Cartel del IV Encuentro Atras ATRÁS CUBACINE

DIARIO DEL FESTIVAL

DÍA 20
> Alessandra Riccion: ¿qué espera del cine latinoamericano?
> A veinticinco kilómetros de la fe - Armando Capó
> La historia antihollywwod. Reflexiones - Juan Antonio Borrero
> Sin apartamento, pero con Karma - José Luis Estrada Betancourt
> Mucho, pero mucho corazón - José Luis Estrada Betancourt
> Uniendo nuestra voces, queremos cero pobreza - Rafael Grillo
> La ciudad del sol - Armando Capó
> Todo el mundo habla de... Hacer Cine Pobre
> Almuerzo No. 3 - El peregrino descalzo

ALESSANDRA RICCIO
¿QUÉ ESPERO DEL CINE LATINOAMERICANO?


Alessandra Riccio. Foto Martha VecinoHablo como espectador. Es obvio que no quiero ni espero del Cine latinoamericano aquella Hollywood patética de que ha hablado Humberto Solás recientemente en un Festival en España. Lo que no quiero está clarísimo: ni violencia gratuita, ni vulgaridad, ni sexo como excitante, ni intrigas ficticias. No quiero alienación. Todo lo contrario. Así como confiesa Rossana Rossanda, quiero ver cine como cuando era niña, para que me dé el sentido del mundo y de la vida; no quiero seguir consumiendo imágenes sobre imágenes de una perfección formal como pocas veces se ven la realidad. Hace pocos días, iba por una bella autopista de la costa amalfitana en una espléndida mañana de primavera, cuando tuvimos que parar y seguir muy despacio porque acababa de ocurrir un accidente y, a nuestro lado, en el asfalto yacían tres jóvenes motociclistas muertos con sus cascos y sus tutas de colores brillantes. No había sangre en el pavimento y aquellos cuerpos inanimados no lograban cobrar realidad. Los observé como se observa la escena de un film, como una cuota más de los muertos virtuales cotidianos que nos ofrecen el cine, la televisión y los periódicos.

Del Cine Latinoamericano espero, pues, que me devuelva el principio de realidad, que me ayude a salir de la virtualidad ilusoria para que pueda volver a tomar conocimiento de la realidad y de la verdad. O por lo menos de aquella parte de verdad que podemos llegar a conocer. Quiero que sea un cine que sepa transmitir materialidad, que ofrezca imágenes que no sean dictadas o impuestas por el mercado (sexo, violencia, poder), que sean imágenes del mundo ancho y ajeno, que me acerquen a nuevas fronteras, que no sean meras tomas perfectas de algo que se parece siempre más a un lindo escaparate, a una escena inanimada y siempre menos a la realidad de nuestro mundo globalizado y sin embargo, reino de las diversidades.

L‘illusion cinematographique, aquel embrujo que nos hace creer que la realidad es una invención y la vida un guión, y que los sueños son siempre mejores que la realidad, nos ha hecho soñar mucho en nuestras Arcadias, en la oscuridad de los cines d’antan donde entrábamos para olvidar lo cotidiano y perdernos en la aventura narrada. Ahora, la multiplicación vertiginosa del embrujo, a través de la televisión, los videos, los DVD, nos está robando, por exceso, independencia, espíritu crítico y capacidad de resistencia. Saturada, ya, de ilusiones, harta de recordar que la Vía Veneto que Fellini reconstruyó en Cinecittá para su Dolce vita, y que es la que nuestro imaginario reconoce, no era cuesta arriba, como en la realidad, sino en llano, por lo cual Fellini podía hablar del “inútil realismo de la realidad”.

Recuerdo todavía una tarde lejana en que, a falta de mejores programas, me metí en el cine La Rampa, de La Habana, para ver Roma Cittá aperta de Roberto Rossellini, absolutamente convencida que, cuarenta años después, aquella historia patética y lejana me dejaría por completo indiferente. No fue así. Anna Magnani que corre detrás del camión que se está llevando preso a su hombre, el niño en los brazos del cura Aldo Fabrizi y luego el fusilamiento, me hundieron en un llanto desesperado, removiendo toda mi indignación contra la prepotencia nazi.

Todo el poder comunicativo del Neorrealismo, su carga ética, su denuncia, su mirada solidaria con los pobres de la tierra, su fuerza en trasmitir el elemental mensaje, la obvia información de que los seres humanos somos un inextricable nudo de maravillas y de miserias —en los años ochenta— se mantenía intacta. No sólo intacta, sino necesaria, tanto como lo había sido en la Italia de los últimos años de guerra y en la posguerra.

Proponer un retorno al Neorrealismo italiano en el Tercer Milenio sería absurdo. Pero retomar de aquella lección todo lo que fascinó a tantos cineastas incipientes, desde Titón a García Espinosa, a Birri, mantener vivas las lecciones aprendidas por los maestros latinoamericanos, aprovechar de los nuevos medios técnicos para estar sobre la imagen con la inmediatez del documental, recordar siempre que el arte seduce y sugiere y no debe necesariamente explicar; pienso que puede ser una contribución a una estética y una ética latinoamericana al paso con estos tiempos de cambios sorprendentes. Y por ser Latinoamérica tierra de esperanzas, puede ser el lugar que origine este cine alternativo, la propuesta de otra forma de contar, sabiendo que perdura en el mundo y es real, una condición de pobreza a partir de la cual es siempre posible la creación artística, la búsqueda de un lenguaje fílmico libre de las trampas del mercado y que se oponga a la riqueza predatoria de la profesión cinematográfica.

Atras ATRÁS

 

 



Contáctenos a través de:
Teléfonos:(53-7) 838-3657; 838-3650 (al 55) ext. 210
Fax: (53-7) 8369493
Dirección: Ave. 23 No. 1155, Edificio ICAIC, Piso 6
Oficina del Festival Internacional del Cine Pobre
Vedado, Ciudad de La Habana, Cuba
CP 10400

Sergio Benvenuto - Director General
e-mail: festivalcinepobre@icaic.cu