Cartel del IV Encuentro Atras ATRÁS CUBACINE

DIARIO DEL FESTIVAL

DÍA 17
> Bienvenidos a la Utopía - Humberto Solás
> Palabras de salutación - Omar González
> Cuatro años sí son algo - Rafael Grillo
> Los filmes de apertura del Festival
> Gibara, ciudad abierta - José Luis Estrada

 

PALABRAS DE SALUTACIÓN


Omar GonzálezSoy optimista.Se estámoviendo el piso.La globalización hoy es la guerra,que es elrecurso preferido de los imperios en su fase extrema de desesperación y odio.La globalización másdeseada y necesaria en este instante comienza por lapaz y comporta la justicia social. Pero, a pesar de todo, o tal vez por eso,un nuevo pensamiento se abre paso. Vivimos otra realidad y es menester vivirla para poder interpretarla. Estructurar este nuevo pensamiento social desde lapraxis, es su imperativo; sin distraerse más en lautilidad de la catarsis ni en la estrechez axiomáticade la culpa. La única opción deseable frente a los muchos males que acechan a la humanidad, es la lograr, al menos, un método de desarrollo sustentable a nivel mundial, lo que comportaría la eliminación de las causas de la pobreza -la desigualdad es la fuente de todos los desequilibrios sociales- y elmejoramiento de la calidad de vida de los hombres y mujeres que poblarán la Tierra en los días por venir.Cabe pensar que predomine la racionalidad en nuestros actos y que el optimismo se imponga, respaldado por la conciencia y los hechos de cada ser humano. La razón y elequilibrio, deben prevalecer a toda costa. La riqueza delhombre es su ilimitada creatividad.

La gran misión de los intelectuales y elarte de nuestro tiempo,en su relación con la vida social, es la de constituirse en parte indisoluble de las alternativas almodelo socio-económico prevaleciente. En cualquier caso, el fenómeno de la multiplicación solidaria, de lacualforman parteestos encuentros de Gibara, tiene antecedentes de gran relevancia durante losúltimos años,un período en elque la conciencia de lodigital se entronizó con las alternativas de la altermundialización. Diversos foros de índole regional o temática deben tanto a los beneficios delpensamientointeractivo y alacceso a las nuevas tecnologías de lainformación, que sería imposible imaginarlos sin su existencia. La humanidad,cuya defensa lo precisa todo, necesita con urgencia de la emancipación mediática. La globalización de las comunicaciones, al tiempo que ha propiciado eldiálogo, la instantaneidad, el conocimiento y la identificación de y con elotro, ha transformado alindividuo en un animalconsumista, dependiente dela voluntad hegemónica y sin capacidad de extrañamiento ante su rutina diaria. Rehén de las circunstancias, su única ambición es formar parte de la manada, creyéndose diferente y próspero. Los bancos de imágenes para lapublicidad pueden estar en Sydney, Tokio, Nueva York oLos Ángeles y,visto desde allí, el resto del mundo es, acaso, folclore y paisaje.

Cuando se analiza la circulación internacional delcine, lo primero qie salta es la marginación de todo lo que no sea norteamericano en los circuitos de cada país. La globalización que los pobres de la Tierra precisamos es otra muy diferente a la que, de un tiempo a esta parte, hemos venido conociendo día tras día; la misma que nos obliga a luchar para procurarnos alternativas más dignas y necesariamente originales. No se trata sólo del tipo de orden que predomina, sino del fenómeno depredador en su naturaleza, tal y como se nos ha impuesto, sin derecho a participar en su diseño y mucho menos en eldespliegue triunfal de sus modelos. Aquí la pluralidad tampoco fue tomada en cuenta. Tal apoteosis consumista no repara ni edades ni fronteras: mucho menos en implicaciones morales o en las graves consecuencias que pueden acarrear a la humanidad y a su futuro.

Si elsueño de los hermanos Lumiére era fotografiar ingenuamente la realidad cotidiana, con la corrupción mercantil delcine y su público se produjo también el silencio de la realidad de las cosas. No hablo de las grandes obras cinematográficas, que salvan y salvarán siempre a esta manifestación artística de la estulticia en que han caído todas, incluso ella, sino de la que con eltiempoha devenido su característica fundamental: esa función analgésica, embrutecedora y sedante con que se adormecen las conciencias y se distraen las energías delpensamiento. Y como del control de la programación mundial ni siquiera participan lascinematografías más vigorosas de Europa -por no hablar de las alternativas, pobres e independientes delSur delmundo- nada más lógico suponer que sean las transnacionales estadounidenses las que dicten pautas y prefiguren elgusto. Lo que termina imponiéndose no es precisamente el arte, sino elefectismo despersonalizado y la producción en serie.Es, a no dudarlo, el paroxismo de la homgeneización,laultratiranía delmodelo de Hollywood.

Una situación como la descrita, obliga a consideraciones de fondo. Sería un buen comienzo empezar preguntándonos: ¿En quémedida elcine latinoamericano de hoy se atiende a los postulados esenciales del nuevocine latinoamericano de siempre? Pero nobastaría, habría que tensar elarco y seguir interrogándonos sobre todos los temas posibles,sin fatiga, sin temor a la duda y alerror, entre otrasd cosas porque, ahora mismo, lo que más necesitamos en el cine y en nuestra cultura latinoamericana en general -toda cultura lo requiere-, es de un pensamiento crítico y de la crítica frontal a un tipo de pensamiento light que, aunque iconoclasista, resulta paralizante. Para lograr esa revolución de y en la conciencia de nuestras realidades, resultará imprescindible abrir mayor espacio a los jóvenes, en quienes recae no sólo elpeso de la tradición, sino eldeber de la continuidad y la ruptura. De ellos también es y será,mejor si conscientemente, elsanto y seña de nuestras identidades, la cartografía espiritual de una imagen que nopuede ser lahuella delconsuelo ni la pragmática de un conductismo neoliberal. La globalización del capitalismo ha hecho estragos irreparables en el cine latinoamericano, y la entrega directa o indirecta de determinados intereses foráneos, en general mediante la fórmula de las coproducciones, no es inocente, sino parte del juego que prepara el terreno a mayores depredaciones.

En general, para los genuinos realizadores cinematográficos de los países subdesarrollados, la alternativa no puede ser ni imitar ni postrarse a los pies de Hollywood, sino encontrarse a sí mismos en la turbulencia de sus identidades y en la apropiación crítica de los nuevos soportes y lenguajes estéticos, a riesgo, incluso, de morir en elintento o de las consabidas contracciones curriculares. Sin voluntad política, tampoco habrá continuidad del cine nacional.Apostemos por lasnuevas tecnologías, ciertamente más viables y democráticas, pero es imprescindible que tengamos con qué y sepamos cómo utilizarlas. Los gobiernos de lascinematografías nacionales. Un cine es otra barrera frente a la seudocultura del pensamiento único, un escudo, un verdadero problema de seguridad nacional.

Hay que encausar la rebeldía con másinteligencia que entusiasmo o, talcomo ha señalado Noham Chomsky: Hay que dotar de conceptos a la ira. El desequilibrio que provoca en la cultura la globalización del capitalismo es francamente aniquilador para las identidades nacionales y eldesarrollo de la capacidadcrítica de los pueblos; de ahí la reacción que provoca no sólo en laintelectualidad más avanzada, sino a escala social. Paradójicamente, la resistencia crece,y en ella radica la esperanza de una definitiva redención. En elcine,esa respuesta se advierte en lamultiplicación de las alternativas y en una gradual reestructuración de su vanguardia artística. Por lo mismo,no es casual que en los Estados Unidos se manifieste uno de los principales movimientos de cine independiente con que contamos en laactualidad, y me refiero a las decenas de nuevos realizadores del audiovisual que pueden localizarse a través de la Red oen circuitos periféricos de distribución o exhibición. Hoy, con la accesibilidad que propician los soportes digitales, es virtual y objetivamente posible,producir y editar una obra audiovisual con medios propios y liuego difundirla a través de internet. Pero éste no sería el problema, la misión verdadera estriba en laurgente necesidad de estructurar redes capaces de garantizar su circulación. Para lograr trascender, llegar,rescatar oformar un público avezado y avisado, hay que saber utilizar las brechas y oportunidades que aún permite laglobalización totalitaria.

Hagamos de lalucha nuestra obsesión. Desde el ángulo de los que luchan porlaigualdad y lajusticia, lodigital no es un mero soporte, sino, teóricamente, el escenario ideal para manifestar un tipo de pensamiento social basado en la solidaridad y el diálogo. Otra cosa sería cómo se comporta en la realidad ese ideal de participación y pertenencia, y hasta qué punto el dominio de las transnacionales impide su materialización. Por eso, es menester interactuar, vincularse,compartir experiencias y conocimientos.

A la altura de su cuarta edición, el Festival Internacional del Cine Pobre sigue siendo una plataforma donde alternan, en régimen de absoluto respeto e igualdad de oportunidades, los proyectos de filmes, las ficciones, los documentales y obras experimentales de aquellos realizadores que seproponen la salvaguarda de la esencia cultural de los pueblos, se rebelan contra la abulia conformista de lainmensa mayoría del cine contemporáneo, y comulgan artísticamente con proyectos emancipadores, en primer lugar de la conciencia y de la propia cultura, que es la única salvación posible en nuestro mundo. Frente a lo global uniformador, Cine Pobre y sus promotores, levantan las banderas de nuestras identidades. Los ingredientes esenciales de este Festival no difieren en mucho de los que hoy movilizan almundo contra la guerra o a favor de la justicia: cooperación, responsabilidad, audacia, transparaneic y devoción. Sostener que la cultura nos protegerá de tanta irracionalidad insultante, y de losincontables desvaríos que asolan a lahumanidad, no es ilusorio.

Omar González
Presidente del ICAIC

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