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ATRÁS |
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Gibara,
Cine Pobre y la conjura de los elementos
Por Rafael
Grillo,
Tomado de la Revista Digital Esquife
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El Festival Internacional del Cine Pobre, cuya
edición de 2004 tuvo lugar del 23 al 27
de Junio en su sede original de Gibara, una hermosa
región de la costa norte de Cuba, fue una
experiencia excepcional para todos los que en
ella participamos.
Y pecaríamos de reduccionistas si nos
extendiéramos solamente en dar cuenta de
aquellos rasgos que dotan al evento, conducido
por el cineasta cubano Humberto Solás,
de un valor transformador para enfrentar el estancamiento
del cine de la actualidad. Porque, además
de impactarnos con su intención de promover
un cine de bajos recursos más rico en alcance
estético y diversidad, asistimos, sobre
todo, a una cruzada por las utopías posibles
del intercambio profesional con ribetes humanos,
de la fraternidad entre las culturas, y del arte
como recurso, todavía. |
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| DÍA 22: EL DÍA
DEL AGUA |
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Antes de partir, hubimos de esperar
tres horas desde la señalada. No sé
si por culpa de esa lasitud que ya es rasgo inmovible
de la identidad criolla, tan desesperante para ciertos
temperamentos ingleses como el mío. O tal
vez estaba previsto así por los organizadores
del Festival y la hora temprana de citación
era solo una estratagema para agitar a los perezosos.
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Lo cierto es que salimos cuando
se acercaba peligrosamente el tenaz mediodía.
Dos guaguas confortables, con aire acondicionado,
debían aligerarnos el largo recorrido hacia
el Oriente. El chofer de la que elegí dio
un sinfín de recomendaciones para que le
cuidáramos "su ómnibus".
Mas las dificultades que pronto empezamos a afrontar
no llegarían por causa de los ocupantes.
"Desperfectos en el radiador", anunció
el piloto, y el viaje por carretera se tornó
gangoso, infinito, por las tantas paradas que
haríamos para saciar la sed del motor.
Bien enterados de la sequía terrible que
padece Holguín, la peripecia podía
parecernos un anuncio agorero. Por suerte, el
líquido no faltó también
a los humanos porque se nos había pertrechado
con suficientes botellas de agua y refresco. Cayendo
la tarde, y a la altura de Camagüey, un amago
de aguacero nos pasó por encima y siguió
de largo. ¿Seremos los mensajeros del agua?
En aquel momento, la esperanza de ser portadores
de la bienaventuranza nos alivió el desamparo
del trayecto interminable.
Finalmente, tras trece horas de viaje (tres más
de las necesarias), avanzada ya la madrugada,
llegamos a nuestro destino en el Hotel Pernik,
de la capital provincial. Engullimos fría
la cena que nos habían guardado, y con
ella alcanzamos fuerzas para el registro en carpeta
y subir a las habitaciones donde desharíamos
el estropicio. |
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| DÍA 23: FUEGO
SOBRE GIBARA |
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Ardía yo, a la mañana
siguiente, por los deseos de volver a Gibara. Siete
años habían transcurrido desde que
visité, por primera y única vez, ese
pueblito de la costa norte, hermoso sobremanera,
por su entorno: la bahía, las playas, la
vegetación, y por la calidez de su gente,
con su prístina inocencia y su sabiduría
antigua. Era aquel el teatro de mis sueños,
y allí estaría de vuelta. De nuevo
a bordo de un ómnibus, recuperé el
paisaje de mis recuerdos. Un tanto
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lastimado ahora: la hierba escasa
y amarilla, las reses pastando en cuartones de
hambre, el sol hiriendo y sin dejarse abrir para
una tromba que remojara la lengua cuarteada de
la tierra.
Ya en la Villa Blanca de los Cangrejos, como la
hacen llamar sus habitantes, comprobé lo
que sabía de oídas sobre la significación
del Festival de Cine Pobre para los pobladores.
Descubierta su faz al mundo cuando Humberto Solás
filmó allá, en 1968, uno de los
cuentos de Lucía ; rescatada por el mismo
director con Miel para Oshún (2001); definitivamente
abierta para los zapatos de pies universales tras
la primera edición del Festival de Cine
Pobre, en 2003; Gibara suma a su generosidad habitual
un agradecimiento, rayano en la desmesura, a Solás
y a la tropa excéntrica, de gente de cine,
que lo acompaña en su misión. Ella
misma, convertida en cinéfila de primer
orden, se entrega toda, venerando al cineasta
devenido en benefactor de la comunidad (que el
cine Jiba posea un proyector de los más
avanzados en Cuba es uno de los muchos gestos
que lo demuestran).
Paramos en la Casa de la Cultura, sede principal
de este evento, porque acogería las conferencias
y seminarios, plato fuerte en esta ocasión
que hacía énfasis en la búsqueda
de propuestas concretas para diseminar el tipo
de cine alternativo, de bajos recursos, artísticamente
rico, que Solás defiende bajo el nombre
paradójico de Cine Pobre.
Se nos dan todas las horas de luz para compenetrarnos
con el lugar y sus costumbres, hasta las 9 p.m.
en que se realizará la inauguración
oficial. La garganta seca nos conmina a algunos
a probar la cerveza dispensada. En la puerta del
establecimiento, como para demostrar, definitivamente,
que durante estas jornadas el Festival y Gibara
son uno solo, han colocado un cartel promocional
del encuentro.
Cuando el sol se retiró a dormir sobre
el horizonte salado de la Villa llegó el
jolgorio. Hierven las calles con el paso rítmico
de los lugareños, el pueblo entero corre
a desbordar su sala de cine. Allí Solás
dará la bienvenida al evento y a sus invitados
(entre ellos actores muy admirados como Coralia
Veloz o Jorge Perugorría, que los gibareños
disfrutarán la oportunidad de tener delante
de sí). Luego se exhibe Tres veces dos,
película cuyos presupuestos de realización
coinciden con lo que alienta el Festival, debida
al talento de tres jóvenes cineastas (uno
de los cuales, Lester Hamlet, hace allí
su presencia, voluminosa y simpática).
Detrás, Carlos Varela, otro convidado de
lujo, pulsará los acordes de su guitarra
junto al parque del Faro, asistido en los coros
por los eufóricos jóvenes de la
Villa: "No tengo a Supermán, tengo
a Elpidio Valdés".
Creímos que hasta ahí llegarían
las sorpresas cuando, de súbito, todo el
cielo de Gibara se enciende, se desparrama en
mil estrellas. Mas esos fuegos de artificio, donde
nos explotan de verdad es por dentro: nos queman
el alma, nos cuecen en la dulce sazón,
con aroma a mariscos, del placer y la alegría. |
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| DÍA 24: LUCÍA
Y EL VIENTO |
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No dejarse llevar por los ciclones
con nombres promisorios de Hollywood: éxito,
fama, fortuna, "desactivar la tristeza y la
indefensión" valiéndose de esa
misma tecnología de punta que pudo hundirnos
quizás. Con pocos recursos y una cámara
digital aspirar a decir lo nuestro para salvar a
las culturas del Sur de los vientos del |
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olvido. Propugnar una "nostalgia
activa" de esos tiempos gloriosos del cine
cubano en los 60. Crear una red mundial de cooperación
entre todos aquellos que apuestan por la diferencia
y el renacimiento del arte en tiempos de banalización
y uniformidad.
"Cine pobre no está inventando nada,
queremos recoger el legado de los que antes se
esforzaron como nosotros en tiempos difíciles.
El Festival solo aspira a ser vehículo
de comunicación", son estas las proclamas
de Humberto Solás en la mesa que abre el
día.
Jorge Perugorría, "Pichy", habla
de su experiencia junto a Arturo Soto (Pon tu
pensamiento en mí) en la realización
del documental Habana Abierta. A su lado está
Kelvis Ochoa, uno de los músicos de ese
proyecto trascendente que ha agrupado a una generación
de talentos cubanos dispersos más allá
de las fronteras del archipiélago. "Hay
que cargarse a la industria; aprovechar a Internet,
convertirte en la propia disquera y la propia
distribuidora", dice el cantante asumiendo
en la música una situación análoga
a la del cine actual.
Lester Hamlet introduce una bella idea: "proyectos
de alma", al hablar de su película,
donde el Instituto Cubano del Arte e Industria
Cinematográficos (ICAIC) apoyó en
el financiamiento, pero una parte importante de
los gastos salió de los bolsillos de los
propios miembros del equipo de realización.
Amalgamar las distintas manifestaciones artísticas,
recuperar el aliento de los primeros años
del ICAIC en que el cine funcionó como
un gran gestor cultural. Se insuflaba aire a la
esperanza, revoloteaban anhelos en las ramas,
más también se estaban desplegando
en la tierra las raíces nutricias de un
movimiento.
A la tarde se daría un recorrido por distintos
CDR (Comités de Defensa de la Revolución)
de la comunidad. Tal vez "insólito",
pero no hay un adjetivo justo que alcance para
explicar lo que sentimos en esa vasta marcha de
casi cuatro horas. En todos lados nos recibían
con mesas servidas (las jaibitas rellenas, plato
típico, bastarían para seducirnos),
arranques de humor, coreografías infantiles,
guitarras, y el orgulloso himno de Gibara. Nada
de aquello fue formalismo, ni impostura: de alguna
manera, para mí misteriosa, la cálida
corriente de aquella gente nos atravesaba las
vestiduras y no podía escapársenos
ya.
Y entonces, el milagro mayor, la niña
convertida en mujer madura, el rostro que el tiempo
y la brisa salitrosa transformó sin deformar
la memoria: Delante de una de las moradas humildes
está la misma chica que posó, más
de treinta años atrás, para una
de las historias de Lucía. Humberto la
abraza, accionamos las cámaras, todos queremos
retratarnos junto a ella y acepta condescendiente:
con la misma arraigada paciencia con que nunca
dejaría que el viento se la llevara de
Gibara.
DÍA 25: TIERRA Y SANGRE
"Vocación de mártir",
"voluntad perversa", define líricamente
el colombiano Ihosvani Quintero la obstinación
sin límites de ese cineasta en germen,
que quiere brotar por todas partes, en medio de
la aridez contemporánea, para expresar
su savia interior o contar los anillos verdaderos
de la realidad que le circunda.
"Cuando vine al Festival, me di cuenta que
Cine Pobre es lo que hacíamos en Irán",
asegura Mahmoud Reza Sani, quien ganó el
concurso de documentales en la I edición,
y con el premio en metálico pudo quedarse
en la isla para filmar Che, el dulce sueño
de la caña, que presentaría en esta
ocasión. Carlos Barba, un jovencito de
Santiago de Cuba, hizo "cine pobrísimo"
(con un equipo de solo dos personas: el fotógrafo
y él) en Ecos para un final, mención
del año pasado, y el Festival le facilitó
los recursos para concluir su segunda obra: Memorias
de Lucía, que veríamos por esos
días.
"Cuba puede llegar a ser un paradigma para
América Latina de las producciones elaboradas
desde los presupuestos del cine pobre", afirmó
Humberto Solás, otorgándole tierra
de asiento y promisión a un proyecto añorado
por muchos.
En la tarde, Yves Billon, representante de Francia,
justificaría por qué se le concedió
a la opulenta nación europea el título
de invitado de honor: "Hay un Tercer Mundo
dentro del Primer Mundo. El dinero del Occidente
rico no es para los pobres artistas" . En
nombre de Films du Village, narró la evolución
de esa empresa independiente, empeñada
en hacer y distribuir un cine que refleje las
angustias del Sur del planeta, desangrado por
guerras y penurias que son herencia de su pasado
colonial. Con los pobres de toda la tierra debe
alinearse el cine, fue como traduje su reclamo.
Si el via crucis del cineasta de hoy inició
la jornada, también, casualmente, la culminó,
amparado en la metáfora del calvario de
Jesús de Nazareth. A la noche pudo contemplarse
El evangelio según San Mateo del italiano
Pier Paolo Passolini, también mártir
--y hereje-- del cine. |
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| DÍA 26: SOL DEL
MUNDO MORAL |
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Brillar por su calidad, por su imaginación
y solidez estética en contrapunto a la frivolidad
imperante, a la repetición de fórmulas
comerciales, así tiene que ser la obra cinematográfica
que hoy se defienda, según demandó
en su conferencia el presidente del ICAIC, Omar
González. Y sin olvidar que la innovación
tecnológica no garantiza la posteridad, si
no --otra vez, y desde siempre-- el hombre que la
conduce, su ligazón a lo social y lo ético.
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| Omar González se refirió
a las tres catástrofes que ensombrecieron
la producción cinematográfica de
la isla: el derrumbe del campo socialista europeo,
el endurecimiento del bloqueo norteamericano y
el recambio tecnológico para el cual no
se estaba preparado. Una verdadera "alfabetización
digital" ha tenido que producirse dentro
del ICAIC para afrontar este momento actual, y
una aceptación institucional de la pujanza
de una nueva generación de realizadores,
que se concreta en proyectos como Tres veces dos
y otros en camino.
Gente de pueblo, el más reciente filme
de Humberto Solás, todavía pendiente
de la postproducción, es un buen ejemplo
de este "cine pobre". Varios de los
actores que participaron en la película,
su director y Rafael Solís, el responsable
de la fotografía, adelantaron detalles
de una producción que se exhibirá
en el marco del II Festival Internacional, convocado
para abril del año próximo. Humberto
quisiera --es su aspiración-- que al menos
tres películas cubanas, hechas bajo los
presupuestos del movimiento, se estrenaran cada
año en el evento; y, además, que
el cine nuestro se convierta en un fenómeno
territorial, que de cada región del país
salgan sus propias películas, reflejando
sus realidades particulares.
Si el sol rotundo de Gibara no cesaba de mostrarnos
su cara de muerte: el calor que solivianta, el
rayo de plomo hirviente que enferma a personas,
plantas y animales; tampoco se olvidó de
compensarnos con su faz risueña: ampliaba
la luz para descubrir los caminos futuros, prendía
la chispa de la inteligencia, nos iluminaba en
el espíritu la zona de las bondades.
DÍA 27: ALREDEDOR DE...
Lunáticos, tal vez, pretendió llamar
a los críticos de cine Joel del Río
--precisamente uno de ellos, que quiso desmarcarse
del resto--, si no se unieran a esta nueva cruzada
"romántica". Como los tuvo, acompañándole,
la Nouvelle Vague, el Neorrealismo o el Nuevo
Cine Latinoamericano, así los precisa el
Cine Pobre. Sin condescendencias simplonas a la
hora de juzgar sus productos, pero atentos y cercanos,
dejando a un lado elitismos y encandilamientos
solo para lo que ponderan los grandes festivales
y las revistas del main stream.
Me llegó el turno de apoyar a mi colega
ciento y uno por ciento. Y abundé con mis
vivencias durante la filmación de Gente
de Pueblo, en la que participé con el propósito
de dedicarle un reportaje.
Subrayé el aspecto que más me había
impresionado de ese rodaje: el espíritu
de camaradería dentro del equipo, el compromiso
de todos con el resultado por encima de egos e
intereses de lucro. El artista contemporáneo
padece de una acentuada neurosis por complacer
públicos y mercados, y por los dividendos
comerciales del producto, sin reparar en el goce
implícito a la creación misma. La
nueva cinta de Humberto puede llegar a convertirse
en el paradigma opuesto, donde el placer de la
gestación pese más que --o tanto
como-- la aceptación final del resultado.
Pero, de cualquier manera, predecir un destino
favorable para la película es también
un espaldarazo importante para este Cine Pobre.
Otros buenos augurios arribaron a los debates
con la presentación de algunas soluciones
concretas. Isabel Viera, de la UNESCO, menciona
la convocatoria de Plataforma Audiovisual, un
espacio en Internet, abierto por la prestigiosa
institución internacional, para alojar
creaciones y proyectos que pudieran atraer a productoras
y distribuidoras de cine.
Ana Domb, de Costa Rica, describe el panorama
azaroso del séptimo arte en la región
centroamericana: sin subsidios estatales, industria
o laboratorios, ni disposiciones legales o cuotas
de pantalla; pero un grupo de creadores, varios
de ellos graduados de la Escuela de Cine y TV
de San Antonio de los Baños (en Cuba),
han generado un impulso en los últimos
cuatro años que se ha traducido en la realización
de catorce largometrajes; algunos de los cuales
lograron incluso a amortizarse en los mercados
locales. La muchacha menciona además a
CINERGIA, organización a la cual representa,
que es gestora de un Fondo de Fomento al Audiovisual
en Centroamérica y Cuba para empujar a
nuevas realizaciones por la vía de concurso,
talleres de guión y becas formativas. Otra
propuesta que trae es CINECA, red en formación
para atraer el intercambio entre creadores del
audiovisual en el área.
Hasta se escuchó la voz de los pueblos
indígenas del subcontinente, en una alianza
interesante con el video que explicó el
boliviano Abel Ticona. Para recoger mitos y tradiciones,
preservar su historia para las nuevas generaciones,
mostrar su vida al mundo contada por ellos mismos,
quechuas y aymarás han dejado entrar la
tecnología digital a sus comunidades, convirtiéndose
ellos mismos en los actores y realizadores. Desde
1996, surgió un grupo de comunicación
que los representa, donde el audiovisual es entendido
como un medio de reconocimiento mutuo entre los
pueblos, de autodesarrollo, y un eficaz instrumento
de lucha contra los que pretenden desconocer el
derecho a la supervivencia de esas culturas autóctonas.
Bajo una luna plena, de las que abren raras puertas
de la mente y arrancan aullidos, aclarando con
su tinta de leche el cielo nocturno de Gibara,
tuvo lugar la despedida al evento. Se leyó
una declaración final donde los presentes
se comprometieron bajo firma a contribuir con
la fundación de una red de intercambio,
y se anunció oficialmente la convocatoria
para la edición de abril del 2005.
Detrás regresó la fiesta: se paseó
a ritmo de conga por las calles del pueblo y el
parque fue escenario de otro concierto en el que
Francis (vocal de Interactivo) se unió
a músicos de la provincia holguinera.
De regreso al hotel, los que no aceptábamos
que la noche concluyera nos quedamos junto a la
piscina compartiendo bajo el amparo del ron cubano
y las historias personales de cada cual, que nos
trasladaban hacia todos los puntos del planeta.
Aunque a la mañana siguiente sería
la partida, no flotaba en el aire el olor acre
de las despedidas si no el perfume de los encuentros
definitivos.
A pesar de la trasnochada, confiaba en mi reloj
biológico, que ni un solo día había
fallado en desatascarme del sueño a las
siete en punto de la mañana. Pero por esta
vez me engañó. Y cuando bajé
al lobby la guagua había arrancado veinte
minutos antes, llevándose consigo a casi
todos. Me descorazoné, sobre todo porque
había dejado para el último momento
recoger las señas de los nuevos amigos.
Tras saber que la fortuna deparaba la salida
de un ómnibus, rumbo a La Habana, después
del mediodía, me acomodé en un sofá
del vestíbulo a meditar sobre la extraña
traición de mi siempre ajustado organismo.
No tuve que pensar mucho: era Gibara y la provincia
de Holguín toda, esta tierra que se ataba
alrededor de algún sitio recóndito
de mí, tal vez con dos caras, como la luna.
Ya sobre la guagua --antes no me atreví
por superstición-- me colgué unos
collares de semillas y caracoles, con los que
un avispado vendedor ambulante de la Villa había
"hecho el pan", como se dice en buen
cubano, con los invitados. Fue mi último
homenaje, antes de decirle un adiós a Gibara
y el Festival, emocionado y a medias, confiado
en regresar el próximo año. |
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