Al
parecer Gibara me traerá de sorpresa en sorpresa. Anoche,
agotado hasta no dar más, sentado en la guagua que
nos regresaría a Holguín, y con una cervecita
haciéndome digestión (bueno, en realidad tres),
la memoria me jugó una emocionante trastada. De repente
comencé a escuchar frases aisladas en un idioma que
me era muy familiar. Y me asusté. Creí que ya
la fría me estaba haciendo estragos. ¿Búlgaros
aquí? ¿En el Festival de Cine Pobre? ¿Cómo
puede ser, si me había encargado de revisar el programa
y nada me indicaba que hubiese algún documental, corto
o largometraje procedente de la tierra donde yo había
estudiado hace exactamente 20 años? Pero no. Estaba
perfectamente sobrio.
Justamente frente a mi asiento,
el importante actor, guionista y realizador, Mladen Krstevski,
y la actriz Vesna Dimitrova (eso lo supe después) conversaban
tranquilamente sin siquiera sospechar que un intruso husmeaba
en su conversación. Él comenzó a tratar
de averiguar, buscando en todas direcciones de dónde
salía aquella voz que les preguntaba si venían
de los Balcanes, mientras ella dirigía sus ojos hacia
el techo, como agradeciéndole a su Dios por haberle
concedido la gracia de que alguien (al fin) los pudiera entender
“como el Señor manda”. Lo que sucedió
luego lo pueden imaginar: un parloteo interminable que duró
el tiempo que toma la distancia que separa a la Villa Blanca
de la Ciudad de los Parques.
Por supuesto que la conversación
terminó en Krchma na patot za Europa (algo
así como Una taberna en el camino hacia Europa) y Poslednoit
falcer (El último vals), largometrajes de ficción
inscritos dentro de la Muestra Informativa, y con los cuales
los macedonios llegaron para abrazar a Cuba. “Supe del
Festival a través de Internet. Envié mi solicitud
y pude colocar estas dos películas. La primera fue
rodada en el 2005 y a la segunda, aunque se filmó en
el 2000, le hice una versión que estuvo lista el pasado
año”, me dice Mladen, y continúa: “Esta
es nuestra primera visita a Cuba. Sentimos un gran regocijo,
porque gracias a la cultura y el arte hemos podido descubrir
a tu país, su Revolución”.
Tanto Mladen como Vesna integran
el reparto de Una taberna en el camino hacia Europa,
un filme cuyo título, me explican, es una simbólica
metáfora. “Al derrumbarse el socialismo en Yugoslavia,
Macedonia no tenía a dónde ir. No eran pocos
los que pensaban que la vida les cambiaría para bien,
pero ha sido todo lo contrario. En la película eso
se pone de manifiesto. Pero también se muestra el papel
que ha desempeñado la Comunidad Europea, la cual nos
ha puesto a fajar, ha recogido sus ganancias y se ha marchado”,
añade el también director del Festival Internacional
de Teatro de Macedonia.
“El segundo filme, me
adelanta Vesna, es de corte social. Nos apoyamos en las andanzas
de tres hermanos para hablar sobre las viejas diferencias
entre Macedonia y Albania, que siempre ha querido ocupar parte
de nuestro territorio. El último vals toma esa historia
como pretexto para reflexionar sobre la infidelidad y las
relaciones humanas”. Esta película, que se exhibirá
en Holguín y Gibara, viene avalada por cuatro premios
internacionales: dos como mejor filme extranjero, otorgados
en Houston, Estados Unidos, y Bulgaria, donde fue distinguido,
además, el colectivo de actores, así como un
galardón al mejor guión en Macedonia.
¿Satisfechos?, los interrogo
una vez más y no dudan en responder. “Hemos tenido
la oportunidad de estar en diversos festivales: en Canadá,
EE.UU., Italia, Suecia, Rusia, Alemania..., en los cuales
puede que haya más lujo y tecnología de última
generación, pero les falta alma. Sin embargo, este
Festival tiene mucho, pero mucho corazón”.
José
Luis Estrada Betancourt
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