Llegué
a Gibara de estreno, con los poros abiertos, dispuesto a captar
toda la buena energía que, según me contaron,
acompaña al Festival Internacional de Cine Pobre desde
el mismo 2003, año fundacional. Ya me habían
hablado de impresionantes fuegos de artificio (seguramente
la envidia de cualquier otro evento en la Isla), de los prolongados
y contagiosos conciertos nocturnos, de la hermosa arquitectura,
de los hospitalarios gibareños, pero tenía que
ver (para creerlo) que, en medio de una ciudad en fiesta,
la gente se detuviera y permaneciera como alelada, escuchando
la magnífica poesía de Gabriel Pérez
y los cuentos eróticos e interesantemente “crudos”
de Maribel Feliú Gómez.
Mire, no me malinterprete. Seguro estoy que cuadros así
—personas de edades disímiles alrededor de escritores
que, como lectores de tabaquería, enamoran a quienes
los escuchan, en una atmósfera ambientada con la música
compuesta por Lucía Huergo en homenaje a Hemingway—,
se deben repetir en la Villa Blanca varias veces al año.
Lo que llama mi atención es en las circunstancias en
las que se produce este hecho, lo cual habla de la necesaria
sed de cultura y de crecimiento espiritual que debe mover
al ser humano.
Claro, es innegable que aquí
desempeñó un decisivo papel la propuesta de
Ediciones Holguín en su cumpleaños 20 para la
tarde de ayer en el parque central de Gibara: Hijo de
Grecia, de Gabriel, y Los pájaros inmortales,
de Maribel, aunque estos no fueron los únicos títulos
al alcance de todos. Entre las ofertas se podían encontrar
también (si le interesa todavía está
a tiempo) textos vinculados con el cine, como Tiempo de
fundación o Revolución es lucidez, de Alfredo
Guevara, de otros de importantes escritores como José
Saramago (Memorias del convento) y Reynaldo González
(El Bello Habano) o del reciente ganador del premio
Rómulo Gallegos, Isaac Rosa (El vano ayer).
Poetas y narradores los dos,
tanto Pérez como la Feliú son hijos de Holguín
y graduados del taller de creación literaria Onelio
Jorge Cardoso. El primero es autor además de El
parque de los ofendidos, Canción de amor para el fin
de los siglos y En brazos de nadie; mientras que la segunda
se estrena en grande con Los pájaros..., aunque
su firma aparece en antologías como Mar adentro
y Té con limón. Ese fue el plato fuerte
de ayer, pero según me comentaba el promotor cultural
Joaquín Osorio Carralero, el próximo viernes
tendré otra oportunidad para regresar a mi asombro,
cuando se presente en el mismo lugar, a las 4:00 p.m., el
número 9 de la revista de arte y literatura Diéresis
y la novela de Lourdes González, ilustrada por Cosme
Proenza, María Toda, que tiene una parte de
su trama enclavada en esta tierra que se ha propuesto que
yo no sea el único que siga con la boca abierta.
José Luis Estrada
Betancourt
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