Atras ATRÁS CUBACINE

DIARIO DEL FESTIVAL

DÍA 17
> El incómodo, provocativo, auténtico reflejo- Joel del Río
> España tras el fin del celuloide - Rafael Grillo
> Entrevista a Mario Limonta - José Luis Estrada
> Todo el mundo habla de... - Estudiantes de periodismo





EL INCÓMODO, PROVOCATIVO, AUTÉNTICO REFLEJO

De cualquier cosa puede pecar el Festival Internacional de Cine Pobre, menos de presentar filmes documentales elegidos al azar, para cumplir compromisos, llenar puerilmente espacios en pantalla y entretener a los ociosos. En la Sala de video del Jibá se está repitiendo un fenómeno que recorre en la actualidad los mayores y los menores eventos audiovisuales que en el mundo son: la preponderancia, seducción, carácter arriesgado y artístico del documental realizado ahora mismo. En un programa consagrado a la competencia documental y de videoarte, al cual le sienta a la perfección el adjetivo de óptimo, pude apreciar de corrido cuatro obras de méritos desiguales pero considerables, todas ellas dedicadas a la contemporaneidad cubana como tema, afrontado desde la inconformidad, la franqueza y el deseo por acercarse a los eventos de la cotidianidad sin cortapisas ni paños tibios. Ayer tarde pude ver los documentales Rasgando velos, de Lizette Vila y De generación, de Aram Vidal; junto con dos filmes más cercanos al video arte o a la experimentación; Existen, de Esteban Insausti y Cuando yo soñaba un mundo al revés, de Jorge Dalton.

Documental clásico de entrevistas, que se concentra en la elocuencia de los primeros planos a los rostros de los entrevistados, cuatro o cinco adultos varones enfrentados a la incomprensión social y la intolerancia debido a que son seropositivos del SIDA, Rasgando velos es emotivo, sincero, y en general convincente, aunque a veces no sepamos a ciencia cierta si se dedica con mayor asiduidad a retratar cómo funciona la readecuación social de enfermos, o si pretende mejor convencernos con argumentos bien sólidos (que a veces redundan) sobre la capacidad de sufrimiento de los varones, su fragilidad ante el padecimiento, las lágrimas o la muerte.

De generación recurre también a las entrevistas, pero bien sucintas e inteligentemente hilvanadas, a un grupo de jóvenes cubanos, de uno y otro sexos, a propósito de sus reflexiones íntimas, medulares, emotivas, sobre la Cuba de hoy mismo, sobre el futuro y, más que todo, acerca de la posibilidad de sostener el sentido de lo revolucionario. El realizador evidentemente consiguió moverse dentro de márgenes de comunicación amplia y profunda empatía con los entrevistados, logró por edición, mediante los insertos, y la angulación (a través de tomas picadas) "refrescar" el hondo y sensible tema, sin banalizarlo. Méritos le sobran al documental de Aram Vidal para situarse, como ha venido escalando, entre los documentales más fuertes y convincentes de los realizados en Cuba durante los últimos cinco años.

En la vinculación intertextual de múltiples fragmentos, para enriquecer un discurso ya de por sí bastante híbrido y heterogéneo, mucho avanzó Esteban Insausti, con su premiado documental experimental Existen, enigmático título que hace alusión a la necesidad de reconocer el estatus y la presencia humana de los orates, vinculado todo ello a esa especie de obsesión que expresa el joven autor con temas como la soledad y el desamor, recordar que a Esteban le debemos el tercer y formidable cuento de Tres veces dos. Homenaje al documentalista cubano Nicolasito Guillén Landrián, todavía insuficientemente reconocido, Existen destaca por sus intencionados grafismos, el barroco y convincente trabajo en la banda sonora, y la gracia y fluidez de este collage delirante, simpático y enternecedor.

Por último, apareció Cuando yo soñaba un mundo al revés, de Jorge Dalton, mezcla de ingredientes cuya fusión puede resultar por momentos desconcertante, pero que al final es siempre vigorosa e incitante, pues apela a sensaciones, a la cultura e información del espectador, manipula los iconos culturales más entrañables y representativos de toda una época (desde los años sesenta hasta los ochenta) en una estética deudora al mismo tiempo del cine mudo, el video arte, el video clip y las vanguardias pictóricas y teatrales de comienzos del siglo XX. Dalton describe la erosión y el cansancio de la utopías, y al mismo tiempo comparte, imprescindiblemente, la ilusión de que en algún momento resuciten y echen a andar, henchidas de nuevos aires.

Joel del Río

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ESPAÑA TRAS EL FIN DEL CELULOIDE

Entre las tantas certezas recogidas tras cinco años de Festival Internacional del Cine Pobre, está el reconocer que la propagación de un cine alternativo, en temas y recursos, no es solo catarsis tercermundista, sino también suceso común en los países del mundo más rico. Lo confirmaría Mario Iglesias, director español, al citar el aforismo de un cineasta filipino: "El celuloide ha muerto. Por favor, no traigan flores".

La nación ibérica se ha llegado hasta Gibara con varias propuestas en la mochila. De bares, largometraje en competencia, avanza mediante cámara en mano, nerviosa, con sonido directo y cortes abruptos, al estilo Dogma 95. Busca abarcar el universo variopinto de lo humano: Un hombre y una mujer intercambian miradas desde mesas separadas y se dispara un vínculo de equívocos. Las paredes de un bar cuentan las vidas de clientes que pasaron por allí y dejaron sus retratos. Arriba a un antro con la intención de comprar "caballo" (droga), alguien que luce el menos indicado bajo esa estampa de tipo formal y hasta idiota: Estas son algunas de las historias que cuenta el filme de Mario Iglesias, todas de arranque sugestivo y finales inesperados, sostenidas por un reparto eficiente, en lo general, con ciertas sorpresas agradables para el cinéfilo, como la presencia de Nacho Novo, el actor fetiche de Julio Médem (La ardilla roja, Los amantes del Círculo Polar) y Mirtha Ibarra, la musa cubana de Tomás Gutiérrez Alea (Titón).

Alfonso Fulgencio fotografía con agudeza estética la desesperación de un hombre sediento. Desde Agua, en solo 9' minutos 20, se plantea alertar a las sociedades pudientes en momentos cuando ya padecen las dramáticas consecuencias de la falta del líquido indispensable un gran por ciento de la humanidad menos privilegiada.



Li
y Ludoterapia son otras dos breves cintas españolas que compiten en ficción dentro del Quinto Festival. La primera citada, de David Casas, carente de diálogo, pero sin que apenas lo notemos, es un noble y sencillo ejercicio estético sobre la infancia, donde el sueño y la realidad de una niña se enfrentan dislocando sus deseos de libertad.



Mientras, el segundo corto sorprende por el ingenio de su realización, que subyuga desde la misma tira de créditos, y de un tejido dramatúrgico que sabe habérselas con un tema tan recurrido como las crisis de pareja, trayéndole su cuota de aire fresco. Una historia partida en dos, dos parejas que se desconocen una a la otra, sin saber que están luchando contra el mismo demonio. Un juego pone a ambos duetos frente a un espejo. Es la parte femenina quien lo descubre y sigue la rima. El lado "fuerte" duda, no se deja arrastrar, terminan enfrentados. Acaso un guiño a sus compañeros de género que nos hace desde su cinta el director León Siminiani .

Rafael Grillo

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Entrevista a Mario Limonta
LIMONTA EL BOLA'O

Hubiera querido interpretar en algún momento de su vida el Otelo íntegro de Shakespeare, pero ahora el destacado actor Mario Limonta, a quien el quinto Festival Internacional de Cine Pobre le rinde justo homenaje, junto a otros dos grandes: Manuel Porto y Enrique Molina, se siente realizado cuando se mete en la piel de uno de los suyos. "Mi brújula como actor ha sido interpretar a un cubano de cualquier estamento social, desde un intelectual hasta un marginal. Si la gente cree en el personaje que le ofrezco me doy por aplaudido. Siempre lo darlo todo porque sea creíble y auténtico; algo que he tratado de hacer durante casi media década de labor en la radio, en el cine, en la televisión, en el teatro, en el cabaret. Solo no lo he podido hacer en el circo, porque desgraciadamente no soy ni equilibrista ni trapecista (sonríe)".
A Limonta, el Sargento Arencibia o Sandalio el Bola'o -da lo mismo, la gente lo identifica lo mismo por su nombre que por sus personajes que lo han convertido en personaje célebre-, lo podremos ver próximamente en la pantalla grande demostrando su gran versatilidad y capacidad para convencer. Se trata de Los dioses rotos, de Ernesto Daranas, "una película que está en proceso de postproducción, donde me convierto en Serrano, un santero, hijo de Ogún. El guión es muy interesante. Es algo así como la historia de Yarini en pleno siglo XXI, se rodó, incluso, en el barrio de San Isidro. Vamos a ver, pero espero que me haya salido bien".

-En 1964 debutaste y asumiste tu primer protagónico el cine en La decisión. Luego vinieron De cierta manera, El brigadista, Retrato de Teresa, Miel para Oshún, Mata que dios perdona, Barrio Cuba... ¿Qué ha significado este medio para Mario Limonta?

-Ha sido esencial en mi vida profesional. Mira, empecé por la radio, después incursioné en el teatro y la televisión, pero el cine tiene otras posibilidades. Primero, puedes enfrentar tu labor con mucho más detenimiento, y por tanto el puedes aspirar a la perfección; segundo, el cine queda, y la imagen viaja por el mundo. Y eso es muy importante para un actor.
"¿Qué ha pasado con el cine y Mario Limonta en los últimos tiempos? Pues en el 2001, Humberto Solás hizo su primera película en digital, que significó un renacer en mi carrera. Miel para Oshún ganó muchos premios internacionales, entre ellos uno que me otorgaron en Viña del Mar como mejor actor de reparto. Después repetí la experiencia con Solás en Barrio Cuba, la cual tuvo idéntica repercusión internacional y nacional, porque las salas se llenaron (nosotros no publicamos las estadísticas, pero te aseguro que la asistencia fue masiva, creo que Barrio Cuba debe haber sido vista por más de medio millón de personas). ¿Qué otra cosa puede ambicionar un actor?".

-Entonces, estás entre los abanderados del cine digital...
-Muchas personas acostumbradas a hacer cine en celuloide veía al cine digital como si fuera un bastardo, pero la verdad es que en Cuba ha contribuido a la recuperación de la cinematografía nacional. Este año, por ejemplo, vamos a hacer siete películas y el pasado estrenamos cinco. El cine es un negocio muy caro y, sin duda, el digital baja los costos de producción lo que no significa que con ello tenga que mermar la calidad artística. Y al final, que es lo más importante, la gente agradece que se exhiban películas del patio, porque hay un hecho innegable: a quien más le gusta le películas cubanas es al propio cubano.

-De cierta manera fue el largometraje escogido para tu homenaje. ¿Qué recuerdos guardas de él?
-Mira, de esa película tengo recuerdos muy lindos. De cierta manera se rodó en 1971 y no salió hasta 1974, porque se filmó en 16 mm y después hubo problemas para la conversión a 35 mm. Para más desdicha, Sara Gómez, su directora, lamentablemente murió en ese proceso de postproducción y Titón fue quien la terminó. Sin embargo, me parece que ya es un clásico del cine cubano. Por primera vez se incursionaba en los problemas de la realidad social cubana y se acercaba, por ejemplo, a las interioridades de la sociedad secreta Abakuá, muy presente en nuestra cultura. Yo que me crié en Holguín y nací en Guantánamo, pero aprendí a ser negro con Sara, porque en el proceso de preproducción ella nos llevó a un toque de tambor, a hablar con los santeros, a meternos en Miraflores, el barrio que la Revolución levantó para eliminar Las Yaguas. Conocer a este otro mundo, se lo debo a Sara.
"Cuando me llamó yo estaba haciendo Los mambises en la televisión. Ella se me acercó y me dijo: 'te voy a dar un papel para desmistificar a Nacho Verdecia, quiero que me hagas un marginal'. Claro, yo viví mucho tiempo en el Cerro, con cruzar la calle Ayestarán ya estaba en contacto con personajes como el Humberto de De cierta manera. Solo se trataba de observar el mundo que me rodeaba, interactuar con ellos para tener a la mano el personaje que iba a interpretar.
"Al mismo tiempo, están los resultados artísticos que evidencia De cierta manera. No sé si la has visto últimamente, pero me parecen notables. La he vuelto a ver tres o cuatro veces recientemente y la he disfrutado mucho. Me encanta el nivel de espontaneidad y de organicidad que muestra".

-Me decías que naciste en Guantánamo y que te criaste en Holguín, pero ¿cómo tuvo lugar ese proceso que te convirtió en una figura renombrada en La Habana?
-Bueno, mi primera incursión en el arte fue en la radio, a los 16 años, en CMKF de Holguín. Decía versos en su programa estelar. Terminé el bachillerato, pero ni soñar en aquel tiempo que una familia cubana te permitiera tan fácil que te convirtiera en actor o, mejor dicho, en artistas que era como le llamaban. Tenías que hacerte de una carrera, porque eso te aseguraba el futuro. Probaron con la Medicina mas no me interesaba; entonces, bueno, derecho. Y vine a La Habana a estudiarlo, pero estamos hablando de La Habana de 1956, con la universidad en plena efervescencia revolucionaria, y no me hice a un lado.
"Luego cerraron la universidad. Como había aprendido el oficio de tabaquero con mi papá, que tenía una pequeña fábrica en Holguín, pues me dediqué a eso. ¿Qué sucedió? Pues sabes que en las tabaquerías se usa el lector y, al poco tiempo, como existía el antecedente de que era locutor, estaba ocupando ese puesto. Ya no hice más tabaco, me convertí en lector. Fue por ese tiempo que se me presentó la posibilidad de trabajar en el programa de José Antonio Alonso. Se estaba preparando la huelga del 9 de abril, como las células de CMQ eran muy fuertes, el Movimiento 26 de Julio aprovechó mis dotes para recitar. Llegué en esas circunstancias como enlace. Sin embargo, al presentarme en el programa, gané de verdad, y ya me quedé ahí, le cogí el gusto. A finales de 1957 me dieron un carné para trabajar como profesional.
"Con el triunfo de la Revolución pude terminar cualquier carrera, convertirme en otra cosa, pero preferí seguir siendo actor. Mucha gente me criticó, pero no me importó. Me metí en el Teatro Nacional en 1959, y continué haciendo televisión, donde ya había empezado. En el grupo teatral Guernica, estudié las artes escénicas durante cinco años, en los que aprendí el método de stanislavski, expresión corporal, voz y dicción, Historia del Teatro, es decir, todo lo que se da académicamente en esta profesión, y así hasta el día de hoy".

-¿Cree que, como en el cine, en la televisión se han explotado todas tus posibilidades histriónicas?
-Sí, incluso hoy se estrena una telenovela llamada Oh, La Habana, donde se puede apreciar otra faceta de mi trabajo. En la televisión también interpreté hace mucho tiempo en Los mambises a un héroe inspirado en la familia Maceo, pero hice, además, al Sargento Arencibia de San Nicolás del Peladero, un personaje del vernáculo que no existía, porque los arquetipos eran la mulata, el negrito, el gallego, el chino, y en el teatro popular cubano nadie se quería meter en serio con el ejército ni con la policía. Está Tierra o sangre, un dramatizado muy exitoso escrito por mi compañero, hermano y amigo, tempranamente desaparecido, Abraham Rodríguez -por cierto, Oh La Habana es su novela póstuma-, es decir, que he asumido personajes muy diversos. Quizá haya podido repetirme, pero en casi 50 años de profesión no hacerlo es un prodigio.

-Entre todos los medios, ¿con cuál te quedarías?
-Con el cine, mi hermano, con el cine, porque aunque yo no establezco mucha diferencia entre lo que tengo que enfrentar como actor en la televisión y en el cine, este último me brinda la posibilidad de trabajar con mucho más detenimiento. Los planes de producción de la televisión son demasiado cargados porque tienes que hacer 20, 30 minutos diarios en pantalla, y a veces hasta nueves escenas con una cantidad de letras que le zumba el mango, y no es fácil.

-Cuando entrevisté a Aurora Basnuevo, le di la posibilidad de que me hablara de ti, de relación de ustedes de tantos años. Ahora hago lo mismo contigo. ¿Qué ha representado ella en tu vida y tu carrera?
-Aurora es el amor, yo la conocí cuando era una mujer preciosa, en el año 50 y pico, por ahí...

-¿Cuándo era?
-Lo sigue siendo (ríe): Aurora es el amor, eso que los poetas han tratado de definirlo, así como los músicos, la filosofía, la psicología... Yo, sencillamente, lo he vivido con ella que es mi amor y mi compañera en la vida y en el arte.

-¿Cuál ha sido la filosofía de vida de Mario Limonta?
-Yo soy un revolucionario cubano que participó en la lucha clandestina, que es militante del Partido. Un revolucionario a ultranza, y al mismo tiempo, un hombre sencillo y modesto. Nunca se me ha subido nada, para mí el toro sale todos los días. Cada vez que me paro frente a un micrófono o a una cámara lo hago con la convicción de que lo haré lo mejor posible. Hasta la piel la dejo, porque tengo un compromiso muy serio con mi país.

José Luis Estrada Betancourt

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Todo el mundo habla de…
JORNADA INAUGURAL


La jornada inaugural me pareció excelente por la elocuencia que hubo, y no por parte de los recursos, sino por la humildad y la entrega del pueblo al evento. He participado en muchos festivales, tanto de cine como de espectáculos de teatro, y nunca he visto la integridad de un pueblo como el de Gibara. Ver a los propios realizadores y el mismo Humberto Solás entre la multitud. (Pedro Rodríguez, productor de televisión).

Los gibareños estamos acostumbrados a la ingeniosa inauguración del festival. Considero que el impacto fue mayor comparado con años anteriores por la gran cantidad de personas que participaron en el desfile. Lo que más me gustó fue que Varela retornara al pueblo de Gibara para dar el concierto de apertura. (Leandro Bravo Pérez, patrón de la lancha de Gibara).

Estoy de visita en el festival, es la primera vez que vengo. Me impresionó el desfile por la inmensidad de personas que habían, y estaba tan eufórico todo el mundo que prácticamente no se podía ver a Humberto Solás. Me gustó muchísimo, y con el concierto de Carlos Varela más todavía. Sentí mucha emoción, el desfile, el baile, el himno de Gibara y las palabras de Humberto en el inicio del festival. ¡Fascinante! (Enyi, estomatóloga de Santa Clara).

La gala inicial me pareció sencilla y correcta, porque en España estamos acostumbrados a grandes celebraciones, pero estuvo bien bonita. Los fuegos artificiales eran preciosos. Ya llevaban todo el día diciéndome mis amistades que no me perdiera la inauguración, y es que eso se nota: el calor de la gente (Zoily Nogueras, ciudadana española).

La inauguración ha sido una maravilla, como todos los años. Aunque me hubiera gustado que el último día se hubieran expuesto las obras de arte, para que las personas no las hubiesen visto durante el transcurso de toda la semana (Sergio Sandua, ciudadano español).

Hemos oído como mucha gente se pronuncia contra el Cine Pobre y Solás se las ingenia para mantener toda esa hazaña que es el Festival del Cine Pobre. Todos los años esperamos el comienzo del festival junto a la presencia de grandes cantautores de la trova. Varela es el trovador de mi generación. (Raúl Pérez, actor de teatro de la provincia de las Tunas).

Muchos son los estudiantes que viajamos desde todas las provincias para disfrutar del séptimo arte. Somos un montón de peregrinos que venimos de la ciudad de Holguín para ver la apertura del Festival y el concierto de Carlos Varela. Nuestra opinión es que el desfile fue un gran espectáculo, pues no podíamos creer que figuras importantes del cine estaban justo delante de nosotros. Es la primera vez que visitamos la Villa, pero con toda esta euforia, confiamos en volver el próximo año (Estudiantes de la Universidad de Holguín).

Reconozco que la gente estaba inquieta y feliz como siempre. Sin duda, este cine es para la gente humilde, y no por eso deja de ser especial, al contrario, nos repleta de entusiasmo. Esta es una fiesta inolvidable. Y lo demostraron así los aplausos a Mario Limonta y de Humberto Solas en el Cine Jibá, los fuegos artificiales, la exposición de pinturas, y demás. Es la tercera vez que participo como espectador, pero convencido estoy que volveré el próximo año, por supuesto que no me perderé la próxima celebración del Cine Pobre (Alejandro Rodríguez, estudiante de Medicina).

María Del Carmen, Keila, Manuel Alejandro Y José Roberto
Estudiantes de periodismo

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Sergio Benvenuto - Director General
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