| Queridos
Amigos:
Abrimos
una nueva edición del Festival Internacional de Cine
Pobre convencidos de su utilidad y capaces de sorprender.
Si bien estamos satisfechos con las consecuencias que en gran
medida el Festival ha propiciado, tales como el incremento
de la producción audiovisual en Cuba y el gradual desmoronamiento
de prejuicios e incomprensiones entre quienes consideraban
la obra audiovisual solo como privilegio de una elite, hemos
introducido modificaciones que redundan en una mayor versatilidad
de premios tanto en metálico como en tecnología.
Y todo ello sustentado
en la divulgación de obras que destacan una posición
de no subordinación a las reglas del juego que caracterizó
hasta ahora a esta profesión, o sea, a la pasiva recepción
de los dictámenes de mercaderes o instituciones, emitidas
verticalmente y sin espacio a la polémica. En cambio,
alentamos la ejecución de un cine legítimo,
actuante y movilizador, altamente estético y ético,
humilde en su elaboración, ajeno a todo proyecto de
elitismo cultural, propiciador, en cambio, de una interacción
con las diversas comunidades. Promocionamos también
un cine despojado del cosmopolitismo que nos condena al claudicante
mimetismo de los centros culturales y económicos que
aún pretenden regentear la espiritualidad en todo el
planeta. Es por ello que alentamos el espacio innovador y
no somos complacientes con el desaliento inspirado en el fatalismo
geo-histórico-político.
Somos de los que
creen inveteradamente en el futuro protagonismo de las comunidades,
porque solo ellas paliarán la inevitable evolución
globalizadora, con su irrefrenable madeja de políticas
paternalistas y donde el actuar de las comunidades, como desalineada
estructura realmente participativa, serán las que generen,
aún precariamente, cierto equilibrio.
Si a la consolidación
de los grupos de real identidad se une el deseo vivo y honesto
de su extensión cultural, entonces sí podremos
hablar de una épica de gnoseología colectiva
que derrumbará, al menos parcialmente, los muros del
planetario negocio de la distribución y le devolverá
al cine y a las demás profesiones artísticas,
su verdadero lugar y real compromiso.
Una elite artística
deberá desaparecer, así como desaparecerá
la injusticia en el marco general de la sociedad comunitaria
en todos los órdenes y profesiones.
¡Bienvenidos
a la Utopía!
Humberto Solás
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