobre. Aunque alguno se haga con una buena
cantidad de recursos, y otro tenga la comercialización
asegurada. No contamos con más espacio; si no
es así termina siendo el cine de Hollywood. Y
eso implica desplazar al resto de la
cinematografía del mundo.
Por ejemplo, en México el cine norteamericano
ocupa entre el 91 y el 93 por ciento de las pantallas,
permanentemente. El escaso por ciento que queda es para
algunas muestras, no más.
¿Qué elementos defiende un
realizador de cine pobre?
Primero, una propuesta que exalte al hombre y la vida.
Un cine que acuda a sus mejores sentimientos, la utopía,
a pensar que podemos ser mejores. Vivimos momentos de
una gran decadencia social humanística donde
la solidaridad brilla por su ausencia. El afán
de comprender al otro prácticamente se ha perdido,
los peores instintos afloran. Existe un presente lleno
de amarguras, desolación y presión. Algo
a lo que la niñez le debe dar una lectura muy
triste. Pienso que pobre es todo aquel cine que proponga
una salida, un mañana, una mano que se extiende,
algún sentimiento amoroso.
¿En qué sentido los realizadores
están conscientes de estas premisas?
Aquí vemos a una parte de los cineastas que se
solidarizan con esa propuesta. Sin embargo, cuando uno
dice que la invasión del cine de Hollywood está
muy presente y rotunda, es porque se encuentra más
allá de las salas de cine, hablo también
de las pantallas de televisión. Es un producto
instalado en todas las versiones televisivas, la abierta,
la pagada, en los video clubes… Lo que uno ve
mayoritaria, expansiva y groseramente, es el cine de
Hollywood, megrapresente y omnipresente. Por supuesto,
los jóvenes realizadores están nutridos
de eso que ven constantemente. El cineasta se
hace en los cines. Entonces, queremos exigir congruencia,
permanencia en un cine combativo, amoroso, en el que
se acuda más a la dramática que a la fantástica.
Y, ¿cómo podemos exigir? ¿Cuál
esquina debemos doblar para encontrar salida y poner,
en primer lugar, un contrapeso al cine que ven los jóvenes
y niños, los próximos artistas de la literatura,
el cine, las artes en general, de la cultura?
Mientras, todos los medios de comunicación se
mantienen con una corriente de pensamiento consumista,
entreguista, que canta y concilia sus intereses con
la unipolaridad dictada por Estados Unidos. Todo esto
resulta en una manera de vivir hipócrita, salvaje,
ruin. Y me pregunto, qué vamos a hacer, como
seres humanos y entes culturales.
¿Qué proyectos tiene en estos
momentos?
Yo quiero hacer una película este año.
No sé cuál, pero una, mis ganas me lo
dicen. El afán es tan grande que voy a encontrar
muy pronto la historia, el tema, el guión, y
hacerla cuanto antes, como sea.
Si se puede levantar con la plata de los productores
que aparezcan, la hago. De lo contrario, llegará
con cine digital. Hace once años que no realizo
un largo de ficción, pero mi récord es
trece, el tiempo que pasó entre Los albañiles
y Rojo amanecer. Pero en esos años hice Así
es Viet Nam e Indira, este último de cuatro horas.
En el 2003 realicé un corto de tres minutos y
medio, La Cumbre, que ganó en el Festival Internacional
del Nuevo Cine Latinoamericano, y en otro de Guadalajara.
Pero ahora voy a hacer una película.
Martha María Montejo
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En
todas las secciones de este Festival
Competitivas
y no competitivas, participa alguna obra realizada por
egresados de la Escuela Internacional de Cine y Televisión
(EICTV), de San Antonio de los Baños, o por algunos
de los profesionales del cine estrechamente vinculados
a su labor pedagógica y formativa.
En cuanto a los largometrajes de ficción, se
encuentra en competencia Tres veces dos, cuyos realizadores
no son graduados de la Escuela, pero sí lo son
el fotógrafo Luis Najmías (Flash y Lila)
y la guionista Xenia Rivery (Luz roja). En este mismo
acápite de largometrajes de ficción compite
Cucarachas rojas, realizada en Estados Unidos por el
egresado cubano Miguel Coyula, y que obtuviera el Premio
Especial del Jurado en la III Muestra de Nuevos Realizadores
y en el Hawai Independent Film Festival, además
del mejor diseño visual en el Buenos Aires Rojo
Sangre.
Además, el largo Paloma de papel, lleva fotografía
de la peruana Micaela Cajahuaringa, de la primera generación
de egresados de la EICTV.
En cuanto al cortometraje de ficción, se presentan
a consideración del jurado Na-na, de Patricia
Ramos y Utopía, de Arturo Infante, ambos cubanos
y graduados en el prestigioso centro docente.
En cuanto al documental, solo clasificó para
la competencia el corto José Manuel, la mula
y el televisor, de la francesa Elsa Cornevín,
proveniente de la última generación. En
la sección informativa quedaron el corto de ficción
Habanera (de la brasileña Joana Olivera) y el
documental Episodios sinfónicos (del peruano
Víctor Mares), entre algunos otros. Todo ello
parece apuntar, de manera certera, a la conclusión
de que mucho ha crecido la calidad de las obras, y el
nivel artístico, de los profesionales del audiovisual
que está preparando la famosa Escuela.
Para bien sea.
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Für
María juega con ambivalencias
de
todo tipo para, a partir de la ambigüedad, usar
ese trasfondo mental que precondiciona al espectador
a que vea e interprete las imágenes del modo
en que mejor le parezca. Las anteriores ideas fueron
más o menos las elegidas por Armando Guerra,
el joven realizador codirector (junto con Waldo Capote)
del sugestivo corto de ficción que sirvió
de pórtico a este Festival.
Con una brillante edición, y el empleo magnificado
del primer y el primerísimo planos, así
como el plano detalle muy cerrado sobre diversas (y
a veces irreconocibles) zonas de la anatomía
humana, este extremo acercamiento de la cámara
o el lente a personas que hacen el amor, está
cargado de suspenso, pues solo al final el espectador
logra identificar los rostros con las anatomías,
después de haber inferido toda suerte de conjeturas
sobre quiénes son los amantes cuyo desenvolvimiento
sexual hemos seguido de tan cercana y callada manera.
A varias preguntas de este reportero, hechas muy de
prisa y sentados en la escalera del lobby del cine Jibá,
respondió Guerra, de muy pacífico modo:
“Usamos el tema de la sexualidad porque se prestaba
para la ambigüedad que perseguíamos. Si
me preguntas si queríamos hacer un material escandaloso,
o incendiario, te digo que no, que ni siquiera lo pensamos.
A estas alturas quedan muy pocas cosas en el mundo que
puedan ser escandalosas, por lo menos en materia de
sexo. El tema de la homosexualidad es un trasfondo,
que puede condicionar lo que cada quien ve en el corto,
o lo que quiere ver”.
“Tampoco creo —continuó diciéndome
Guerra a reclamo de mis interrogantes— que pretendiéramos
defender alguna postura o inclinación sexual
específica. Für María no es un alegato,
sino más bien una manera de provocar la diversidad
de lecturas. Sí creo que cada persona debe defender
sus espacios e inclinación, su intimidad, sus
elecciones sexuales, sus transgresiones, pero nuestra
película no está hecha con ese fin, aunque
pueda parecerlo veces”.
En
tanto Für María es la típica obra
que revela momentos tan íntimos que pareciera
ubicar al cineasta en el papel del mirón, que
indiscretamente pone el ojo (de la cámara) en
escenas que por lo regular permanecen a ocultas, le
pregunté al joven realizador si se sentía
como un observador anónimo y morboso de este
tipo de escenas lascivas: “Nunca pretendimos develar
algo, sino más bien ocultar lo que suele considerarse
como ofensivo en el sexo, es decir lo explícito.
Es como si nosotros fuéramos un mirón
que debe subirse en una lata para escrutar por el hueco
de una pared lo que ocurre en el cuarto de al lado,
pero la lata se le cae constantemente y solo puede ver
escenas aisladas.
Pero insisto en que cada quien puede hacer la lectura
que le plazca, y para promover esa diversidad de interpretaciones
fue que nos apoyamos en la ambivalencia”.
“Además, teníamos deseos de manejar
el suspenso, y de jugar con lo sugerido y con la fuerza
contenida en el espectador, luego de que se le suministra
una serie de informaciones que lo motivan. Nos fascinan
los movimientos y los momentos comunes de las personas
cuando están solos y no se sienten observadas,
y nos gustó mucho contar todo eso sin emplear
los diálogos. Para nosotros era muy importante
el ejercicio de aprendizaje que implica contar una historia
sin palabras”.
“Honestamente realizamos este cortometraje como
un ejercicio de Final Cut, de edición en computadora,
y para ello retomamos una vieja idea. Es decir que ya
cumplimos nuestra mayor aspiración, y también
la desbordamos, porque además queríamos
que lo viera la gente, y no solo se ha visto, sino que
fue seleccionado para competir e inaugurar este Festival.
Para nosotros es muy importante este último,
porque estamos convencidos de que no vale la pena lanzarse
a un proyecto como este, o como cualquier otro, para
verlo en mi sala con unos amigos. Eso no tiene sentido.
Es decir, que estoy contentísimo de haber venido,
y de todo lo que ocurre alrededor de este Festival,
como el hecho de haber leído nuestros nombres
en Granma. Eso me pareció alucinante. Nunca me
lo hubiera imaginado. A los organizadores de este Festival,
nuestro mayor agradecimiento. No dejes de ponerlo así,
como te lo estoy diciendo.”
Joel del Río
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Frente
a otras ruinas
las de las augustas moles de los ingenios azucareros
que son deshechos, cuya titánica estructura es
convertida en chatarra, se planta la mirada de deMoler
Alejandro Ramírez, 2004). Los realizadores viajan
al batey del central Paraguay, remota comunidad guantanamera
que prosperara a la vera de la industria, ahora en fase
de extinción, presa de los reacomodos de la economía
global y del vencimiento de un modelo económico
insostenible. Con su muerte cae en crisis todo un modo
de vida, al tiempo que padece severas mutaciones una
cultura cuyos fundamentos giraron alrededor del cultivo
de la caña de azúcar y de su proceso industrial,
columna vertebral de la cultura material de nación
cubana, eje de su modernidad y cimiento de un sistema
de valores vital para la prosperidad simbólica
insular.
Semejante defunción pareció no afectar
al imaginario cubano actual, que veía languidecer
desde inicios de la pasada década su principal
fuente económica. Sin embargo, a escala local
el impacto no podía ser mayor: pueblos enteros
han visto desaparecer la base de su sustento económico
habitual, muchos oficios quedaron inservibles y la cultura
simbólica que justificaba un arraigo, un eje
de pertenencia e identidad para familias a lo largo
de generaciones, sin asidero. De ahí que el centro
de la atmósfera de deMoler sea la nostalgia:
sus personajes se refieren casi todo el tiempo a un
paraje pretérito, evocado como presente. El primer
plano del documental nos sitúa ante el espectro
de ese mundo: el pito de vapor del central suelta su
mugido amable y de inmediato un mar de cañaverales
batidos por el viento cubren la pantalla. Las entrevistas
subsiguientes comentan la historia del ingenio, décadas
de las vidas de decenas de seres entregados a una labor
que dejó de existir de la noche a la mañana.
A seguidas, una brigada de hombres secciona la estructura
de acero, que se viene abajo pedazo a pedazo, en varios
de los planos más pavorosos del corto; intercaladas,
escenas de la vida cotidiana, apagada, triste. Gente
con la mirada perdida. Un cartel al costado del camino
que reza: “La mancha que ensombrece la obra bella,
José Martí”.
Los realizadores tienen conciencia del drama humano
que reflejan. La fotografía consigue planos de
una enorme sencillez, cuya composición les concede
grávida elocuencia. La edición impone
un ritmo acompasado al de la respiración lamentosa
del relato. Pero la elección rítmica,
al cabo, lesiona su redondez. La carencia de confianza
en la fuerza incomparable de esas imágenes lleva
al director a concebir un diseño sonoro que abusa
de una música enfática; un enfoque melodramático,
afectado por una cualidad quejosa, hija de mirar apenas
la resonancia trágica del asunto y no el complejo
trauma humano en su conjunto, ese que sí está
en varios momentos de una fotografía que habla
por sí sola.
Dean Luis Reyes
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Participantes
Opinan
A Cargo de Sayonara Tamayo
Represento
a la de San Antonio de los Baños, aparte de que
tengo un interés especial por estar en este festival,
un evento suigéneris. Esperamos que no deje de
ser así, con esa distinción de cine pobre.
El cine no es pobre solamente por falta de recursos.
Lo importante es salir del circuito de la falta de idea
y de mucho dinero, como lo que se está viendo
en el mundo. Otro tema esencial de los abordados es
lo difícil que resulta poder exhibir una película
después de terminada, eso es lo más duro.
Se trata entonces de ampliar el Festival, que no solo
se haga un cine posible y alternativo, sino lograr su
exhibición y distribución. Es importante
apoyar este tipo de evento, porque sin competir con
el Festival de La Habana, es una nueva puerta que se
abre. Es maravilloso que alumnos recién graduados
de la escuela estén aquí concursando y
tratando de que sus películas puedan ser vistas
y sea reconocido su trabajo. Es fundamental que los
jóvenes comiencen a hacer su propia obra.
Rolando Pardo (Realizador y Vicedirector
de la Escuela de Cine de San Antonio de los Baños)
Por
primera vez participo en este evento de Gibara. Me siento
muy bien y veo mucha seriedad en la dedicación
a lo que aquí se llama Cine Pobre. Los organizadores
del Festival lo hacen de un manera muy sincera y eso
me impresiona. No puedo dejar de mencionar las conferencias
que se hacen aquí sobre las nuevas perspectivas
del cine pobre y del cine en general, sobre las nuevas
técnicas digitales que implican un acceso más
fácil a la realización y traen cosas nuevas
como el surgimiento de las posibilidades de hacer arte
con mayor facilidad y menor presupuesto. Es una buena
oportunidad para jóvenes realizadores no sólo
en Cuba, sino a nivel internacional, de darse a conocer
por lo que ahora pueden hacer y que antes no les fue
posible. Este Festival es un foro para promover esas
nuevas ideas que implican una democratización
del cine y esa es una intención que aprecio mucho.
Quisiera que en el futuro se mejore la comunicación
entre la subsede del Festival, Holguín, para
poder apreciar las películas tanto aquí
como allá sin muchas limitaciones.
Andreas Hesse (Miembro del Comité Organizador
del Festival de Cine Cubano en Frankfurt)
Lo
importante del Festival es que aglutina la voluntad
de hacer cine a cualquier precio. Cuando conoces festivales
de otros lugares del mundo ves mucho glamour, todo el
peso de la industria, de lo que significa hacer y vender
cine. Entonces descubres lo que significa hacer cine
porque sí, o sea el placer de vivir por lo que
hacemos. Es muy diferente a lo que ocurre aquí
y esa energía es muy importante, incluso para
renovar un cine como el nuestro que está anquilosado,
no sólo formalmente, sino en las estrategias
de producción ya antagónicas y formales;
un cine que se estaba repitiendo hace mucho tiempo,
salvo muy raras excepciones. Lo que se hace ahora es
renovador porque también permite la entrada de
una nueva generación con otras ideas, con otras
tendencias, que no está esperando por el abrigo
sagrado de la industria. En definitiva los movimientos
alternativos existen en el mundo entero. Lo que nos
diferencia es que a nosotros no nos interesa ni siquiera
vender ese cine, tan sólo exhibirlo, que la gente
lo conozca. Lo delicado para mí es el peligro
de las etiquetas como cine pobre, cine joven, cine gay…
Las etiquetas terminan siendo dogmas y casi siempre
este tipo de nominación termina convirtiéndose
en nada, en aburrido, tendencioso y lleno de pretensiones
que no conducen a ningún lugar. Abogo porque
incluso desaparezca un día el nombre de Cine
Pobre, que lo que exista sea el cine, y que sea el mejor
posible. Trato de que la forma y el contenido sean una
sola cosa. Creo en la idea, creo en el lenguaje del
director para transmitir su mensaje. El cine de nuestra
generación es depurado y ha demostrado que hay
un ojo detrás,contemporáneo sobre todo,
y que no se ha anquilosado en la forma. No hay una obsesión
formal solamente, sino una necesidad de decir, acompañada
de un rigor estético. Esteban García
Insausti (Realizador cubano, en competencia
con Tres veces dos)
La mayoría
de los festivales y las películas que se muestran
en los cines son productos de una minoría que
lo controla todo, incluida la distribución. Hay
muchas menos oportunidades de expresar pensamientos
y arte en el cine. Soy actor cómico y he tratado
de trabajar en Hollywood por muchos años y encontré
que presentar mi arte como cine personal era una oportunidad
de comunicarme con la gente. La mayoría de los
festivales son comerciales y estoy en Gibara porque
es único en mi experiencia. Ahora en el mundo
se pueden ver y encontrar las obras de otros artistas
en la misma posición. Las ideas del realizador
y las palabras del escritor se hacen en condiciones
más duras porque generalmente no tienen mucho
dinero. Cuando se ve una obra buena de este tipo, es
una maravilla, un milagro. Me alegra mucho. Willard
Morgan (actor norteamericano) |