Mucho
ha llovido en el mundo, y especialmente en América
Latina, desde la tercera edición del Festival Internacional
del Cine Pobre hasta la fecha, aunque por Gibara las aguas
sigan escasas en términos meteorológicos.
El viejo axioma se vuelve rector
en los días del actual Festival a la hora de dialogar
sobre producción y distribución del Cine Pobre.
“El mundo ha cambiado mucho desde el pasado abril. A
nadie se le hubiera ocurrido contar con el apoyo estatal,
excepto en Cuba, para difundir y distribuir este tipo de cine.
Ahora es hermoso poder hablar con un ministro de cultura (Abel
Prieto) para que establezca contactos con sus similares en
otros países y que nuestros esfuerzos lleguen más
lejos”, comenta Humberto Solás, en medio del
foro de producción y distribución que tuvo lugar
la víspera en la Casa de Cultura de Gibara.
El evidente cambio de perspectiva
en varios gobiernos latinoamericanos (Bolivia, Argentina,
Uruguay, Venezuela, Haití, Chile) impone un nuevo enfoque
al polémico tema de la producción y distribución
del cine alternativo que defiende la plaza gibareña.
A raíz de tales circunstancias los participantes contribuyen
al diálogo con propuestas concretas y posibles.
Es por ello que Abel Prieto
sugiere se unan todas las ideas, con la participación
de todos, para encontrar alternativas concretas y posibles
y conseguir así la anhelada y necesaria distribución
del cine alternativo.
También propuso hacer
una especie de maqueta con los materiales y proyectos existentes
para definir qué se puede pedir a sus homólogos
en América Latina en pos de crear una verdadera red
de distribución y promoción del Cine Pobre.
Asegura que “aunque el neoliberalismo liquidó
buena parte de los presupuestos culturales y el panorama de
la cultura es terrible, donde quiera que se hable en estos
momentos de propuestas del Tratado de Libre Comercio con las
Américas, debe estar presente la contrapartida intelectual.
Y expandir este festival nos va a permitir hacerlo”.
Más
allá de las fronteras de nuestra América, un
francés, el importante director de fotografía
Jacques Loiseloux, ganador de una Palma en el Festival de
Cannes por un filme que rodara con Maurice Pialat, confiesa
que el evento de Gibara es un ejemplo y una herramienta para
Europa. “Después de tres años de Festival,
en París tratamos de organizar una sala de cine donde
se exhiban las películas que llegan hasta este concurso
desde distintas partes del mundo. Ahora nos empeñamos
en los procesos de subtitulaje de los filmes, pero cuando
funcione va a ser muy positivo para Europa poder contar con
este sitio.”
Indudablemente, por estos tiempos
se abren nuevas pantallas para un cine que de pobre pasa a
ser universal. La tecnología ha favorecido con aciertos
la democratización de un arte restringido históricamente
a escasos creadores. Desde países diversos llegan proyectos,
amigos, instituciones y pantallas que se abren como ventanas.
Martha María
Montejo |