En
su conferencia colofón al Foro abierto en la 4ta edición
del Festival Internacional del Cine Pobre, Omar González,
presidente del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficas
(ICAIC), vadeo entre varias preocupaciones e informaciones
sobre la realidad y el pensamiento contemporáneo cubano
y universal. Sus ideas provocaron que el centro del debate
retornara al neurálgico tema de la distribución
de los materiales generados por ese cine alternativo y pobre
que se confronta e integra en Gibara.
Movimiento al que, según
reconoció el propio González, también
pertenece el ICAIC, una institución que este año
espera concluir al menos ocho nuevos filmes nacionales, en
las condiciones de un cine igualmente pobre y alternativo
y que ya exige incorporarse como estética capaz de
alcanzar públicos mayoritarios.
El Presidente del ICAIC, en
su navegar a través de asuntos como el replanteo de
paradigmas, la pereza del pensamiento, la situación
del cine cubano y los problemas generales del audiovisual,
concluyó promoviendo la necesidad de crear, a partir
de la televisión, un espectador crítico y capaz
de enfrentarse a la globalización de las imágenes
y la invasión del modelo único. Aquí
emergió la iniciativa de utilizar los materiales del
Festival con esa intención y trajo a colación
a Telesur, el canal informativo que nació para divulgar
la realidad del Continente.
Ya en la jornada anterior se
había pensado en este espacio emisor como una vía
de distribución y promoción de los productos
audiovisuales periféricos que acoge el Cine Pobre.
El director cubano y presidente del Festival, Humberto Solás,
expresó la disposición de muchos de los participantes
a colaborar en la distribución de estos productos,
descartando los comunes obstáculos mercantilistas que
dificultan este proceso. Por su parte, González comentó
sobre el proyecto venezolano de salas alternativas de proyección,
un programa que podría recibir en sus espacios los
materiales de este empeño antiglobalizador.
Otras posibilidades mencionadas
fueron Cubavisión Internacional y la Red de Cine Insurgente
de Argentina. Ya en el marco interno de Cuba se pensó
en los Canales Educativos y se hizo referencia a Internet.
Todas estas variantes son consideradas para comenzar un camino
que exige de maniobras precisas; el salir de la queja y pasar
a la acción.
En función de este hacer,
el Festival de Cine Pobre de Gibara debe fungir como centro
de recepción de estos materiales internacionales dispuestos
a abrir una brecha de respeto a la diferencia, la diversidad
y la identidad cultural. Ya en los finales, Solas llamó
la atención sobre la importancia de que instituciones
como el ICAIC aporten esfuerzos para concretar la existencia
de un centro donde el Cine Pobre haga efectiva su proyección,
y además contribuya al desarrollo de muchos cineastas
autodidactas incorporados a este movimiento contracorriente.
Todas estas son acciones urgentes.
Para que se inflame el fuego del Festival del Cine Pobre.
Para que nunca se apague.
Andrés D. Abreu
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