Decir
que el Festival Internacional del Cine Pobre está “al
pie del cañón” es una metáfora
justa, aunque sea más popular que culterana; pero no
otra corresponde a la ética y estéticas que
propugna. De igual modo es una imagen literal, por la cercanía
de los sitios en que transcurre a la vieja batería
de Fernando VII que antaño protegió a la Villa
de Gibara ante las incursiones de los ladrones del mar. Y
además funciona para representar, como en una matriz
de marketing, las fortalezas que hacen de este un Festival
cada vez más consolidado y necesario.
Cine Pobre, expliquemos, es
un concepto y un hecho tangible; es una estrategia, un modo
y una proyección hacia delante. Cine Pobre es alternativa,
y tal vez la única posible para la mayoría de
este mundo. Es la posibilidad de los catapultados afuera por
la noria de la Historia, de las piezas sin encaje en el primer
rompecabezas del Tercer Milenio. Y la posibilidad de los que,
aún estando dentro, puerta a puerta con los que reparten
el pastel, se quedaron con la boca abierta. Es “el chance”,
la oportunidad mínima, de hacer un cine que muestre
“la verdad verdadera”, porque falsas verdades
hay, cualquiera lo sabe, “verdades” que se construyen,
que se montan sobre escenarios bien clonados. Estamos en una
era donde ya ni siquiera vale eso de “una imagen vale
más que mil palabras”: llegó la computadora,
el digital, la realidad virtual; ahora todo es representable,
todo puede ser simulado.
Cine Pobre, prosigamos, es
malecón, es dique, para contener el tsunami
arrasador de la globalización. Es trinchera de resistencia,
línea que quedó al frente cuando se retiraron
los hombres de Panfilov. Es adarga contra molinos de viento
en holograma y ogros de carne y hueso. Y es pieza de artillería
enfilada sobre el flanco débil del contrario, que lo
tiene: nadie es perfecto, ni siquiera “los malos”.
Cine Pobre, continuemos, es
sagacidad, “la chispa” de David y de Meñique,
la inteligencia contra la pared, el sastre que conduce al
Rey a posar desnudo ante la mirada del pueblo. Es un maestro
de aikido que devuelve el golpe con las propias energías
del oponente. Digital que paga con Digital. Globalización
del hombre unidimensional, de la cultura de masas blandas
y vacas locas que va por lana, por dinero fácil, y
sale trasquilada en Globalización de la Solidaridad,
multiplicación de la Diversidad, lógica de cooperación
en lugar de competencia.
Cine Pobre, digamos al fin,
no es Cine Pobre. Esa es una máscara, como la del Zorro.
Él es el verdadero Cine Rico. Cine Pobre tampoco es
un cine Otro. El Otro es Hollywood, el Universo paralelo que
ni los físicos alcanzan a encontrar, la distante Nebulosa
de Andrómeda, la Ilusión perdida, el onanismo
de un Gran Arquitecto, sexo en grupo de cuatro gatos.
Mientras que Cine Pobre es
fotograma en que aparezco yo, abrazado a todos los demás,
a los millones de convivientes en este Barrio Cuba. En este
Barrio Tierra.
Rafael Grillo
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