Cartel del IV Encuentro Atras ATRÁS CUBACINE

DIARIO DEL FESTIVAL

DÍA 23
> Que el fuego no se extinga - Andrés D. Abreu
> La fortaleza del Cine Pobre - Rafael Grillo
> En cada cuadra un Festival - José Luis Estrada Betancourt
> Los ojos de la ciudad: Desvarío
> El niño "prodigio" del Cine Pobre - José Luis Estrada Betancourt
> Tarfaya, no hay sombra bajo el sol
> El shock cultural en Moolaadé - Andrés D. Abreu
> Juan Antonio García Borrero: Es más importante una ética que una estética del Cine Pobre - José Ramírez Pantoja
> Todo el mundo habla de... El Festival - José Ramírez Pantoja
> Almuerzo No. 7 - El peregrino descalzo

EL NIÑO "PRODIGIO" DEL CINE POBRE


De tres, dos. Si no es un récord, al menos es buen average. Mahmoud Reza Sani se ha convertido en el niño “prodigio” del Cine Pobre: en la primera edición del Festival de Gibara el iraní se fue con el Gran Premio con su historia al estilo de Romeo y Julieta en Afganistán, y ahora, tres ediciones después, vuelve a conseguir éxito con Ghaze vahshi (El ganso salvaje).

—Al parecer estás enamorado de Gibara y su Festival...

—En verdad, soy un enamorado de la cultura latinoamericana, y más que por carambola de Gibara y su Festival. Jamás olvidaré que mi ópera prima, Siyamo, vio la luz por primera vez aquí, donde fue galardonada. Hasta ese momento dudaba que yo pudiera ser un realizador de audiovisuales (al menos uno medianamente bueno), pero tras presentar el filme y que algunos especialistas, entre ellos Humberto Solás, me dijeran que mi película tenía calidad, supe que el camino escogido no estaba tan errado.
“Con el premio de Siyamo decidí rodar mi segundo documental aquí en Gibara, sobre Ernesto Che Guevara, que titulé Che, el dulce sueño de la caña.

Más tarde, con la experiencia acumulada me dispuse a hacer mi primer largometraje de ficción. Y mírame aquí otra vez en esta bella ciudad, que cuenta con un Festival que tiene el enorme mérito de descubrir nuevos talentos... El saber que estoy entre ellos me incentiva a seguir adelante. De ser posible estaré aquí todos los años”.

—Según supe, no te resultó muy fácil llevar adelante este último proyecto...

Ghaze vahshi es la historia de dos soldados (uno iraní y el otro iraquí) que no se podían comunicar entre sí hasta que un día, en el límite de la frontera de los dos territorios, cae un ganso salvaje víctima de un disparo. Gracias a este incidente empiezan a entenderse. Este suceso tiene lugar justamente cuando comienza la agresión norteamericana a Iraq.

“Para materializar este proyecto tuve que acudir a los militares de mi país, con quienes estuve cinco meses negociando, pero finalmente obtuve su ayuda. Pasé dos meses en el desierto conviviendo con el ejército iraní, lo que significó ingerir sus comidas, adaptarme a sus hábitos y costumbres, a su manera de hablar y de actuar... Ellos creían que yo no sería capaz de hacer solo esta película para la cual tenía un bajísimo presupuesto. Pero ya está aquí, compitiendo una vez más, aunque no estoy seguro de que todo haya salido bien. Por suerte la aceptaron, lo que dice que mi trabajo gustó”.

—¿Fue la necesidad de aliarte a los militares para poder rodar tu película lo que te indujo a contar la historia de El ganso salvaje?

—No. Sucede que nosotros estuvimos ocho años en guerra, lo que obligó a todas las familias a luchar, incluso hasta los que, como yo, todavía estábamos en la escuela. Por tanto, la guerra ha marcado nuestras vidas y por ende es muy normal que eso aparezca en mi película. La ayuda militar era vital para poder realizar El ganso..., porque yo necesitaba las armas, por ejemplo. Sin su colaboración hubiera sido imposible porque la película sería muy costosa. ¿Sabes cuánto vale una bala? Tres dólares. Y se utilizaron 5 000. Así que por ahí puedes ir sacando la cuenta.

—¿Pero los militares tenían interés en que se rodara el filme?

—Pues claro que no. A ellos no les gustaba en realidad mi historia, porque mientras mi obra es un canto a la paz, ellos están a favor de la guerra; una experiencia que quisiera borrar de mi mente, pero mi cuerpo lleno de cicatrices me la recuerda. No obstante, al final me apoyaron, que es lo más importante.

—Al mirar los créditos de la película uno se percata de que fuiste el hombre orquesta: director, guionista, fotógrafo, editor... ¿Exceso de celo o no hubo otro remedio?

—De haber tenido presupuesto suficiente me hubiera encantado contar con muchos de los especialistas que conozco, pero no fue posible. Yo he tenido que ir aprendiendo sobre la marcha, con la experiencia que he ido acumulando. Claro, lo ideal hubiera sido lo otro, porque un realizador, aunque conozca de fotografía, no tiene que ser un especialista en el manejo de la cámara. Tuve amigos que se ofrecieron para darme una mano, pero como era un proyecto tan cerrado tuve que arreglarme solo. Sería magnífico que los realizadores profesionales colaboraran con los que empiezan con sus proyectos independientes, si estos valen la pena. Debería existir una comunicación mayor entre quienes tienen ya una carrera y aquellos que están ansiosos por aprender.

—¿Es que la industria del cine iraní cierra sus puertas a realizadores como tú?

—Mira, en mi país hay una industria cinematográfica grande, a la que solo le interesa las películas comerciales. Por otra parte, el gobierno te ayuda, si tienes un proyecto, pero si la película no te da para pagar la deuda que has contraído, sabes que te espera la cárcel. Tan sencillo como eso. Por muchos años fui asistente de dirección, por lo que no pocos productores me conocen, pero, como te dije, a ellos solo le interesa la línea comercial, que no a mí. Mis preocupaciones son las preocupaciones de los seres humanos.

Me gusta hacer películas sobre la gente, que hable de la gente, como lo evidencia El ganso salvaje.
“Después que terminé esta última película los productores empezaron a reaccionar de otra manera, pero siguen insistiendo en lo mismo y yo quiero mayor libertad. Y ellos son especialistas en censurar la realidad de mi país. Mas yo no quiero aliarme a la mentira”.

—He escuchado que pretendes rodar tu próxima película también en Cuba...

—En eso estoy. La historia de amor de Los sueños de la Villa Blanca, como se titulará la película, se basa en mis memorias y en las de varios amigos, aunque el drama no se circunscribe únicamente a Gibara. Sin embargo, lo más importante no son las locaciones, sino los sueños de la gente común, de la gente de pueblo. Más que grandes recursos, lo que necesito es la ayuda de los cubanos. ¿Mi mayor anhelo? Presentarla aquí.

—No obstante, es genial haber sido distinguido en el Festival...

—Hace tres años obtuve 3 000 dólares por Siyamo. Sin embargo, no regresé a mi país donde también es mucho dinero, y donde podía comprarme un carro o una buena cámara. Quería gastarlo en Cuba, como lo hice con Che, el dulce... Esta vez haré lo mismo. Ya tengo el dinero para la película. Claro, ahora es mucho mejor. A mí no me place estar en esos enredos de presupuestos, prefiero unirme con gente que comparta mis sueños y tratar de realizarlo con los recursos que tenga. El premio, que lo agradezco, sobre todo me da energías para continuar. Para mí el mayor premio es el modo como la gente recibe mi película. Si les gusta soy el hombre más feliz sobre esta tierra.

—¿Cómo surgió ese amor por el cine?

—Cuando la guerra comenzó en mi ciudad, Abadan, mi padre tomó su cámara de 8 mm y filmó la muerte, el sufrimiento, el horror de la guerra. Después que reveló la película quedaron fijadas en mi mente las imágenes de familias destruidas. Y me dije: algún día contaré las historias de estas familias. Estudié en la universidad Ingeniería Química, pero no me gusta. En cuanto al cine soy autodidacta, pero ser asistente de dirección me dio algunas herramientas. Trabajé con grandes profesionales y leí, vi y estudié mucho. También cuando niño fui actor de cine —participé en no pocas películas — y de teatro, labor que mantuve sistemáticamente hasta hace unos cinco años. Yo soy un soñador, un romántico, a quien le encantaría que dentro de cien años sus películas fueran el fiel testimonio de lo que sucedió.

—Entonces, eres uno de los defensores del Cine Pobre...

—En mi país hablo mucho de Cine Pobre, porque los realizadores piensan que solo se puede hacer una buena película si tienes buena cantidad de dinero. Se necesitan recursos, por supuesto, pero no tanto como algunos piensan. Mi interés es que comprendan que con bajos presupuestos se puede lograr una obra de alto nivel estético y que le diga algo a la gente. Al menos eso es lo que añoro, que mis películas logren transformar o hacer reflexionar a las personas. Siempre que eso suceda continuaré haciendo películas.

José Luis Estrada Betancourt


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