Gabriel
García Márquez escribió en su crónica
por la muerte de John Lennon: “La memoria empieza por
la música”. ¿Y qué dudas quedan
de que otra vez acertó el hombre que logró describir
Cien años de soledad? ¿Acaso podría
olvidarse a Lena Horne cantando Now en el documental
de Santiago Álvarez, la partitura de Leo Brouwer para
Lucía de Humberto Solás, la de José
María Vitier para Fresa y Chocolate de Titón-Tabío,
o las presencias sonoras de Edesio Alejandro en el cine de
Fernando Pérez (Clandestinos, Suite Habana)?
Del cine más reciente, los melómanos de la Isla
recordarán por siempre al Trío Matamoros en
la apertura Mata que Dios perdona, con David Torrens
interpretando durante los créditos finales de la película
de Ismael Perdomo, o los temas de X Alfonso para Habana
Blues.
Otra frase del Nóbel
colombiano: “Joven es quien se sube a tiempo en el tren
de sus hijos”, y nadie podría negar que compartir
la música es lo que nos abraza a nuestros descendientes.
De tal modo que las melodías, más que ecos en
el espacio son huellas en el tiempo, son puente o estación
de paso entre pasado y futuro. Por eso son ellos, los músicos,
imprescindibles para que la cruzada del Cine Pobre crezca
y viaje a través de las fechas y los hombres. Para
tal están aquí, y ahora, los que hacen cubana
música y goce universal. Los presento: David Torrens,
William Vivanco y Kumar… Play again, Sam,
que estamos en la inolvidable Villablanca.
Rafael
Grillo |