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Se le hace culto a Roberto Rosellini en esta cuarta edición
del encuentro de Gibara. Como el Festival de Cine Pobre llegó
para demostrar que la obra audiovisual no tiene por qué
seguir a ciegas, sumisamente, los designios de la gran industria,
decidio en esta 4ta edición hacer homenaje a un maestro
de la experimentación, que marcó un antes y
un después en la cinematografía universal de
su país.
Roberto
Rosellini (Paisá, Alemania año cero, Stromboli,
Europa 1951, Viaje a Italia...), el célebre fundador
del Neorrealismo italiano, siempre se propuso como principio
hacer un cine otro.
De hecho, cuando se habla de
modernidad en el cine hay que mencionar inexorablemente a
Rosellini y, por supuesto, a su inmortal Roma ciudad abierta,
un clásico que algunos descubrirán y otros continuarán
venerando en esta semana de Festival; un largometraje que
el propio autor clasificó como “el filme del
miedo: del miedo de todos, pero sobre todo del mío.
También yo debí esconderme, escapé, tuve
amigos capturados o muertos. Miedo verdadero: con treinta
y cinco kilos de menos por el hambre, por el terror que en
la película he descrito”. Pero, además,
quienes recorran por estos días la mágica villa
holguinera bañada por el mar, serán testigos
de un gran acontecimiento: el estreno absoluto en Cuba de
una entrevista que realizara el cineasta al presidente chileno
Salvador Allende.
Ver los documentales rodados
por Rosellini en los tiempos del fascismo, sus películas
o propuestas televisivas es, invariablemente, como vivir otra
vez una parte importante de la historia de la humanidad en
el siglo XX, es hacer un viaje por el interior de los seres
humanos, fisgonear en sus sueños, frustraciones, dolores,
alegrías... Y todo eso invita a aplaudir ante el talento
de un hombre que logró con sus cintas un nuevo lenguaje
cinematográfico, y que defendió un concepto
de hacer cine, que hoy tiene para muchos realizadores en el
planeta más validez que nunca: rodar películas
de bajo presupuesto y conservar siempre la libertad. Solo
a través de la sencillez, decía Rosellini, puede
un director conseguir su independencia.
Uno de sus hijos, Renzo Rossellini,
fungirá como miembro del jurado en esta cuarta entrega
del Festival Internacional de Cine Pobre. El actual presidente
de la Instituzione Roberto Rosellini, dedicada a
difundir la obra del notable autor, ha confesado en entrevistas
que la mayor enseñanza que recibió de él
fue su humanidad, su inmensa sabiduría. “En la
Historia ha habido muchas personas que han sido consideradas
profetas por el saber que han transmitido a los demás,
y yo durante años tuve la impresión de vivir
con una especie de profeta. Mi padre se adelantó a
su tiempo en muchos aspectos. Ante todo, estaba preocupado
por la verdad, el contenido, el significado y mensaje de sus
películas, más que por la forma”.
Así que será
un verdadero gustazo para los cinéfilos que desanden
las calles y espacios de Gibara en busca de su tiempo apreciarla
obra de este italiano singular, que fue capaz de rodar a partir
de unas cuantas ideas. Y sin embargo, el resultado era extraordinario.
Un lujo que ofrece ahora esta ciudad que, por cuarta vez,
acoge al Festival Internacional de Cine Pobre, evento que
siempre hizo suya aquella premisa de libertad de Rosellini;
una ciudad abierta al mejor cine, a la diversidad, a la legitimidad
de las identidades nacionales y culturales.
José Luis Estrada
Betancourt
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