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EL INCÓMODO, PROVOCATIVO, AUTÉNTICO
REFLEJO
De cualquier cosa puede pecar el Festival Internacional de
Cine Pobre, menos de presentar filmes documentales elegidos
al azar, para cumplir compromisos, llenar puerilmente espacios
en pantalla y entretener a los ociosos. En la Sala de video
del Jibá se está repitiendo un fenómeno
que recorre en la actualidad los mayores y los menores eventos
audiovisuales que en el mundo son: la preponderancia, seducción,
carácter arriesgado y artístico del documental
realizado ahora mismo. En un programa consagrado a la competencia
documental y de videoarte, al cual le sienta a la perfección
el adjetivo de óptimo, pude apreciar de corrido cuatro
obras de méritos desiguales pero considerables, todas
ellas dedicadas a la contemporaneidad cubana como tema, afrontado
desde la inconformidad, la franqueza y el deseo por acercarse
a los eventos de la cotidianidad sin cortapisas ni paños
tibios. Ayer tarde pude ver los documentales Rasgando
velos, de Lizette Vila y De generación,
de Aram Vidal; junto con dos filmes más cercanos al
video arte o a la experimentación; Existen,
de Esteban Insausti y Cuando yo soñaba un mundo
al revés, de Jorge Dalton.
Documental clásico de entrevistas, que se concentra
en la elocuencia de los primeros planos a los rostros de los
entrevistados, cuatro o cinco adultos varones enfrentados
a la incomprensión social y la intolerancia debido
a que son seropositivos del SIDA, Rasgando velos es
emotivo, sincero, y en general convincente, aunque a veces
no sepamos a ciencia cierta si se dedica con mayor asiduidad
a retratar cómo funciona la readecuación social
de enfermos, o si pretende mejor convencernos con argumentos
bien sólidos (que a veces redundan) sobre la capacidad
de sufrimiento de los varones, su fragilidad ante el padecimiento,
las lágrimas o la muerte.
De
generación recurre también a las entrevistas,
pero bien sucintas e inteligentemente hilvanadas, a un grupo
de jóvenes cubanos, de uno y otro sexos, a propósito
de sus reflexiones íntimas, medulares, emotivas, sobre
la Cuba de hoy mismo, sobre el futuro y, más que todo,
acerca de la posibilidad de sostener el sentido de lo revolucionario.
El realizador evidentemente consiguió moverse dentro
de márgenes de comunicación amplia y profunda
empatía con los entrevistados, logró por edición,
mediante los insertos, y la angulación (a través
de tomas picadas) "refrescar" el hondo y sensible
tema, sin banalizarlo. Méritos le sobran al documental
de Aram Vidal para situarse, como ha venido escalando, entre
los documentales más fuertes y convincentes de los
realizados en Cuba durante los últimos cinco años.
En la vinculación intertextual de múltiples
fragmentos, para enriquecer un discurso ya de por sí
bastante híbrido y heterogéneo, mucho avanzó
Esteban Insausti, con su premiado documental experimental
Existen, enigmático título que hace
alusión a la necesidad de reconocer el estatus y la
presencia humana de los orates, vinculado todo ello a esa
especie de obsesión que expresa el joven autor con
temas como la soledad y el desamor, recordar que a Esteban
le debemos el tercer y formidable cuento de Tres veces dos.
Homenaje al documentalista cubano Nicolasito Guillén
Landrián, todavía insuficientemente reconocido,
Existen destaca por sus intencionados grafismos,
el barroco y convincente trabajo en la banda sonora, y la
gracia y fluidez de este collage delirante, simpático
y enternecedor.
Por último, apareció Cuando yo soñaba
un mundo al revés, de Jorge Dalton, mezcla de
ingredientes cuya fusión puede resultar por momentos
desconcertante, pero que al final es siempre vigorosa e incitante,
pues apela a sensaciones, a la cultura e información
del espectador, manipula los iconos culturales más
entrañables y representativos de toda una época
(desde los años sesenta hasta los ochenta) en una estética
deudora al mismo tiempo del cine mudo, el video arte, el video
clip y las vanguardias pictóricas y teatrales de comienzos
del siglo XX. Dalton describe la erosión y el cansancio
de la utopías, y al mismo tiempo comparte, imprescindiblemente,
la ilusión de que en algún momento resuciten
y echen a andar, henchidas de nuevos aires.
Joel del Río
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ESPAÑA TRAS EL FIN DEL CELULOIDE Entre
las tantas certezas recogidas tras cinco años de Festival
Internacional del Cine Pobre, está el reconocer que
la propagación de un cine alternativo, en temas y recursos,
no es solo catarsis tercermundista, sino también suceso
común en los países del mundo más rico.
Lo confirmaría Mario Iglesias, director español,
al citar el aforismo de un cineasta filipino: "El celuloide
ha muerto. Por favor, no traigan flores".
La nación ibérica se ha llegado hasta Gibara
con varias propuestas en la mochila. De bares, largometraje
en competencia, avanza mediante cámara en mano, nerviosa,
con sonido directo y cortes abruptos, al estilo Dogma 95.
Busca abarcar el universo variopinto de lo humano: Un hombre
y una mujer intercambian miradas desde mesas separadas y se
dispara un vínculo de equívocos. Las paredes
de un bar cuentan las vidas de clientes que pasaron por allí
y dejaron sus retratos. Arriba a un antro con la intención
de comprar "caballo" (droga), alguien que luce el
menos indicado bajo esa estampa de tipo formal y hasta idiota:
Estas son algunas de las historias que cuenta el filme de
Mario Iglesias, todas de arranque sugestivo y finales inesperados,
sostenidas por un reparto eficiente, en lo general, con ciertas
sorpresas agradables para el cinéfilo, como la presencia
de Nacho Novo, el actor fetiche de Julio Médem (La
ardilla roja, Los amantes del Círculo Polar)
y Mirtha Ibarra, la musa cubana de Tomás Gutiérrez
Alea (Titón).
Alfonso Fulgencio fotografía con agudeza estética
la desesperación de un hombre sediento. Desde Agua,
en solo 9' minutos 20, se plantea alertar a las sociedades
pudientes en momentos cuando ya padecen las dramáticas
consecuencias de la falta del líquido indispensable
un gran por ciento de la humanidad menos privilegiada.
Li y Ludoterapia son otras dos breves cintas
españolas que compiten en ficción dentro del
Quinto Festival. La primera citada, de David Casas, carente
de diálogo, pero sin que apenas lo notemos, es un noble
y sencillo ejercicio estético sobre la infancia, donde
el sueño y la realidad de una niña se enfrentan
dislocando sus deseos de libertad.
Mientras, el segundo corto sorprende por el ingenio de su
realización, que subyuga desde la misma tira de créditos,
y de un tejido dramatúrgico que sabe habérselas
con un tema tan recurrido como las crisis de pareja, trayéndole
su cuota de aire fresco. Una historia partida en dos, dos
parejas que se desconocen una a la otra, sin saber que están
luchando contra el mismo demonio. Un juego pone a ambos duetos
frente a un espejo. Es la parte femenina quien lo descubre
y sigue la rima. El lado "fuerte" duda, no se deja
arrastrar, terminan enfrentados. Acaso un guiño a sus
compañeros de género que nos hace desde su cinta
el director León Siminiani .
Rafael Grillo |
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Entrevista a Mario Limonta
LIMONTA EL BOLA'O Hubiera
querido interpretar en algún momento de su vida el
Otelo íntegro de Shakespeare, pero ahora el destacado
actor Mario Limonta, a quien el quinto Festival Internacional
de Cine Pobre le rinde justo homenaje, junto a otros dos grandes:
Manuel Porto y Enrique Molina, se siente realizado cuando
se mete en la piel de uno de los suyos. "Mi brújula
como actor ha sido interpretar a un cubano de cualquier estamento
social, desde un intelectual hasta un marginal. Si la gente
cree en el personaje que le ofrezco me doy por aplaudido.
Siempre lo darlo todo porque sea creíble y auténtico;
algo que he tratado de hacer durante casi media década
de labor en la radio, en el cine, en la televisión,
en el teatro, en el cabaret. Solo no lo he podido hacer en
el circo, porque desgraciadamente no soy ni equilibrista ni
trapecista (sonríe)".
A Limonta, el Sargento Arencibia o Sandalio el Bola'o -da
lo mismo, la gente lo identifica lo mismo por su nombre que
por sus personajes que lo han convertido en personaje célebre-,
lo podremos ver próximamente en la pantalla grande
demostrando su gran versatilidad y capacidad para convencer.
Se trata de Los dioses rotos, de Ernesto Daranas,
"una película que está en proceso de postproducción,
donde me convierto en Serrano, un santero, hijo de Ogún.
El guión es muy interesante. Es algo así como
la historia de Yarini en pleno siglo XXI, se rodó,
incluso, en el barrio de San Isidro. Vamos a ver, pero espero
que me haya salido bien".
-En 1964 debutaste y asumiste tu primer protagónico
el cine en La decisión. Luego vinieron De cierta
manera, El brigadista, Retrato de Teresa,
Miel para Oshún, Mata que dios perdona,
Barrio Cuba... ¿Qué ha significado
este medio para Mario Limonta?
-Ha sido esencial en mi vida profesional. Mira, empecé
por la radio, después incursioné en el teatro
y la televisión, pero el cine tiene otras posibilidades.
Primero, puedes enfrentar tu labor con mucho más detenimiento,
y por tanto el puedes aspirar a la perfección; segundo,
el cine queda, y la imagen viaja por el mundo. Y eso es muy
importante para un actor.
"¿Qué ha pasado con el cine y Mario Limonta
en los últimos tiempos? Pues en el 2001, Humberto Solás
hizo su primera película en digital, que significó
un renacer en mi carrera. Miel para Oshún ganó
muchos premios internacionales, entre ellos uno que me otorgaron
en Viña del Mar como mejor actor de reparto. Después
repetí la experiencia con Solás en Barrio Cuba,
la cual tuvo idéntica repercusión internacional
y nacional, porque las salas se llenaron (nosotros no publicamos
las estadísticas, pero te aseguro que la asistencia
fue masiva, creo que Barrio Cuba debe haber sido vista por
más de medio millón de personas). ¿Qué
otra cosa puede ambicionar un actor?".
-Entonces, estás entre los abanderados del
cine digital...
-Muchas personas acostumbradas a hacer cine en celuloide veía
al cine digital como si fuera un bastardo, pero la verdad
es que en Cuba ha contribuido a la recuperación de
la cinematografía nacional. Este año, por ejemplo,
vamos a hacer siete películas y el pasado estrenamos
cinco. El cine es un negocio muy caro y, sin duda, el digital
baja los costos de producción lo que no significa que
con ello tenga que mermar la calidad artística. Y al
final, que es lo más importante, la gente agradece
que se exhiban películas del patio, porque hay un hecho
innegable: a quien más le gusta le películas
cubanas es al propio cubano.
-De cierta manera fue el largometraje escogido
para tu homenaje. ¿Qué recuerdos guardas de
él?
-Mira, de esa película tengo recuerdos muy lindos.
De cierta manera se rodó en 1971 y no salió
hasta 1974, porque se filmó en 16 mm y después
hubo problemas para la conversión a 35 mm. Para más
desdicha, Sara Gómez, su directora, lamentablemente
murió en ese proceso de postproducción y Titón
fue quien la terminó. Sin embargo, me parece que ya
es un clásico del cine cubano. Por primera vez se incursionaba
en los problemas de la realidad social cubana y se acercaba,
por ejemplo, a las interioridades de la sociedad secreta Abakuá,
muy presente en nuestra cultura. Yo que me crié en
Holguín y nací en Guantánamo, pero aprendí
a ser negro con Sara, porque en el proceso de preproducción
ella nos llevó a un toque de tambor, a hablar con los
santeros, a meternos en Miraflores, el barrio que la Revolución
levantó para eliminar Las Yaguas. Conocer a este otro
mundo, se lo debo a Sara.
"Cuando me llamó yo estaba haciendo Los mambises
en la televisión. Ella se me acercó y me
dijo: 'te voy a dar un papel para desmistificar a Nacho Verdecia,
quiero que me hagas un marginal'. Claro, yo viví mucho
tiempo en el Cerro, con cruzar la calle Ayestarán ya
estaba en contacto con personajes como el Humberto de De
cierta manera. Solo se trataba de observar el mundo que
me rodeaba, interactuar con ellos para tener a la mano el
personaje que iba a interpretar.
"Al mismo tiempo, están los resultados artísticos
que evidencia De cierta manera. No sé si la
has visto últimamente, pero me parecen notables. La
he vuelto a ver tres o cuatro veces recientemente y la he
disfrutado mucho. Me encanta el nivel de espontaneidad y de
organicidad que muestra".
-Me decías que naciste en Guantánamo
y que te criaste en Holguín, pero ¿cómo
tuvo lugar ese proceso que te convirtió en una figura
renombrada en La Habana?
-Bueno, mi primera incursión en el arte fue en la radio,
a los 16 años, en CMKF de Holguín. Decía
versos en su programa estelar. Terminé el bachillerato,
pero ni soñar en aquel tiempo que una familia cubana
te permitiera tan fácil que te convirtiera en actor
o, mejor dicho, en artistas que era como le llamaban. Tenías
que hacerte de una carrera, porque eso te aseguraba el futuro.
Probaron con la Medicina mas no me interesaba; entonces, bueno,
derecho. Y vine a La Habana a estudiarlo, pero estamos hablando
de La Habana de 1956, con la universidad en plena efervescencia
revolucionaria, y no me hice a un lado.
"Luego cerraron la universidad. Como había aprendido
el oficio de tabaquero con mi papá, que tenía
una pequeña fábrica en Holguín, pues
me dediqué a eso. ¿Qué sucedió?
Pues sabes que en las tabaquerías se usa el lector
y, al poco tiempo, como existía el antecedente de que
era locutor, estaba ocupando ese puesto. Ya no hice más
tabaco, me convertí en lector. Fue por ese tiempo que
se me presentó la posibilidad de trabajar en el programa
de José Antonio Alonso. Se estaba preparando la huelga
del 9 de abril, como las células de CMQ eran muy fuertes,
el Movimiento 26 de Julio aprovechó mis dotes para
recitar. Llegué en esas circunstancias como enlace.
Sin embargo, al presentarme en el programa, gané de
verdad, y ya me quedé ahí, le cogí el
gusto. A finales de 1957 me dieron un carné para trabajar
como profesional.
"Con el triunfo de la Revolución pude terminar
cualquier carrera, convertirme en otra cosa, pero preferí
seguir siendo actor. Mucha gente me criticó, pero no
me importó. Me metí en el Teatro Nacional en
1959, y continué haciendo televisión, donde
ya había empezado. En el grupo teatral Guernica, estudié
las artes escénicas durante cinco años, en los
que aprendí el método de stanislavski, expresión
corporal, voz y dicción, Historia del Teatro, es decir,
todo lo que se da académicamente en esta profesión,
y así hasta el día de hoy".
-¿Cree que, como en el cine, en la televisión
se han explotado todas tus posibilidades histriónicas?
-Sí, incluso hoy se estrena una telenovela llamada
Oh, La Habana, donde se puede apreciar otra faceta
de mi trabajo. En la televisión también interpreté
hace mucho tiempo en Los mambises a un héroe
inspirado en la familia Maceo, pero hice, además, al
Sargento Arencibia de San Nicolás del Peladero, un
personaje del vernáculo que no existía, porque
los arquetipos eran la mulata, el negrito, el gallego, el
chino, y en el teatro popular cubano nadie se quería
meter en serio con el ejército ni con la policía.
Está Tierra o sangre, un dramatizado muy exitoso
escrito por mi compañero, hermano y amigo, tempranamente
desaparecido, Abraham Rodríguez -por cierto, Oh La
Habana es su novela póstuma-, es decir, que he asumido
personajes muy diversos. Quizá haya podido repetirme,
pero en casi 50 años de profesión no hacerlo
es un prodigio.
-Entre todos los medios, ¿con cuál te
quedarías?
-Con el cine, mi hermano, con el cine, porque aunque yo no
establezco mucha diferencia entre lo que tengo que enfrentar
como actor en la televisión y en el cine, este último
me brinda la posibilidad de trabajar con mucho más
detenimiento. Los planes de producción de la televisión
son demasiado cargados porque tienes que hacer 20, 30 minutos
diarios en pantalla, y a veces hasta nueves escenas con una
cantidad de letras que le zumba el mango, y no es fácil.
-Cuando entrevisté a Aurora Basnuevo, le di
la posibilidad de que me hablara de ti, de relación
de ustedes de tantos años. Ahora hago lo mismo contigo.
¿Qué ha representado ella en tu vida y tu carrera?
-Aurora es el amor, yo la conocí cuando era una mujer
preciosa, en el año 50 y pico, por ahí...
-¿Cuándo era?
-Lo sigue siendo (ríe): Aurora es el amor, eso que
los poetas han tratado de definirlo, así como los músicos,
la filosofía, la psicología... Yo, sencillamente,
lo he vivido con ella que es mi amor y mi compañera
en la vida y en el arte.
-¿Cuál ha sido la filosofía de
vida de Mario Limonta?
-Yo soy un revolucionario cubano que participó en la
lucha clandestina, que es militante del Partido. Un revolucionario
a ultranza, y al mismo tiempo, un hombre sencillo y modesto.
Nunca se me ha subido nada, para mí el toro sale todos
los días. Cada vez que me paro frente a un micrófono
o a una cámara lo hago con la convicción de
que lo haré lo mejor posible. Hasta la piel la dejo,
porque tengo un compromiso muy serio con mi país.
José Luis Estrada Betancourt |
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Todo el mundo habla de…
JORNADA INAUGURAL
La jornada inaugural me pareció excelente por la elocuencia
que hubo, y no por parte de los recursos, sino por la humildad
y la entrega del pueblo al evento. He participado en muchos
festivales, tanto de cine como de espectáculos de teatro,
y nunca he visto la integridad de un pueblo como el de Gibara.
Ver a los propios realizadores y el mismo Humberto Solás
entre la multitud. (Pedro Rodríguez, productor
de televisión).
Los gibareños estamos acostumbrados a la ingeniosa
inauguración del festival. Considero que el impacto
fue mayor comparado con años anteriores por la gran
cantidad de personas que participaron en el desfile. Lo que
más me gustó fue que Varela retornara al pueblo
de Gibara para dar el concierto de apertura. (Leandro
Bravo Pérez, patrón de la lancha de Gibara).
Estoy de visita en el festival, es la primera vez que vengo.
Me impresionó el desfile por la inmensidad de personas
que habían, y estaba tan eufórico todo el mundo
que prácticamente no se podía ver a Humberto
Solás. Me gustó muchísimo, y con el concierto
de Carlos Varela más todavía. Sentí mucha
emoción, el desfile, el baile, el himno de Gibara y
las palabras de Humberto en el inicio del festival. ¡Fascinante!
(Enyi, estomatóloga de Santa Clara).
La gala inicial me pareció sencilla y correcta, porque
en España estamos acostumbrados a grandes celebraciones,
pero estuvo bien bonita. Los fuegos artificiales eran preciosos.
Ya llevaban todo el día diciéndome mis amistades
que no me perdiera la inauguración, y es que eso se
nota: el calor de la gente (Zoily Nogueras, ciudadana
española).
La inauguración ha sido una maravilla, como todos
los años. Aunque me hubiera gustado que el último
día se hubieran expuesto las obras de arte, para que
las personas no las hubiesen visto durante el transcurso de
toda la semana (Sergio Sandua, ciudadano español).
Hemos oído como mucha gente se pronuncia contra el
Cine Pobre y Solás se las ingenia para mantener toda
esa hazaña que es el Festival del Cine Pobre. Todos
los años esperamos el comienzo del festival junto a
la presencia de grandes cantautores de la trova. Varela es
el trovador de mi generación. (Raúl Pérez,
actor de teatro de la provincia de las Tunas).
Muchos son los estudiantes que viajamos desde todas las provincias
para disfrutar del séptimo arte. Somos un montón
de peregrinos que venimos de la ciudad de Holguín para
ver la apertura del Festival y el concierto de Carlos Varela.
Nuestra opinión es que el desfile fue un gran espectáculo,
pues no podíamos creer que figuras importantes del
cine estaban justo delante de nosotros. Es la primera vez
que visitamos la Villa, pero con toda esta euforia, confiamos
en volver el próximo año (Estudiantes de
la Universidad de Holguín).
Reconozco que la gente estaba inquieta y feliz como siempre.
Sin duda, este cine es para la gente humilde, y no por eso
deja de ser especial, al contrario, nos repleta de entusiasmo.
Esta es una fiesta inolvidable. Y lo demostraron así
los aplausos a Mario Limonta y de Humberto Solas en el Cine
Jibá, los fuegos artificiales, la exposición
de pinturas, y demás. Es la tercera vez que participo
como espectador, pero convencido estoy que volveré
el próximo año, por supuesto que no me perderé
la próxima celebración del Cine Pobre (Alejandro
Rodríguez, estudiante de Medicina).
María Del Carmen, Keila, Manuel Alejandro Y
José Roberto
Estudiantes de periodismo
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ATRÁS |
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